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Israel: El viejo y el nuevo mundo y la geopolítica del conocimiento
Fernando Padilla Farfán
FERNANDO PADILLA FARFÁN

06 Ago 2026

Conferencia del Ing. Fernando Padilla Farfán
El auditorio permanecía en silencio cuando el ingeniero Fernando Padilla Farfán tomó el micrófono. No inició hablando de guerras ni de religión. Comenzó con una pregunta.
—¿Cómo es posible que un país del tamaño del estado de Hidalgo haya logrado influir en la ciencia, la tecnología, la seguridad, la agricultura, la medicina y las finanzas del planeta?
—La respuesta no es sencilla. Y precisamente por ello vale la pena analizarla sin prejuicios, sin teorías conspirativas y sin apasionamientos.
Israel ocupa apenas unos cuantos miles de kilómetros cuadrados. Posee escasos recursos naturales, una población relativamente pequeña y vive rodeado de una de las regiones más complejas del mundo.
Sin embargo, pocas naciones han desarrollado una capacidad semejante para transformar conocimiento en poder estratégico. No porque sean más numerosos. No porque tengan mayor territorio. Sino porque entendieron hace décadas que el recurso más valioso del siglo XXI no es el petróleo. Es el conocimiento.
Fernando explicó que durante siglos la riqueza mundial se construyó mediante tres pilares: la tierra; los recursos naturales; el poder militar.
Las grandes potencias dominaron océanos, colonias y rutas comerciales: España, Portugal, Francia, Inglaterra. Más tarde Estados Unidos. Era la época donde quien controlaba el territorio controlaba la riqueza. Pero el siglo XX cambió las reglas.
La Segunda Guerra Mundial demostró que el conocimiento científico podía modificar completamente el equilibrio mundial: El radar, La energía nuclear, La aviación, La electrónica, La computación. A partir de entonces comenzó el nacimiento del nuevo mundo.
Hoy las mayores fortunas del planeta ya no provienen exclusivamente del acero o del petróleo. Provienen de las ideas, del software, de la biotecnología, de la inteligencia artificial, de los semiconductores, de las patentes.
Y en ese escenario Israel encontró su verdadera fortaleza.
Fernando explica que Israel destina una proporción significativa de su inversión nacional a investigación y desarrollo (I+D), situándose entre los países que más invierten en este rubro respecto de su PIB. Esa apuesta ha favorecido la creación de universidades, centros de investigación y un ecosistema de innovación reconocido internacionalmente. No es casualidad. La educación ocupa un lugar central en su estrategia nacional.
Universidades como el Instituto Weizmann de Ciencias, el Technion y la Universidad Hebrea de Jerusalén han contribuido de manera importante al desarrollo científico y tecnológico del país.
Fernando continuó. Pocas naciones han realizado aportaciones tan relevantes en medicina considerando su tamaño. Israel ha destacado en áreas como: inmunología, genética, oncología, ingeniería biomédica, dispositivos médicos, telemedicina, inteligencia artificial aplicada al diagnóstico, e investigación farmacéutica.
Durante décadas sus hospitales y centros de investigación han colaborado con instituciones de Europa, América y Asia. La innovación médica israelí ha dado origen a numerosas empresas de tecnología sanitaria y dispositivos utilizados internacionalmente.
Agricultura donde no debería existir agricultura
El siguiente mapa mostró el desierto del Néguev. —Aquí prácticamente no debería producirse alimento. Y, sin embargo, lo hacen.
Israel desarrolló tecnologías como: riego por goteo, reutilización de aguas residuales, desalinización, agricultura de precisión, semillas adaptadas a climas extremos. Estas innovaciones han sido adoptadas por numerosos países.
Fernando explicó que Israel es conocido como la "Startup Nation" debido a la alta concentración de empresas tecnológicas e innovación por habitante. Grandes compañías internacionales mantienen centros de investigación y desarrollo en Israel. Entre ellas se encuentran empresas dedicadas al software, la ciberseguridad, los semiconductores, la inteligencia artificial y las telecomunicaciones. Muchas tecnologías utilizadas diariamente tuvieron participación de ingenieros formados en ese ecosistema.
El ingeniero abordó después un tema que suele generar controversia.
Durante décadas, empresarios, ejecutivos, productores, periodistas, inversionistas y profesionales de distintas procedencias —incluidas personas judías e israelíes— han participado de forma importante en industrias como el cine, la televisión, la música, la edición y otros medios de comunicación en diversos países occidentales. Sin embargo, señaló una distinción esencial: No existe evidencia que respalde la idea de que "Israel controla los medios occidentales" como un bloque coordinado.
Las industrias mediáticas están compuestas por miles de empresas, accionistas, directivos y profesionales con intereses diversos. Existen personas de origen judío con papeles relevantes, al igual que personas de múltiples nacionalidades y orígenes. Confundir la presencia destacada de individuos o empresas con un control uniforme constituye una simplificación que no refleja la complejidad del sector.
Otro tema suele prestarse a exageraciones. Israel posee un sector financiero sofisticado y una economía basada en innovación, capital de riesgo y exportación tecnológica. Fondos internacionales invierten con frecuencia en empresas israelíes, y el país mantiene estrechas relaciones económicas con Estados Unidos, Europa y otros mercados. Asimismo, existen empresarios, inversionistas y ejecutivos de origen judío con una presencia significativa en distintos centros financieros del mundo.
Pero nuevamente hizo una precisión: No puede afirmarse que exista un control israelí o judío de las finanzas mundiales. El sistema financiero global es mucho más amplio y está integrado por gobiernos, bancos centrales, instituciones multilaterales, fondos de inversión y empresas de múltiples países.
La siguiente pregunta apareció en la pantalla: ¿Por qué tantos gobiernos occidentales mantienen relaciones estrechas con Israel?
Fernando respondió señalando varios factores: cooperación en inteligencia y seguridad; desarrollo tecnológico; investigación científica; innovación militar; comercio; alianzas estratégicas; valores democráticos compartidos por muchos de sus socios; estabilidad de acuerdos bilaterales.
Estados Unidos ha sido históricamente el principal aliado de Israel. A ello se suman vínculos relevantes con varios países europeos y con otras democracias que mantienen cooperación en diferentes ámbitos. Las posiciones de los gobiernos, sin embargo, pueden variar según el contexto político y los acontecimientos internacionales.
Fernando sonrió. —Tal vez estamos haciendo la pregunta equivocada. No deberíamos preguntar por qué Israel es tan influyente. La pregunta correcta es: ¿Cómo logró convertir el conocimiento en su principal recurso estratégico? Israel entendió que la riqueza moderna ya no depende exclusivamente de lo que existe bajo la tierra. Depende de lo que existe dentro de la mente.
La conferencia entró en su parte final. Fernando explicó que el viejo mundo medía el poder por: territorio; ejércitos; minas; petróleo; población.
El nuevo mundo mide el poder por: universidades; investigación; innovación; inteligencia artificial; datos; patentes; tecnología; talento.
El siglo XXI no pertenece necesariamente al país más grande. Pertenece al que aprende más rápido.


Esta es opinión personal del columnista