Vigilancia, sobornos y tortura: 25 testimonios de la vida bajo Kim Jong-un

El drama de los refugiados que hace poco escaparon de Corea del Norte demuestra que el líder no se diferencia de sus ancestros

Foto: Ilustrativa
21 enero 2018 | 20:10 hrs | infobae | Redacción

El 19 de diciembre de 2011 Kim Jong-un asumió el poder en Corea del Norte. Era joven —un Millennial— y se había educado en el exterior. Algunos ciudadanos soñaron con un cambio. Pero ese mismo día la propaganda oficial lo llamó “el gran sucesor” de la dinastía y eso ha probado ser, según los dramáticos testimonios de distintos refugiados que The Washington Post reunió en una investigación especial de seis meses.

De Corea del Sur a Tailandia, en hoteles paupérrimos y en apartamentos estrechos, de todas las condiciones sociales y las edades, estos 25 refugiados contaron sus historias sobre lo que cambió y lo que persistió en fronteras adentro desde la muerte de Kim Jong-il.

Distintos grupos que ayudan en los escapes —como Corea del Norte Sin Cadenas, Woorion y Libertad en Corea del Norte— presentaron los casos al periódico. La periodista Anna Fifield advirtió que, dada la naturaleza secreta del régimen de Pyongyang, las historias no se pudieron verificar, pero la suma de las experiencias describe un conjunto coherente.

“Pintan un cuadro de un país que alguna vez fue comunista y colapsó, con su economía estatista en punto muerto”, escribió. “Hoy los norcoreanos se abren sus propios caminos, obtienen ingresos mediante emprendimientos con frecuencia ilegales”. Y Kim es “tan brutal como su padre y su abuelo”, ha “sellado el país más que nunca” y “aumentó los castigos” para quienes intentan escapar.

El dinero manda
En teoría el estado socialista lo provee todo. En la práctica, los empleos públicos están muy mal pagos y la economía real es en negro y surgió de la necesidad. El mercado va desde la venta de tofu casero hasta la de metanfetamina, desde sobornos hasta música pop surcoreana.

El estudiante universitario (37 años, escapó en 2013)
Nadie espera que el gobierno le brinde nada. Todo el mundo tiene que encontrar su propio modo de sobrevivir.

El comerciante de frijoles (23 años, escapó en 2014)
Tenía una tía en Pyongyang que vendía los frijoles en el mercado allí. Yo les compraba a distintos campesinos lo que ella necesitaba. Le pagaba a personas que los embolsaban, a los maleteros para que los llevaran a la estación y los subieran al tren. Hay que aceitar el recorrido con dinero. Mi tío es militar, así que su posición protegía el negocio de mi tía. Desde luego, mi tía traía el ingreso principal a la casa. En Corea del Norte las mujeres son las que realmente ganan dinero.

El obrero de la construcción (40 años, escapó en 2015)
Decenas de miles de norcoreanos trabajan en el extranjero; Pyongyang retiene dos terceras partes de sus salarios y les deja el resto.
Quería ganar dinero para mi familia y comprar una casa, así que pagué USD 100 en sobornos para conseguir un trabajo en el extranjero. Me enviaron a San Petersburgo. Vivíamos en la obra y trabajábamos de 8 de la mañana a 8 de la noche, y en el verano a veces hasta la medianoche, y comíamos en los dormitorios. Trabajábamos siete días a la semana, pero los domingos terminábamos antes, a las 7 de la tarde, y eso era agradable. Mi objetivo era ganar muchísimo dinero y volver orgulloso de mi logro. Todavía recuerdo la primera vez que me pagaron. Fueron 100 rublos [USD 1,77]. Cuando terminé de trabajar a las 10 de la noche fui a la tienda y vi que una botella de cerveza salía 27 rublos. Pensé: “Caramba, soy rico”.

El traficante de drogas (46 años, escapó en 2014)
Hice tantas cosas que no se podían hacer… Trabajé como broker transfiriendo dinero y conectando por teléfono a gente de Corea del Norte con gente de Corea del Sur. Les arreglé reuniones en China. Saqué antigüedades norcoreanas de contrabando y las vendí en China. Vendí ginseng y faisanes a China. Y trafiqué cristal (metanfetamina). Oficialmente yo era un operario industrial, pero pagué sobornos para liberarme del trabajo. Si uno no opera así en Corea del Norte, no tiene nada.

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