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Noreste | San Andrés Tuxtla | 17 Mar 2026 - 19:50hrs
En solo dos meses y medio, Rafa Fararoni Magaña ha demostrado que gobernar en San Andrés Tuxtla no es cuestión de excusas, sino de acción. Recibió un ayuntamiento golpeado: auditorías del ORFIS y denuncias previas hablaban de desvíos millonarios en administraciones pasadas, enfatizando en su antecesora y hasta deudas acumuladas que amenazaban con colapsar servicios básicos. En lugar de achicarse, Fararoni aceleró el paso: más visitas casa por casa, más mesas de trabajo con la gente y decisiones rápidas día a día.
Por ejemplo, en el tema del agua potable heredó una infraestructura abandonada, con fugas constantes y comunidades enteras sin servicio —la CMAPS misma advertía interrupciones por sequía y deudas desde 2025—. Pero él no esperó: junto al director del organismo, Jesús Vera, ha empujado reparaciones urgentes, para que el abasto llegue a más hogares. No es magia, es coordinación y voluntad.
Y no para ahí. Para mostrar congruencia, Fararoni y su cabildo se bajaron el sueldo: de cifras altas pasó a 52 mil pesos mensuales —y hay versiones que lo bajan aún más—, liberando recursos para lo que realmente importa. Eso, en medio de un municipio que necesitaba oxígeno, es un mensaje claro: aquí no hay privilegios.
Lo admirable es que, mientras resuelve lo heredado, ya proyecta futuro. En deporte, ha impulsado eventos que llenan piscinas y canchas, así como torneos juveniles que atraen talento y turismo. En protección a las mujeres, el DIF —con su presidenta Andrea Vargas— presentó la Cartilla de Derechos, jornadas itinerantes y foros como “Llegamos Juntas”, donde cientos de mujeres reciben herramientas reales contra la violencia.
El Turismo también avanza en San Andrés: foros MyPime, espacios públicos dignos y celebración del Día de la Familia con actividades masivas. Todo eso, sin ruido, con resultados visibles.
Fararoni no es solo un alcalde que limpia desastres; es un activo político en potencia. En Veracruz, donde muchos se quejan del pasado, él lo transforma. Y si sigue así, San Andrés Tuxtla no solo sobrevive: crece.