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Fernando Padilla Farfán FERNANDO PADILLA FARFÁN |
19 Ene 2026
En un auditorio sencillo, rodeado de montañas y del verde profundo que caracteriza a diversas regiones de Chiapas, un grupo de jóvenes escuchaba con atención. No se trataba de una conferencia técnica ni de una clase magistral tradicional, sino de una conversación franca sobre sueños, esfuerzo y propósito. El ingeniero Fernando Padilla Farfán había sido invitado a compartir su experiencia con jóvenes provenientes de distintas poblaciones chiapanecas, muchos de ellos enfrentando realidades complejas, pero con una enorme riqueza humana y cultural.
Desde el inicio de la plática, Padilla Farfán dejó claro que el emprendimiento no es exclusivo de grandes ciudades ni de capitales abundantes. “Emprender —señaló— comienza mucho antes del dinero: nace de una idea, de una necesidad y, sobre todo, de la decisión de no resignarse”. Sus palabras resonaron entre jóvenes que conocen de cerca los retos del desempleo, la migración forzada y la falta de oportunidades formales.
El ingeniero compartió pasajes de su propia trayectoria, no desde la óptica del éxito inmediato, sino desde los tropiezos, los errores y los momentos de duda. Habló de la disciplina como un hábito cotidiano, de la importancia de la educación continua y del valor de rodearse de personas que sumen, incluso —o especialmente— cuando cuestionan. Para muchos de los asistentes, escuchar que el fracaso no es una sentencia sino una lección fue uno de los mensajes más poderosos de la jornada.
Uno de los ejes centrales de la plática fue la revalorización del entorno local. Padilla Farfán invitó a los jóvenes a mirar sus comunidades no como lugares de carencia, sino como territorios de oportunidad: el campo, la artesanía, el turismo comunitario, la innovación social y el aprovechamiento responsable de los recursos naturales. “Chiapas tiene talento, identidad y materia prima humana de primer nivel. El reto es creerlo y organizarlo”, afirmó.
La conversación también abordó la responsabilidad social del emprendedor. Lejos de promover una visión individualista, el ingeniero subrayó que los proyectos más sólidos son aquellos que generan bienestar colectivo. Emprender, dijo, no debe significar únicamente generar ingresos, sino también empleo digno, arraigo comunitario y desarrollo sostenible. Este enfoque despertó un interés especial entre los jóvenes, muchos de los cuales expresaron su deseo de crear iniciativas que permitan a otros no tener que abandonar sus comunidades.
Al final del encuentro, las preguntas no se hicieron esperar: ¿cómo empezar sin recursos?, ¿qué estudiar?, ¿vale la pena intentarlo? Padilla Farfán respondió sin fórmulas mágicas, pero con honestidad: empezar pequeño, formarse constantemente, buscar mentorías y, sobre todo, no perder la capacidad de soñar con los pies en la tierra.
La plática del ingeniero Fernando Padilla Farfán concluyó entre aplausos y miradas encendidas. No todos salieron con un plan de negocios bajo el brazo, pero sí con algo quizá más valioso: la convicción de que su origen no limita su destino. En un estado joven como Chiapas, encuentros como este siembran semillas que, con tiempo y cuidado, pueden transformarse en proyectos, empresas y liderazgos que cambien realidades.
A veces, basta una conversación para abrir un camino. Ese día, el emprendimiento dejó de ser una palabra lejana y se convirtió en una posibilidad tangible para decenas de jóvenes chiapanecos.
Esta es opinión personal del columnista