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Cuando el clima rompe el silencio: Crónica de una plática que dejó huella
Fernando Padilla Farfán
FERNANDO PADILLA FARFÁN

03 Feb 2026

Quien escribe estuvo presente en una escuela secundaria de Cuernavaca, una mañana aparentemente común, hasta que el tema del clima —ese que suele sentirse lejano— se volvió urgente, cercano y profundamente humano. La plática fue impartida por el ingeniero Fernando Padilla Farfán, y desde los primeros minutos quedó claro que no se trataba de una charla técnica más, sino de una conversación directa con una generación que heredará las consecuencias de las decisiones actuales.
Sin estridencias ni discursos apocalípticos, Fernando Padilla Farfán inició con una pregunta sencilla que desconcertó a los alumnos:
“Si el planeta se está calentando, ¿por qué vemos imágenes de Estados Unidos completamente congelado?”
El silencio en el auditorio fue inmediato. Ahí comenzó todo.
El frío no contradice al calentamiento global
Durante la exposición, el ingeniero explicó que el error más común —incluso entre adultos— es pensar que el cambio climático significa únicamente más calor. En realidad, señaló, significa desorden climático. Habló del vórtice polar, de las corrientes de aire que normalmente mantienen el frío atrapado en el Ártico y de cómo el calentamiento acelerado de esa región está debilitando ese equilibrio.
El mensaje fue claro: el frío extremo que se vive en Estados Unidos no es una casualidad, sino una consecuencia indirecta de un planeta alterado. Fernando Padilla Farfán insistió en que no hay contradicción entre olas de calor récord y temperaturas congelantes; ambas forman parte del mismo problema.


Un fenómeno lejano… con efectos locales
Uno de los momentos más reveladores ocurrió cuando el ingeniero llevó el fenómeno global al contexto local. Explicó que, aunque en Cuernavaca no se registren temperaturas bajo cero, los estudiantes ya viven los efectos del cambio climático: lluvias irregulares, escasez de agua, afectaciones al campo y presión económica sobre miles de familias.
El clima —remarcó— no reconoce fronteras. Lo que ocurre en el Polo Norte termina influyendo en México, en Morelos y en la vida cotidiana de quienes hoy están sentados en un salón de clases.


No es castigo, es respuesta
Lejos de un discurso moralista, la plática evitó personificar a la naturaleza como una fuerza vengativa. Padilla Farfán fue enfático: la naturaleza no castiga, responde. Responde a la contaminación, a la deforestación, al uso desmedido de energía y a décadas de decisiones políticas que privilegiaron el beneficio inmediato sobre el equilibrio a largo plazo.
Ese enfoque permitió que los alumnos comprendieran el fenómeno no como algo místico o lejano, sino como el resultado lógico de acciones humanas acumuladas.
El mensaje final: responsabilidad y futuro
Hacia el cierre, el tono se volvió más reflexivo. El ingeniero recordó a los estudiantes que su generación es la primera que entiende con claridad lo que está ocurriendo y, al mismo tiempo, la que tendrá que decidir si corrige el rumbo o normaliza el colapso. El problema climático —dijo— ya no es solo científico: es ético, social y político.
Cuando terminó la plática, no hubo aplausos automáticos. Hubo silencio. Un silencio distinto, cargado de preguntas. Quien estuvo ahí pudo percibir que algo había cambiado: el frío extremo en otros países dejó de ser una noticia lejana y se convirtió en una advertencia comprensible.
La exposición de Fernando Padilla Farfán no buscó asustar, sino despertar conciencia. Y lo logró: dejó claro que el planeta siempre encontrará la forma de adaptarse. La verdadera incógnita es si la humanidad —y en especial las nuevas generaciones— será capaz de hacerlo a tiempo.


Esta es opinión personal del columnista