Yoga y tomar el sol: la nueva cárcel de Nueva Zelanda para los presos más violentos

Nueva Zelanda tiene una de las tasas de encarcelamiento más altas de los países desarrollados

2 agosto 2018 | 12:42 hrs | El País | Mundo


Los presos más violentos de Nueva Zelanda pronto podrán caminar en la hierba, tomar el sol y practicar yoga en sus celdas gracias a la nueva prisión “humanitaria” de máxima seguridad que está construyendo el Gobierno para los delincuentes más peligrosos. La reforma de la cárcel tiene un coste de 174.754500 de euros, y será el reemplazo de Paremore, el centro de 50 años que fue construido siguiendo el modelo de cárceles “supermax” de Estados Unidos, que están diseñadas para que el preso cumpla su condena totalmente solo.

Esta prisión será la única instalación especializada para presos de máxima y alta seguridad en el país. El centro ha sido diseñado para funcionar como una unidad de salud mental debido a que el número de privados de libertad que presentan algún tipo de enfermedad mental ha aumentado en los últimos años. La nueva prisión de Auckland East incorpora una gama de características holísticas y terapéuticas inspiradas en las cárceles de Escandinavia, Bélgica y Alemania. Con la construcción de estas mejoras y la modificación de otros centros el gobierno de Nueva Zelanda espera reducir un 30% su población carcelaria.

Las reformas no solo tienen como objetivo acomodar mejor a los presos. En los últimos meses se ha visto la necesidad de mejorar los sistemas de seguridad porque se han registrado varios ataques contra los policías. En la primera semana de junio de este año más de 30 guardias de seguridad no fueron a trabajar por “problemas de salud” después de una ola de ataques de reclusos hacia ellos. La mayoría de las agresiones ocurrieron cuando los agentes de seguridad escoltaban a los presidiarios a tomar sus duchas o hacer ejercicio. Mientras se construye el nuevo centro las autoridades le dieron a los policías chalecos contra puñaladas y autorización para incrementar el uso de gas pimienta.

Neil Beales, jefe de los custodios de correccionales, dijo a The Guardian que la nueva prisión era “más decente y humana” que la antigua instalación. “La antigua prisión fue construida para que el personal se mantenga alejado de los prisioneros y prisioneros lejos del personal … a pesar de que tratamos con prisioneros que muestran comportamientos muy desafiantes, las instalaciones no necesariamente tienen que ser austeras u opresivas”, dijo Beales, quien comenzó su carrera de custodia en la prisión de Strangeways justo después de los disturbios de 1990.

Las celdas en el nuevo bloque serán 30% más grandes que las del centro anterior y cada una tiene su propia ducha y televisor. Además, su diseño con barras horizontales en lugar de verticales le da a los internos una mejor vista del paisaje natural, del que no podían disfrutar en la prisión anterior porque no tenía ni ventanas. Para aumentar la seguridad se instalará un sistema biométrico de entrada y salida y todas las celdas estarán en la primera planta.

Beales dijo que a medida que la población penitenciaria de Nueva Zelanda continuaba ascendiendo, el departamento de correcciones había sido forzado a construir una cárcel que pudiera manejar reclusos severamente enfermos, ya que las camas en salas de salud mental a menudo no estaban disponibles o tenían largas listas de espera. Para él “la rehabilitación y la reintegración deben comenzar desde el momento en que entran en prisión porque van a abandonarla”.

Para Yvonne Jewkes, profesora de criminología en la Universidad de Kent que trabajó como consultora en el proyecto,la antigua instalación era una “desgracia nacional” y “la prisión más sombría” en la que había estado.

En el lado opuesto, las plantas de tomillo y hierbabuena estarán en el jardín de la nueva cárcel para estimular, y calmar a los reclusos; en las áreas de recreación podrán ejercitarse y hacer yoga; y podrán ensuciarse las manos haciendo labores de siembra y cosecha. Pese a las mejoras que ofrece la prisión, Jewkes dijo que estaba decepcionada porque no se había usado más color en los espacios interiores de la nueva prisión y que algunas de las propuestas más radicales del equipo de diseño no se utilizaron.

Nueva Zelanda tiene una de las tasas de encarcelamiento más altas de los países desarrollados. Los maoríes (pueblo indígena) representan más del 50% de todos los presos, a pesar de representar solo el 15% de la población total; y alrededor del 90% de los reclusos tienen un diagnóstico de enfermedad mental o adicción. Para tratar esto el centro penitenciario ofrecerá programas holísticos y terapéuticos.