Verdades, mentiras y secretos de la paliza que Mayweather le dio a McGregor

Estos genios del marketing, que fueron todos los que armaron el negocio, hicieron que la gente se interesara, que hubiese apuestas, que se discutiera previamente

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3 septiembre 2017 | 12:53 hrs | Infobae

Cuando Dana White, el super CEO de la UFC le llevó la propuesta a Floyd Mayweather para perfilar el negocio de una pelea contra Conor Anthony McGregor la primera respuesta fue no.

.-Estoy retirado Dana, tengo 40 a√Īos, mi cabeza est√° en negocios de ocio nocturno como alg√ļn club privado, un bar tem√°tico de m√ļsica para que alguna gente especial se divierta con ideas sobre el sexo y yo mismo estar√© ah√≠ para que se harten de sacarse fotos y consuman todo cuanto puedan. Pero volver a un ring y entrenarme para dar un peso atl√©tico, no lo creo Dana, no lo creo. De todas maneras dejale a Roger, mi padre, y a estos caballeros que siempre han sido mis socios, la ingenier√≠a de c√≥mo ven ustedes el negocio.-

.-Es simple, sólo queremos una participación del volumen total a recaudarse.

Una parte, s√≥lo una parte dijo, ante la atenta mirada de los hermanos Lorenzo y Frank Fertita, miembros de una poderosa familia de Las Vegas, considerados los “padres” de la UFC que la compraron por dos millones de d√≥lares en el 2001 y la acaban de vender por 4.000.000 a las poderosas WME/IMG, pero con el compromiso de seguir ejerciendo el managment.

.- ¬ŅDe qu√© porcentaje estamos hablando, Dana?.-

.- Del 25 por ciento de todo y nosotros le pagamos a Conor su parte .-

.- ¬ŅEstamos hablando en serio?, pregunt√≥ Floyd. Y agreg√≥: ¬Ņqui√©n es tu luchador?, ¬Ņc√≥mo se llama?, ¬Ņcu√°nta gente pagar√≠a para verlo en una de sus “jaulas”? Lo siento, la reuni√≥n termin√≥”. Le dio la mano a todos en una de las m√°s lujosas oficinas del MGM y se fue. Dana y sus socios se quedaron con Roger Mayweather, ejecutivos del hotel, del T-Mobile Arena y de la empresa Showtime, los tradicionales asociados de Floyd para los negocios del boxeo.

Transcurr√≠a el mes de abril de 2017 y la primera reuni√≥n hab√≠a fracasado. Sin embargo, Floyd acept√≥ que sus socios del T-Mobile y de Showtime le pidieran a Dana y a los Fertitta‚Äď due√Īos a su vez de Station Casinos, Zuffa y LLC- los videos del tal McGregor, su historia personal y deportiva, su perfil familiar y entrenamientos grabados en tiempo real.

Para la UFC (Ultimate Fighting Championship) sería muy importante realizar este negocio. Era poner en el más alto nivel de la exposición mediática el negocio de las artes marciales mixtas y captar más adeptos que las prefieran por encima del boxeo. Lo que significa, de hecho, un enorme estímulo para sus deportistas y para un mercado de 150 millones de espectadores que semanalmente la siguen a través de Fox en cumplimiento de un contrato que tendrá vigencia hasta fines de 2018.

El planteo de los asociados a Floyd era que √©ste negocio s√≥lo ten√≠a un actor con magnetismo para perge√Īar y vender el show. Obviamente el imprescindible era Floyd . Pero, a su vez, el informe sobre el riesgo que implicaba enfrentar a McGregor qued√≥ reducido a una m√≠nima expresi√≥n, m√°s vinculada a un accidente por un foul que a una acci√≥n de combate. El show ya ten√≠a factibilidad.

Comenzado mayo, y ante la insistencia de Dana White, los socios de Floyd ten√≠an una respuesta inicial: “10 por ciento de todo lo recaudado, reglas de boxeo, guantes de ocho onzas, oficiales de ring y √°rbitro designados por la Comisi√≥n Atl√©tica de Nevada, un peso que no superara los 79 kilos, fecha inamovible 26 de Agosto de 2017 por la disponibilidad del estadio, multa a descontar de los ingresos de McGregor por las infracciones sancionadas por el √°rbitro o comprobadas por la televisi√≥n, la venta del Pay per View, de los patrocinios, de las entradas, de los derechos de televisaci√≥n para el exterior, del merchandising y el control sobre las acreditaciones a la prensa e invitaciones de protocolo a cargo exclusivo de Floyd Mayweather Productions, T-Mobile, MGM y Showtime”.

