Violencia imparable: faltan acciones enérgicas

Foto: Noreste
29 enero 2018 | 9:57 hrs | Palabras Claras

Por José Antonio Flores Vargas

 

Enero ha sido uno de los meses más complicados para el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares. El incremento de la criminalidad es la triste constante que no deja de observarse en Veracruz.

La última y trágica balacera suscitada en concurrido antro del centro histórico de Xalapa, provocó el sábado pasado gran desaliento social y un fuerte llamado de atención de Sara Ladrón de Guevara, la rectora de la Universidad Veracruzana. En breves líneas exigió que las autoridades cumplan el papel que les corresponde para que el estado de derecho y la paz regresen a la comunidad.

Ese día por la tarde, el secretario Téllez Marié, dio la información y presentó imágenes grabadas sobre los funestos hechos. Habló del alto monto de recompensa que dará la Secretaría de Seguridad Pública a quien brinde datos precisos para aprehender a los culpables.

Pero en la medida en que ha aumentado este lacerante fenómeno, que no se puede adjudicar a las actuales autoridades, en esa misma proporción se ha visto también que diversos actores cercanos a Yunes Linares han perdido la ecuanimidad a la hora de hablar en relación al tema o a otros de interés de la población.

Y es que la actitud negativa de esos personajes que sólo ven sus intereses y van en otra dirección, no concuerda con el mensaje de tranquilidad y de progreso que el gobernador trata de llevarle a la sociedad.

De entrada, las expresiones del ejecutivo para tranquilizar a la población, chocan con las realidades que visualizan cada uno de los ciudadanos.

Y si además de ello, los funcionarios o los diputados no tienen la menor sensibilidad para tratar a la gente, entonces el mensaje que queda, es que las cosas están peor de lo que todos creen. Y todo empeora cuando a la violencia del ambiente -que ya es mucha- hay que sumarle la insensibilidad o la violencia de una autoridad hacia otra autoridad o ciudadano.

En este sentido, mucho se ha pronunciado la diputada Cinthya Lobato, quien incluso ha señalado ataques o amenazas en su contra. Y lo destacable, es que han sido mujeres las que más serio han hablado en torno al tema. Recordemos que la rectora universitaria y la diputada, son personas que han apoyado el proyecto político de Yunes Linares.

Desde hace semanas, varios personajes ligados al actual régimen han dado claro ejemplo de lo que no debe hacer una autoridad que debe rendir resultados a la población.

Primero fue el secretario de salud Irán Suárez, cuando descompuso una respuesta ante un cuestionamiento sobre los presupuestos requeridos para contener la epidemia y tratar a los pacientes de VIH, que molestó sobremanera a los colectivos y personas vinculadas a ese terrible mal.

Después fue el abuso de poder del diputado Basilio Picazo, que ofendió y maltrató verbalmente a la periodista Rosalinda Morales, que preguntaba sobre supuestos actos intimidatorios en contra de una regidora en el municipio de Espinal. De este vergonzoso hecho en el Congreso, la legisladora panista Marijose Gamboa exigió al ofensor presentar inmediata disculpa pública.

Pero sin duda, ha sido el Fiscal General del Estado el que menos resultados ha aportado a Veracruz. Ante la grave inseguridad y aumento de secuestros en Coatzacoalcos, el alcalde Víctor Carranza hizo algunos señalamientos que molestaron a Jorge Winckler, cuya respuesta a una autoridad electa fue desproporcionada e insultante. El fiscal mandó al alcalde a que mejor leyera sus facultades, como si él mismo, estuviera cumpliendo a cabalidad las que le corresponden como subordinado del gobernador.

Ante este cúmulo de insensibilidades, desatinos e incongruencias, es necesario que el gobernador convoque a los tres órdenes de gobierno y a los sectores de la sociedad a hacer un mayor esfuerzo en contra del crimen, la corrupción y la impunidad.

Y como el fiscal porteño no ha cubierto las razonables expectativas sobre su actuación en el cargo, quizá los veracruzanos debiéramos pedirle al ejecutivo, no que lo ponga a leer las atribuciones incumplidas, sino que mejor le agradezca su pobre actuación y se proceda a nombrar a otro en su lugar, que sí tenga tamaños para contener a la delincuencia y, entre otros pendientes, pueda integrar debidamente los expedientes de aquellos exfuncionarios duartistas que robaron al erario y que continúan paseando impunemente.

Quizá esta sea la vencida y sea el tercer fiscal en la corta vida de esa institución, quien sí cumpla con el juramento que consagra nuestra Carta Magna.

Tal vez así, con un enérgico gesto de autoridad del ejecutivo veracruzano, el estado y los ciudadanos podamos transitar juntos por caminos más tranquilos.