Vivir con miedo

7 septiembre 2016 | 12:36 hrs | Columna

Por Gustavo Cadena Mathey

Buen día apreciado lector:

De nuevo agradezco la oportunidad que se me brinda en este espacio para que quienes me dispensan la honrosa atención al estilo personal de escribir mis vivencias, lo quieran leer.

La breve ausencia sirvió para reflexionar tras la amarga experiencia familiar de finales de junio.

Vuelvo ahora a publicar comentarios anecdóticos y temas de actualidad periodística después de pensarlo mucho.

De entrada le digo claramente que lo que pas√≥ a mi familia a finales de junio de este a√Īo, nos ha llenado de miedo.

Antes les presumo: mi Ap√° Jos√© Antonio, que viv√≥ 93 a√Īos all√° en Acayucan, escrib√≠a textos sobre ciertos sentimientos que llamaba ‚ÄúCantares de mi Sentir‚ÄĚ, algunos de los originales que conservo, ser√≠an muy atractivos si la opini√≥n p√ļblica los conociera.

Los escribió en la soledad de la casa que construyó en los arrabales del pueblo, luego que por problemas, se vio obligado a vender el hogar paterno de Hidalgo 11 y luego de enviudar relativamente joven de mi madre Soledad.

En ese nuevo refugio acompa√Īado de mi hermano Enrique, sobrevivi√≥ much√≠simos a√Īos escribiendo composiciones que yo le ‚Äúcorreg√≠a‚ÄĚ en ortograf√≠a y cuyos originales que por ah√≠ conservo en mi cuarto de los tiliches, me guardaba para cada que llegara a visitarlo. Eran letras de amor, armon√≠a y nostalgias.

Por eso lo bautic√© como ‚ÄúEl Poeta de la Soledad‚ÄĚ.

En mi caso mis textos, mis columnas, en general son reflexiones de la vida period√≠stica que inici√© como seguido lo cuento, vendiendo peri√≥dicos en Acayucan y poco despu√©s, alentado por el due√Īo, escribiendo experiencias deportivas a los 16 a√Īos de edad.

L√°stima que alguien que debe conocer don Ram√≥n Roca Morteo o Yolanda Guti√©rrez, (sin careo) perdi√≥ el archivo de los primeros a√Īos del Diario El Mensaje, de Acayucan, de mi padrino Yayo Guti√©rrez, donde constaba lo que se√Īalo.

Si aparecieran, lo pagar√≠a creo que yendo a bailar a Chalma, pero m√°s canijo, a Juquila, que de aqu√≠ hacia all√° son como m√°s de 24 horas de rodar ininterrumpido en autob√ļs de ‚Äútour‚ÄĚ.

Acostumbrados a vivir en paz, hab√≠a dejado de escribir por miedo, por el p√°nico que nos provoc√≥ esa mala acci√≥n p√ļblicamente conocida. Lo hago, no puedo negarlo, con ese incre√≠ble temor que jam√°s, nunca de los nuncas pens√© que a mi me tocar√≠a.

En mi trayectoria de vida periodística nunca jamás pensé que nuestros pueblos vivirían experiencias tan espantosas que en la actualidad para los gobernantes del país por conveniencia o acaso por ingenuidad tal parece que pasan desapercibidas, con lo que van exacerbando los ánimos inevitablemente hacia los desbordamioentos sociales. Eso no, no es posible carajo.

Hoy, con todo el temor, la tensi√≥n y el miedo, si los gobernantes no pueden o no quieren actuar para garantizar nuestra paz, solo queda p√©dir a Dios que voltee para ac√°; que si el gobierno federal no puede resolver nuestros problemas, el Creador no act√ļe con nosotros como cuando No√© en Sodoma y Gomorra y encuentre en el pueblo veracruzano gente honesta, gente de bien, como nuestros viejos y nuestros j√≥venes y nos evite tantas atrocidades como las que motivaron el m√≠tivo diluvio. Que efectivamente cumpla su promesa manifiesta a trav√©s de los arco iris que hemos visto pasar.

En lo personal, aquella noche que festejaba mi cumplea√Īos, tras el violento incidente ante mis desesperados reclamos creo que si escuch√≥ mis protestas porque encontr√≥ peticiones convencionales de amigos influyentes ante El.

Es tan grave la situación en el país que aquí le pasó unos comentarios publicados ayer en un diario de circulación nacional:

“¬ŅC√≥mo acabar con la vida social y comercial de una ciudad? Permitiendo la instalaci√≥n de grupos criminales, incumpliendo con tareas de coordinaci√≥n con grupos federales enviados para contener la violencia, no investigando los cr√≠menes ni recomponiendo el tejido social. As√≠, de ese modo, se ha acabado con la cotidianidad de Chilpancingo, la capital de Guerrero.

‚ÄúEn esa ciudad, de acuerdo con un trabajo que ha presentado EL UNIVERSAL, todos coinciden en que el ambiente se enrareci√≥ desde 2008, pero desde 2010 cambi√≥ la vida citadina para la poblaci√≥n. Por protocolo de ‚Äúsobrevivencia‚ÄĚ ninguna ambulancia llega al sitio donde se haya generado violencia, antes de que llegue la polic√≠a; ya no se puede hablar con libertad ni en las calles ni en los taxis. No se dice ‚Äúnarcotr√°fico‚ÄĚ ni ‚Äúnarcotraficantes‚ÄĚ, por referencia es ‚Äúma√Īa‚ÄĚ o ‚Äúesa gente‚ÄĚ. Los pocos empresarios que a√ļn residen tambi√©n han modificado sus labores habituales. Sus negocios est√°n blindados con puertas de acero, c√°maras de seguridad, circuito cerrado, y algunos empleados est√°n armados. Parece dif√≠cil creer que la descripci√≥n anterior es de una ciudad mexicana, ubicada a poco menos de 300 kil√≥metros (unas tres horas en auto) de la capital del pa√≠s.

‚Äú‚ĶPara que una sociedad se desarrolle, sus integrantes no deben sentir temor. Que salir a la calle en la noche no represente riesgo, que la apertura de un negocio no se haga con el miedo a que alguien vendr√° a extorsionar. Lamentablemente, el cambio se notar√° cuando desde la c√ļpula del poder, municipal y estatal en principio, se adopten decisiones contra la inseguridad, pero eso a√ļn no se ve muy claro‚ÄĚ.

Esto es parte del editorial de ayer, Cualquier similitud con otros lugares es pura coincidencia. ¬ŅVerdad?

Dios lo bendiga por siempre a usted amable lector y nos bendiga a todos.

gustavocadenamathey@hotmail.com