Sobre este esquema de negocio se produjeron algunas alteraciones. Dos puntos m√°s de participaci√≥n del volumen total de lo recaudado por todo concepto para la UFC y cinco puntos m√°s por lo producido tras la venta del P.P.V. Adem√°s le liberaron a McGregor el sponsoreo general de su indumentaria y de sus patrocinadores, como ingresos exclusivos para √©l, se aceptaron spots de la UFC en todas las apariciones medi√°ticas que realizaron en la gira previa por Londres, Nueva York, Toronto y Los √Āngeles y, obviamente, en la publicidad televisiva previa y simult√°nea con el evento. Floyd, durante esas presentaciones, deb√≠a darle el mismo protagonismo a McGregor, cederle la palabra, prestarse a compartir c√°maras, micr√≥fonos y tiempo en partes iguales. Mostrarse preocupado por el resultado final, valorar a McGregor como un “verdadero peligro”, anticipar el temor o la duda de asumir semejante compromiso “tras dos a√Īos de haberse retirado de los rings y con 40 de edad”. Floyd hizo todo lo que se hab√≠a firmado en el contrato y hasta podr√≠a asegurarse que lo excedi√≥ generosamente. Sobre todo cuando la venta de entradas, a raz√≥n de 10.000 d√≥lares cada ringside, ten√≠an poca demanda.

Lo que más le importaba a Floyd era que el módulo del negocio armonizaba con el riesgo. Tras ver en acción a McGregor, todo su equipo sabía que el esfuerzo por lograr una buena condición física reportaría una base de 100 millones de dólares con un regreso triunfal tras un desarrollo dominante y voluntario.

El secreto estaba en las diferencias de conocimiento t√©cnico. Floyd, hijo y sobrino de grandes campeones, comenz√≥ a pelear como amateur a los 16 a√Īos. Realiz√≥ 84 peleas como aficionado, ganando los Guantes de Oro de los Estados Unidos en 1993, 1994 y 1996, a√Īo en que lleg√≥ a semifinales de los Juegos Ol√≠mpicos de Atlanta. Antes de subir a un cuadril√°tero para realizar pelea alguna, estuvo un a√Īo para aprender a caminar sobre el ring y medio a√Īo para comenzar a darle precisi√≥n a la partida de cada uno de los seis golpes permitidos por los reglamentos del boxeo.

Cuando ya era Campe√≥n Mundial de cuatro categor√≠as ‚Äď Super Pluma, Liviano, Super Liviano y Welter ‚Äď y ganaba su combate n√ļmero 39 frente al ingl√©s Ricky Hatton por K.O.T en el 10 asalto, el irland√©s Conor McGregor debutaba en el oct√°gono de la UFC. Eso significaba que bajo las reglas del boxeo, Floyd sab√≠a que su √ļnico esfuerzo ser√≠a, como siempre, presentarse en la mejor condici√≥n f√≠sica. Era todo: entrenarse, tener mucho aire, buenos desplazamientos y cierta velocidad para el segmento del contraataque. Sin que McGregor pudiere apelar a ning√ļn recurso del Jiu Jitsu, (agarres, estrangulaciones, palancas de brazos y de piernas), ni a las del Karate (patadas, pu√Īos, golpes de mano abierta, luxaciones o inmovilizaciones) ni tampoco a las del Kickboxing (pu√Īos, codos, patadas con la tibia o el empeine) ni al Judo (presi√≥n, amarre, derribe e inmovilizaci√≥n), ¬Ņa qu√© quedaba reducido McGregor?, ¬Ņcu√°l ser√≠a el riesgo real de Floyd? Absolutamente ninguno. Le llevaba 49 peleas de ventaja, que es como decir unos 350 rounds en el m√°s alto nivel del boxeo hist√≥rico. M√°s simple a√ļn: cuando Mayweather realizar√≠a su combate n√ļmero 50, McGregor debutar√≠a como boxeador. A pesar de lo cual estos genios del marketing, que fueron todos los que armaron el negocio, hicieron que la gente se interesara, que hubiese apuestas, que se discutiera previamente y que 6.5 millones de personas s√≥lo en los Estados Unidos la vieran por PPV a un promedio de 90 d√≥lares “per c√°pita”, produciendo ingresos brutos por 585 millones de d√≥lares aproximadamente.

