15 Jun 2026
Escribo estas líneas víspera del regreso a casa. Un taxista nos lleva al Riu, el hotel donde ahora pernoctamos porque Liabeny estaba full. La jefa Marymar, que comanda este grupo con Luis Zepeda, reservó aquí en este gran hotel inteligente frente a la Plaza de España, muy lleno y visitado, porque tiene un mirador con vidrio donde se ven las alturas de Madrid, como la Atalaya del Emperador Diez en Orizaba, solo que aquí altísimo, hay un bar y se mete uno una chela o un tentempié y se disfruta la inmensidad de las alturas. Venimos los nietos: Chicharito, Majo, Maraya, Fer, Sophie y Fabrizio, nos queda algo por ver, iremos hoy al teatro madrileño y mañana viajamos a Toledo que en Atocha sale en los trenes de cercanías. La gran ciudad de las Tres Culturas, nos quedó pendiente por ver El Valle de los Caídos y El Escorial y el impresionante Museo del Prado. Otro viaje será, si Dios lo permite.
EL TAXISTA
El taxista hablaba pestes de la presidenta Sheinbaum, nos llevaba en tramo corto y habló de que nos pusiéramos truchas, porque así empezó Venezuela y mire cómo terminó, resultó que era venezolano y aquí se exilió como muchísimos de ellos y ahora se gana la vida conduciendo un taxi. Le va bien y vive en libertad, lo que no tenía en su pueblo con el insoportable dictador Maduro. Paso por la Gran Vía y en un rato voy a la señera tienda del Real Madrid, para las compritas finales, hay esencia futbolera en todo el mundo, hoy juega España y en unos días más México. Brasil sufrió con esos rivales, pero sacó al menos un punto. El Papa tuvo una gira impresionante, en el Vaticano se dieron cuenta que hay que sacarlo a la calle, cautivó a los españoles y él mismo se asombró del poder de un Papa y eso que no ha ido a México, allá es donde los papas sienten que en verdad son líderes de la iglesia católica, lo sintió Juan Pablo Segundo, al que quería todo el mundo, y Francisco, el argentino que vino del fin del mundo. Rezarle y orarle a la Virgen de Guadalupe desde la enorme Basílica nuestra, es algo que ni la tarjeta Master Card puede comprar. Ya irá a nuestras tierras, pronto. Los afro europeos venden las imitaciones bien hechas en las calles, ahora se vinieron a la Gran Vía y es una romería, las camisetas y las bolsas y relojes y lo que lleven. Ayer comimos con los buenos amigos, Rafa Fuster y Maryoss, el veracruzano que aquí vive hace años y disfruta Madrid y las cercanías como Segovia, nos dio gusto la comida argentina, como la del Gaucho de Siles en Veracruz y luego nos fuimos a dar un rol caminero por la zona de Plaza Sol. Tomé el Metro, porque si vengo a Madrid y no tomo su Metro, me siento como cuenqueño sin rieles, amo los trenes y a ellos me subo cada que puedo, son excelentes, cómodos y aunque han tenido unos accidentes van muy seguros. Guillermo Rivas me escribió desde Córdoba si no me daba miedo subirme, porque van a más de 160 kilómetros, soy un poco como Picasso, cuando dijo: “No le temo a la muerte, le tengo miedo al avión”. Y Consuelo Diez, prima de mi esposa que tiene años viviendo en Barcelona me regañó porque escribí que me gusta Barcelona, pero prefiero Madrid, es que en Madrid ya conozco sus rumbos y sus calles y en Barcelona si me sueltan en la calle no sé ni dónde queda la Sagrada Familia, que visitamos en uno de sus cafés de enfrente y nos tomamos unas fotos perronas.
Es un viaje de nostalgia y de buenos recuerdos, hace un año aquí anduvimos con la jefa Maty y en la comida con Rafa Fuster y MaryRoss la recordamos con gran alegría, al igual que a mi hijo Juan Carlos, que en paz descansan y nos cuidan desde el cielo, donde seguro están con diosito.
Empaco poco a poco, voy por los turrones que llevo de suvenir para regalos y por los famosos y dichosos sobados, que en el Corte Inglés compro, aunque son cantábricos son todo un éxito y mi costumbre es desayunar uno con un café madrileño. Aunque ya los venden en Puebla.
Noticias nos llegan de Orizaba de la lamentable muerte del ingeniero Rogelio Sánchez Cejudo, le di el pésame a su cuñado, mi querido amigo Marco Córdova, deseando descanse en paz. Ya dejó de sufrir.
Mañana les cuento otro poco
Esta es opinión personal del columnista