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GABRIEL GARCÍA-MÁRQUEZ SENTIDO COMÚN |
10 Ago 2026
Hay momentos en que la realidad parece empeñarse en poner a prueba a los gobiernos desde el primer minuto. Eso es precisamente lo que está ocurriendo en Colombia, donde la tierra comenzó a temblar apenas tres días después de que Abelardo de la Espriella, tildado de derechista, asumiera la Presidencia de la República.
El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió este lunes 10 de agosto el centro y occidente de Colombia dejó una estela de destrucción, edificios colapsados, personas atrapadas y, hasta el último reporte disponible, 111 muertos y 87 heridos. El epicentro fue localizado en las inmediaciones de San José del Palmar, en el departamento de Chocó.
Por cierto, el dato adquiere mayor dimensión cuando se observa el tamaño de las ciudades alcanzadas por el movimiento telúrico. No estamos hablando solamente de pequeñas comunidades rurales, sino de importantes centros urbanos donde viven millones de colombianos.
CIUDADES ENTERAS SACUDIDAS
Entre las ciudades más afectadas se encuentra Pereira, capital del departamento de Risaralda, que tiene una población estimada de 487 mil 820 habitantes para 2026. Fue una de las zonas con mayor número de víctimas y daños, con edificios afectados y personas atrapadas entre los escombros.
Muy cerca se encuentra Dosquebradas, municipio que forma parte del área metropolitana de Pereira y que cuenta con aproximadamente 246 mil 388 habitantes. La zona de Pereira y Dosquebradas concentró una parte considerable de las víctimas mortales y de las labores de búsqueda y rescate.
Otra de las grandes ciudades golpeadas fue Cali, capital del Valle del Cauca, con una población estimada de 2 millones 269 mil 983 habitantes. El terremoto provocó daños en edificaciones y obligó a desplegar equipos de emergencia para revisar estructuras y atender a los afectados.
También resultó afectada Manizales, capital de Caldas, donde viven aproximadamente 475 mil 690 personas. La ciudad registró daños estructurales y víctimas mortales.
En el departamento de Quindío, Armenia, con alrededor de 307 mil 103 habitantes, también resintió el movimiento telúrico.
Mientras tanto, en el departamento de Chocó, Quibdó, su capital, cuenta con unos 143 mil 332 habitantes, mientras que San José del Palmar, donde se localizó el epicentro, tiene apenas 5 mil 136 habitantes. Es decir, el terremoto nació en una comunidad relativamente pequeña, pero sus efectos se extendieron hacia algunas de las ciudades más pobladas del occidente colombiano.
Y todavía hay más. Buenaventura, importante ciudad portuaria del Pacífico colombiano, tiene una población estimada de 335 mil 217 habitantes y también figura entre las zonas afectadas por el movimiento telúrico.
La magnitud del fenómeno puede entenderse mejor de esta manera: solamente Cali, Pereira, Manizales, Armenia, Buenaventura, Quibdó y Dosquebradas concentran más de cuatro millones de habitantes., lo que no es poca cosa.
DE LA ESPRIELLA ANTE EL PRIMER GRAN RETO
Para Abelardo de la Espriella, recién llegado a la Casa de Nariño, el terremoto representa su primera gran prueba de gobierno. Apenas tuvo tiempo para acomodarse en la Presidencia cuando la naturaleza le cambió la agenda.
Toda vez que un nuevo mandatario suele disponer de los primeros meses para definir su gabinete, presentar sus prioridades y explicar al país cuál será el rumbo de su administración, el presidente colombiano tuvo que hacer algo muy diferente: poner en marcha una operación nacional de emergencia.
El Gobierno declaró el desastre nacional y estableció mecanismos especiales para coordinar la respuesta. Las autoridades trabajan en la búsqueda de sobrevivientes, atención de heridos, habilitación de albergues y evaluación de edificios e infraestructura dañada.
Yo pienso que aquí comenzará a medirse realmente la capacidad política y administrativa del nuevo presidente. Porque una cosa es gobernar desde el Palacio de Nariño y otra muy distinta hacerlo frente a una tragedia que obliga a tomar decisiones en cuestión de minutos, es decir, en tiempo real. En estas circunstancias no hay tiempo para discursos. Hay que actuar.
MÉXICO TIENDE LA MANO A COLOMBIA
Y mientras Colombia enfrenta esta emergencia, México no permaneció indiferente. La presidenta Claudia Sheinbaum expresó la solidaridad del Gobierno mexicano con el pueblo colombiano y ofreció todo el apoyo que Colombia requiera para enfrentar las consecuencias del terremoto. La posición mexicana ha sido de acompañamiento y disposición para colaborar en la emergencia. México, por cierto, conoce demasiado bien el significado de una tragedia provocada por los terremotos.
Nuestro país ha vivido en carne propia lo que significa buscar sobrevivientes entre los escombros, instalar albergues, movilizar médicos, rescatistas y maquinaria pesada, y enfrentar durante días la angustia de miles de familias. Por eso la solidaridad mexicana con Colombia tiene un significado especial. Toda vez que México cuenta con experiencia acumulada en materia de protección civil, búsqueda y rescate, la disposición expresada por la presidenta Sheinbaum adquiere particular relevancia.
Y no solamente México. La comunidad internacional comenzó a reaccionar. Estados Unidos, Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela, Panamá, España, Italia, Cuba y otros países también ofrecieron ayuda o expresaron su solidaridad con los colombianos.
Mientras tanto, en las calles de las ciudades afectadas, la prioridad sigue siendo encontrar sobrevivientes.
CUANDO LA NATURALEZA NO DISTINGUE IDEOLOGÍAS
Los terremotos tienen una característica que ningún político puede controlar: no preguntan por quién votó la gente. No distinguen entre ricos y pobres, entre izquierda y derecha, entre oficialistas y opositores.
Cuando la tierra se mueve, todos somos iguales. Por eso sería un grave error convertir esta tragedia en una nueva batalla política.
El presidente Abelardo De la Espriella tendrá que demostrar que puede coordinar al Gobierno nacional con gobernadores, alcaldes, fuerzas de seguridad, organismos de protección civil, médicos, rescatistas y ciudadanos. Pero también tendrá que evitar que la emergencia sea utilizada como instrumento de confrontación.
Primero está la vida. Después vendrán las responsabilidades. Y, posteriormente, será el momento de revisar si existen fallas en infraestructura, construcción, prevención o sistemas de respuesta que deban corregirse.
COLOMBIA EN SU MOMENTO MÁS DIFÍCIL
Colombia está viviendo horas difíciles. Una tragedia de esta magnitud no solamente deja edificios destruidos. Deja familias incompletas, comunidades enteras desconcertadas y una enorme tarea de reconstrucción.
El terremoto puso a temblar a Colombia, pero también puso a prueba al nuevo presidente. Y aquí aparece, una vez más, el sentido común. Los gobiernos no se conocen cuando inauguran obras ni cuando pronuncian discursos ante miles de personas. Se conocen cuando llega la emergencia. Cuando faltan manos. Cuando hay personas atrapadas. Cuando una madre busca desesperadamente a un hijo. Cuando una ciudad necesita que el Estado aparezca. Ahí se sabe de qué está hecho un gobierno.
Por cierto, Colombia no está sola, porque, así como México ya tendió la mano, también la comunidad internacional comienza a hacer lo propio. Ahora corresponde que el Gobierno colombiano convierta esa solidaridad en ayuda efectiva para quienes más la necesitan. Porque después de que la tierra deja de temblar comienza otro movimiento mucho más largo y doloroso: el de levantar una nación de entre los escombros.
Esta es opinión personal del columnista