
Isaac Carballo Paredes | Poza Rica, Ver. | 10 Oct 2026 - 08:41hrs
La noche del jueves 9 de octubre de 2025 parecía una noche más de lluvia, pero el comportamiento del río Cazones comenzó a cambiar conforme avanzaban las horas. El nivel había alcanzado los 4.60 metros y, aunque posteriormente descendió hasta 3.80 metros alrededor de las 21:30 horas, la aparente disminución no significó el final de la emergencia. Poco después el afluente volvió a crecer y, a las 00:11 horas del viernes 10 de octubre, Protección Civil municipal llamó a evacuar de inmediato a las familias asentadas en las zonas bajas y cercanas al río. Y aunque se habilitaron espacios como la Casa del Migrante y la Casa de Cultura, para recibir a quienes necesitaran salir de sus viviendas, fue en ese momento cuando comenzaba una carrera por mantenerse con vida.
La madrugada avanzó con una rapidez que dejó poco margen para reaccionar. Cerca de la 01:00 horas el Cazones rondaba los 4.20 metros; a las 03:13 alcanzó los 6 metros, 17 minutos después llegó a 6.50 y, a las 03:39, la medición ya marcaba 7 metros. A las 03:48 horas eran 7.40 metros y, a las 04:10, 8.20. El nivel máximo reportado durante la emergencia fue de 8.50 metros, alrededor de las 04:30 horas. En tierra, el punto crítico para las colonias bajas se encontraba desde mucho antes: en sectores como Ampliación Morelos y Quebradora, el agua podía comenzar a afectar viviendas alrededor de los 3.30 metros. Para entonces, la advertencia se había convertido en una emergencia que avanzaba por las calles.
Antes de que amaneciera, el agua había alcanzado sectores como Morelos, Ampliación Morelos, Las Granjas, Ignacio de la Llave y Quebradora, y comenzó a extenderse hacia el bulevar Lázaro Cárdenas. La fuerza de la corriente arrastró vehículos, mercancías y objetos que encontró a su paso. En la calle Mina, negocios y viviendas quedaron bajo el agua, mientras que en la zona de la avenida Lázaro Cárdenas también fueron afectados espacios como Plaza Cristal, instalaciones de salud y oficinas públicas. En Palma Sola, el agua llegó hasta las inmediaciones de la Central de Autobuses, ADO y Soriana. En la colonia 27 de Septiembre alcanzó la avenida Uruguay y la corriente arrastró mercancía proveniente de la zona comercial de Mina.
Pero las cifras del río no alcanzaban para explicar lo que ocurría dentro de las casas. En medio de la oscuridad, familias completas buscaban refugio en segundos pisos, azoteas o cualquier punto que quedara por encima del agua.
Mientras la ciudad amanecía bajo el agua, cientos de familias permanecían atrapadas, algunas en segundos pisos y azoteas, mientras los cuerpos de auxilio comenzaban a concentrarse en las zonas donde las corrientes impedían el paso terrestre. Ahí se desarrollaron historias de vida, de muerte y muchas otras literalmente sacadas de una película de terror.
Uno de los primeros rescates documentados ocurrió en la colonia Lázaro Cárdenas, donde un adulto mayor y su perro quedaron atrapados en las gradas de un campo deportivo. Elementos de Protección Civil lograron ponerlos a salvo. En otro punto, siete integrantes de una misma familia fueron rescatados de una vivienda ubicada a orillas del río Cazones, después de que la creciente les impidiera salir por sus propios medios.
Una de las historias que dejó ver la magnitud de la inundación fue la de Esteban Alarcón e Isabel Lira Lara Silva, ambos adultos mayores, quienes permanecían atrapados en el segundo piso de su vivienda de la colonia 27 de Septiembre, cerca de la zona de la Central de Autobuses.
Su hija, Martha Elena Alarcón Lira, pidió ayuda públicamente para que fueran rescatados. El señor Esteban se encontraba recuperándose de una fractura en un pie y la creciente había impedido que la pareja pudiera abandonar la casa. La familia había intentado ponerse a salvo, pero la fuerza del agua terminó obligándolos a regresar y refugiarse en la vivienda.Horas después, los adultos mayores fueron rescatados con vida.