Floyd ya hab√≠a ganado 4.4 millones de d√≥lares por P.P.V frente a Manny Pacquiao; 2.2 millones ante Sa√ļl Canelo √Ālvarez; 2.4 millones contra Oscar De La Hoya, ¬Ņy ahora frente a McGregor, retirado, con 40 a√Īos y 49 peleas encima? Si, gan√≥ m√°s que en las anteriores: seg√ļn Dana White, CEO de la UFC, fueron 6.5 millones de d√≥lares, m√°s el porcentaje por la venta de los tickets, m√°s los patrocinios, m√°s la publicidad en la indumentaria y otros bonus a√ļn no dados a conocer.

El ex campe√≥n mundial sab√≠a que era un dinero f√°cil, como todo dinero que se gana sin arriesgar. Y acept√≥ pelear, pues le dar√≠a la posibilidad de reencontrarse consigo mismo. Elevar su “super yo”, volvi√©ndose a comprometer con el espect√°culo para sentir nuevamente un estadio vibrante al conjuro de su arte. Este hecho no lo produc√≠a Floyd desde hac√≠a varios a√Īos. En la medida en que fue creciendo en edad se torn√≥ cada vez m√°s austero y previsor sobre el ring. Frente a Canelo √Ālvarez, Maidana, Pacquiao o el propio Berto, estuvo refugiado en un sector del ring esperando contragolpear, dando respuesta a los golpes de sus rivales, saliendo poco a contraatacar, evitando cruces y cambio de golpes. Pele√≥ s√≥lo para √©l, concentrado en la acumulaci√≥n de puntos propios sin importarle mucho su entrega al p√ļblico.

Cuando finalmente en junio de 2017 pudo cerrarse el complejo esquema de este negocio con tantas particularidades, lo que m√°s entusiasm√≥ a Floyd fue poder ofrecer un buen show. Reposicionarse como el fen√≥meno t√©cnico que fue, mostrarse involucrado con “in crescendo” del show, o sea ir de menos a m√°s. Sab√≠a que iba a ganar f√°cil y que se iba a lucir. Y tambi√©n sab√≠a que habr√≠a de hacer lo que quisiera con McGregor. Lo √ļnico que no pod√≠a era “degradarlo” de entrada, disminuirlo o procurar una est√©tica grosera. Finalmente el irland√©s no era otra cosa que un un rival a quien √©l mismo, como empresario, hab√≠a contratado.

Pasados los primeros tres asaltos, en los cuales permiti√≥ que McGregor se mostrara vigoroso y determinado, comenz√≥ la etapa de la demolici√≥n psicol√≥gica que abarc√≥ del 4¬į al 6¬į. De all√≠ en adelante aceler√≥ el ritmo, apelando a descargas pulcras y precisas en ataque, con ganchos a la zona abdominal y cruzados a la mand√≠bula, hasta terminar en el momento elegido. El diletante irland√©s estuvo a un golpecito del nocaut por toda la cuenta. Fue una pena que el refer√≠ Byrd se hubiese apresurado al decretar el nocaut t√©cnico. Este show merec√≠a la cl√°sica foto de un derrotado en la lona, un √°rbitro hincado contando hasta el out y un triunfador extasiado levantando los brazos para el delirio del p√ļblico.

Todav√≠a no est√°n cerrados los n√ļmeros finales. En realidad, dif√≠cilmente se den a conocer con fehacienticidad. Son empresas privadas y no tienen obligaci√≥n alguna. Pero lo que resultar√≠a indiscutible es que Mayweather super√≥ el piso fijo de los 100 millones de d√≥lares y McGregor el de los 30 millones de d√≥lares. Y sin ubicarnos en los extremos que circulan como versi√≥n sobre 300 para Floyd y 100 para el irland√©s, ubic√°ndonos en el medio podr√≠amos calcular razonablemente que el ex campe√≥n mundial pudo ganar 200 millones de d√≥lares y McGregor arrimar a los 50 millones. Esto significar√≠a que Mayweather recibi√≥ un promedio de 1.750.000 d√≥lares por cada golpe que tir√≥ y McGregor alrededor de 437.500 d√≥lares. Un genial r√©cord del marketing.

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