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Dark Side of the Moon
DAVID VALLEJO
CÓDIGOS DEL PODER

14 Abr 2026

En los medios de comunicación científica, en reportes especializados y en la información oficial disponible, el tema que concentra atención global es el Artemis Program. A partir de ese seguimiento, surge este intento por ordenar la conversación y dar respuesta a las inquietudes que esta nueva aventura despierta en mí y que he escuchado al menos de mi círculo cercano. 


Artemis I orbitó la Luna y regresó a la Tierra con un éxito técnico total. Ese resultado explica la primera gran duda. Por qué rodear la Luna en lugar de descender. La lógica es precisa, antes de colocar seres humanos en la superficie, cada sistema debe probarse en condiciones reales. El cohete Space Launch System y la cápsula Orion spacecraft enfrentaron radiación profunda, navegación autónoma y una reentrada cercana a los 40 mil kilómetros por hora. La nave alcanzó más de 430 mil kilómetros de distancia, el mayor registro para un vehículo diseñado para transportar humanos.


A partir de ahí, la secuencia adquiere sentido. Artemis II llevó tripulación alrededor de la Luna y marcó un hito histórico. Por primera vez, una mujer, una persona afrodescendiente y un astronauta no estadounidense viajaron más allá de la órbita terrestre baja en una misión lunar. Artemis III se concentra en validar la integración del sistema de alunizaje. El descenso humano queda proyectado para Artemis IV. Este ajuste revela una decisión estratégica orientada a dividir el riesgo, acumular evidencia y elevar la probabilidad de éxito.


Artemis II ya dejó además de datos técnicos, frases, miradas y una forma distinta de entender nuestro lugar en el universo. Desde la órbita lunar, Victor Glover lo dijo con claridad: “esto que llamamos universo es un montón de nada… ustedes tienen un oasis donde podemos existir juntos”.


Y en otra comunicación, mirando directamente a la Tierra, insistió en una idea que trasciende cualquier frontera: “desde aquí arriba somos una sola cosa… sin importar de dónde vengas”.


Christina Koch describió al planeta como una especie de “bote salvavidas” suspendido en la oscuridad, una imagen que resume la fragilidad y al mismo tiempo la singularidad de la vida en la Tierra.


Y otro de los astronautas lo sintetizó con una frase que parece simple, aunque encierra todo el viaje: “nada te prepara para ver tu planeta iluminado”.


Por otra parte, el llamado lado oscuro es en realidad el lado oculto. La referencia cultural a The Dark Side of the Moon, canción de Pink Floyd, resulta poderosa, aunque científicamente imprecisa. Esa cara recibe luz solar con normalidad, aunque permanece fuera de la vista terrestre debido a la rotación sincronizada. Su geografía es distinta, más cráteres y menos mares volcánicos.


Otro elemento central es el agua. Existe en forma de hielo en cráteres del polo sur que permanecen en sombra permanente. Este hallazgo transforma la lógica de la exploración. El agua permite generar oxígeno, combustible y condiciones para la vida. En este sentido, la Luna deja de ser sólo destino y se convierte en una plataforma operativa.


El entorno impone condiciones extremas. Durante el día lunar, la superficie alcanza aproximadamente 127 grados Celsius. Durante la noche, desciende hasta cerca de menos 173 grados. Sin atmósfera que regule el calor, cada ciclo implica una oscilación radical. En ciertas regiones del polo sur, algunas zonas mantienen condiciones relativamente más estables, lo que explica el interés estratégico.


El paisaje rompe simplificaciones, si bien, grises intensos dominan la superficie, existen matices marrones y zonas más oscuras producto de antiguos flujos basálticos. La luz, directa y sin filtros, genera contrastes que ningún paisaje terrestre puede replicar.


En términos históricos, Artemis II llevó a la humanidad más lejos que cualquier misión tripulada previa, superando incluso la distancia alcanzada por Apollo 13. Ese dato, más que un récord, representa una declaración de intención que ya manifesté en una columna anterior a la partida.


El modelo de ejecución también cambió. SpaceX desarrolla sistemas clave para el alunizaje. Lockheed Martin lidera Orion. Boeing participa en el SLS. A esto se suma la cooperación internacional con la European Space Agency, la Japan Aerospace Exploration Agency y la Canadian Space Agency. Lo que antes era competencia, hoy se convierte en cooperación, en arquitectura compartida.


El costo supera los 90 mil millones de dólares hacia mediados de la década. Una inversión que revela una decisión estratégica de largo alcance.


Durante décadas, la humanidad aprendió a imaginar, observar y llegar. Hoy, con Artemis, comienza a entender algo mucho más complejo como permanecer y cooperar. 


¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y el misterio lunar lo permiten.


Placeres culposos: Escuchar completo el Dark Side of the Moon the Pink Floyd. 


La luna para Greis y mis estrellas para Alo.


Esta es opinión personal del columnista