La otra imagen que se convirtió en símbolo sucedió en la colonia Morelos, ahí ocurrió otra escena que con el paso de las horas se convirtió en una de las fotografías más representativas de la tragedia, y la historia se convirtió en un emblema de supervivencia, de amor y de esperanza.
Una pareja de adultos mayores, doña Elodia y su esposo Hilario, quedaron atrapados por la creciente. Las imágenes mostraron a ambos abrazados sobre el techo de una vivienda, aferrados a la parte superior de un aire acondicionado mientras esperaban ayuda.
La corriente había llegado hasta las casas y los vecinos, refugiados también en las partes altas, observaron cómo el agua separaba y volvía a reunir a la pareja. El esposo se lanzó al agua para auxiliarla cuando ella había sido arrastrada por la corriente y posteriormente ambos consiguieron ponerse a salvo en el techo.
Las imágenes recorrieron las redes sociales durante los días posteriores. Dos adultos mayores abrazados, sentados sobre un techo mientras el agua cubría prácticamente todo lo que los rodeaba, terminaron representando el miedo de miles de familias aquella madrugada.
Pero no fue el único caso, la imagen de un joven captado en el momento en el que quedó atrapado en su camioneta, inundada en una de las calles de Poza Rica, así de rodillas y orando fue como este conductor quedó sobre el techo de su camioneta roja, la cual tenía una calcamonía de la Virgen de Guadalupe en el vidrio trasero.
El vehículo se encontraba en medio de una de las calles completamente inundadas y no se percibía ningún otro auto ni personas cercanas a él. Ante el solitario ambiente y la situación, el joven decidió salir de la camioneta y subir a lo alto de ella, se hincó, estiró sus brazos y comenzó a orar. Una imagen que hasta en la actualidad duele.
Con las primeras horas del viernes comenzaron a entrar a las colonias elementos del Ejército, Marina, Guardia Nacional, Protección Civil, Seguridad Pública y otras corporaciones. Los planes DN-III-E, Marina y Tajín fueron desplegados para rescatar personas, trasladar familias, retirar agua y liberar vialidades. El 11 de octubre, más de mil 500 servidores públicos ya participaban en labores de apoyo y limpieza, con atención prioritaria en Ruiz Cortines y las colonias más afectadas. Mientras las calles comenzaban a recuperar lentamente su tránsito, cientos de familias todavía permanecían fuera de sus viviendas o intentaban rescatar lo poco que la corriente no había destruido.
El domingo 12 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Rocío Nahle encabezaron en Poza Rica una reunión de coordinación para atender la emergencia. La ciudad fue dividida en cuatro sectores de trabajo para organizar las labores de la Secretaría de la Defensa Nacional, Marina, Gobierno del Estado y autoridades municipales y de infraestructura. Ese mismo día, la Secretaría de Marina reportó que había auxiliado a 3 mil 405 personas en Poza Rica y Álamo; en Poza Rica fueron contabilizadas 2 mil 476 personas atendidas, 640 trasladadas a refugios, 176 atenciones médicas, 15 vialidades despejadas y siete toneladas de basura retiradas.
Mientras las instituciones desplegaban maquinaria y personal, la ayuda comenzó a llegar desde otros puntos del estado y del país. En la Plaza Cívica 18 de Marzo se instaló una cocina ciudadana en la que mujeres de colonias que no habían sufrido daños preparaban alimentos para quienes lo habían perdido todo. También llegaron donaciones de particulares, empresas y municipios como Misantla, Zozocolco, Papantla y Perote, además de apoyos provenientes de Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Sonora. La solidaridad se convirtió en otra de las imágenes de aquellos días: camionetas cargadas de víveres, maquinaria, agua, ropa y artículos de limpieza entrando a una ciudad que todavía olía a lodo y humedad.
