8 de Junio de 2026 | 12:12
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En Segovia/España día cuatro
GILBERTO HAAZ DIEZ
ACERTIJOS

08 Jun 2026

Muy temprano partimos a Segovia, la muy noble y leal ciudad española, Patrimonio de la Humanidad, allí donde coronaron a Isabel la Católica, como reina de Castilla en la Plaza Mayor. Historia pura cuando comenzaron a construir el ferrocarril, como los americanos, y entonces se comenzó a conocer en toda España. Se levantaron en 1884 aposentos, posadas, hornos, casas de vino y comidas y comenzó el turismo a llegar. Allí donde a la llegada se ven las bimilenarias piedras de un acueducto que hicieron los romanos, cuando eran un Imperio y el sol siempre se veía en sus tierras. Bueno pues por 40 euros un camión turístico nos lleva a Segovia, se toma la Autovía A5 y se llega en una hora y una pequeña pestaña en el camino. Es día caluroso. La guía edecán nos amenaza que si no nos ponemos el cinturón de seguridad, si nos para un tránsito la multa es del pasajero. Sopas. Todos a ponerlo. Sin incidente, tienen los españoles unas autopistas

(Autovías les llaman ellos), de primera y la mayoría son gratis. Llegamos y nos guían. Lo primero es ver el impresionante Acueducto de Segovia, una de las obras de ingeniería civil romana más grandiosa y conservada del mundo. Construida en el Siglo II DC, con el fin de transportar agua desde la sierra de Guadarrama a la ciudad. Cuenta con 167 arcos y unos 20 mil bloques de granito, ensamblados con precisión, no se le ve la mezcla de Cementos Apasco. Las piedras encajan a la perfección y se mantienen en pie gracias al equilibrio de fuerzas, ingeniería romana que sobrevive.

 

EL MEJOR COCHINILLO

 

Al llegar uno ve el negocio. Está en la entrada de la ciudad donde te dejan los buses y te dicen que a las seis regresan por ti. Se llama el Mesón de Cándido, bicentenario, Medalla de oro al Mérito de Hostelería, pues allí este hombre que tiene las paredes de sus negocios con grandes figuras del mundo, a sus 90 años de la cuarta o quinta generación, Venden el cochinillo al horno, o el lechoncito, y el señor dueño hace el ritual del corte, primero reza una letanía, luego le comienza a dar con unos platos a partirlo y, al final, como si fuera boda judía, rompe el plato al piso y a comerlo, después de llevarse los aplausos de los comensales.

Termina la comida y a caminar a su Catedral para el desempanse. Es un pueblo lleno de gente adulta, de la tercera edad, propio para vivir la vejez, pero en la tarde comienzan a llegar las y los jovencitos y allí se combina vejez y juventud. Deben tener una calidad de vida buena, como la mayoría de los pueblos españoles aledaños, espío su periódico local y cada pueblo tiene el suyo, donde en el mundo hay crisis por los periódicos. No hay actos de muertes ni desaparecidas ni golpeadas ni mujeres asesinadas. Y uno, que viene de tierras violentas y no es que hable mal de mí México, pero eso nos tiene marcados en el mundo.

Compramos algunos suvenires, que hay de todo: llaveros, bolsas, gorras, barajas, dóminos, y lo que se pueda, hasta los rosarios que piden algunos amigos para sus mamacitas.

El bus llega igual, una hora después nos pone en la Plaza de España, donde tienen sus oficinas turísticas, tomamos un taxi con banderazo de 3.25 euros y a unas cuadras llegamos al hotel Liabeny, mediante cuota de 6 euros. El servicio de taxi es muy profesional, taxis en buen estado con aires acondicionados, todos, y choferes que, algunos le meten la pata, otros no.

Nos queda mañana ir temprano a Atocha, de donde partiremos en el AVE, el tren de Alta Velocidad a Barcelona, en un viaje de casi 3 horas y velocidad hasta de 250 kilómetros en algunos tramos.

Mañana les cuento.

 

Esta es opinión personal del columnista