El lunes 13 de octubre comenzó además el censo de las viviendas, comercios y bienes afectados, mientras el Gobierno federal y estatal buscaban dimensionar las pérdidas. Paralelamente, el puente aéreo permitió atender a comunidades que habían quedado incomunicadas en la zona norte. Ese día se realizaron 23 vuelos en cinco rutas con 12 aeronaves, mediante los cuales se trasladaron mil 690 paquetes alimentarios, cobijas, catres y personal médico, además de evacuar a 86 personas, entre ellas seis mujeres embarazadas. La operación alcanzó comunidades como Ilamatlán, Zacualpan, Texcatepec, Zontecomatlán, Ixhuatlán de Madero y Xoxocapa.
La emergencia también alcanzó a las escuelas. Para el 14 de octubre, más de mil 100 trabajadores de la Secretaría de Educación de Veracruz se habían incorporado a brigadas voluntarias de limpieza. Al mismo tiempo, personal de distintas dependencias, vecinos y voluntarios retiraban lodo, muebles, basura y pertenencias dañadas de viviendas y calles. La ayuda ya no consistía solamente en rescatar personas: comenzaba la tarea más larga de devolverle condiciones mínimas de vida a una ciudad golpeada por el agua.
El saldo humano se conoció de manera gradual durante esos días. Las primeras cifras correspondieron al conjunto del estado y fueron aumentando conforme avanzaron las labores de búsqueda. En la zona norte se reportaron personas fallecidas y desaparecidas, mientras familias enteras continuaban buscando a quienes no habían regresado a casa. En Poza Rica, uno de los casos que marcó aquellos días fue el de Leticia García, de 54 años, quien permaneció desaparecida durante varios días y posteriormente fue localizada sin vida en un terreno ubicado frente a la Central de Autobuses. Cada nombre convirtió las cifras de la emergencia en historias concretas de familias que seguían esperando respuestas.
Para el 17 de octubre, el despliegue regional alcanzaba a 9 mil 788 personas y más de 600 unidades de maquinaria. Decenas de aeronaves participaban en traslados, evacuaciones y distribución de ayuda hacia comunidades aisladas, mientras la Cruz Roja Mexicana incorporaba voluntarios procedentes de Ciudad de México, Querétaro, Estado de México y Veracruz. La institución había movilizado más de 76 toneladas de ayuda, entre alimentos, artículos de limpieza, paquetes para bebés y colchones. La emergencia había dejado de ser únicamente un problema de Poza Rica: la respuesta se había convertido en una operación regional.
Durante los días siguientes comenzó a cambiar el paisaje de las colonias. El agua descendió, se recuperó gradualmente el servicio de agua potable y las calles comenzaron a despejarse, aunque en muchas viviendas permanecían el lodo, los muebles destruidos y las paredes marcadas por el nivel que alcanzó la corriente. La maquinaria continuó entrando a las colonias y los vecinos emprendieron una limpieza que, en muchos casos, comenzó desde el momento en que pudieron volver a sus casas. El 22 de octubre, mientras continuaban las labores de recuperación, se anunció la entrega de los primeros apoyos económicos para las familias afectadas.
Para el 24 de octubre, las autoridades reportaban un avance cercano al 83 por ciento en la limpieza urbana de Poza Rica y cientos de unidades de maquinaria trabajando de manera continua. En la región se habían distribuido decenas de miles de paquetes alimentarios y comidas calientes. Pero retirar el lodo de las calles era apenas una parte de una recuperación mucho más larga: miles de familias habían perdido muebles, electrodomésticos, mercancías, vehículos y, en algunos casos, parte de sus viviendas.
El 10 de octubre dejó así una ciudad distinta. La emergencia mostró la capacidad de respuesta de las instituciones, pero también la fragilidad de las colonias asentadas en las zonas bajas y la dimensión de las pérdidas que una crecida extraordinaria puede provocar en cuestión de horas. La recuperación abrió además nuevas preguntas sobre la infraestructura necesaria para reducir el riesgo en el futuro, entre ellas la construcción del muro del Cazones, una obra federal proyectada con una inversión de 339 millones de pesos para cerrar puntos vulnerables entre Morelos y Quebradora y en el sector del puente Cazones II-Lázaro Cárdenas.
Porque durante unas horas, el Cazones dejó de ser solamente un río. Se convirtió en el límite entre la vida que miles de personas tenían antes del 10 de octubre y la que tuvieron que comenzar a reconstruir después.