Veracruz y la Federación

25 noviembre 2016 | 9:23 hrs |

Por Filiberto Vargas Rodríguez

Javier Duarte se fue sin avisar y no pagó lo que debía.

Flavino Ríos admite que se debe, pero aclara que no hay dinero para pagar. Hace énfasis en que los compromisos son institucionales, no personales.

Miguel Ángel Yunes aclara que él no absorberá la “deuda de corto plazo” que hoy es tan grande como la bancaria y bursátil.

– ¿Y entonces -se preguntan los acreedores- con quién me entiendo?

Esa incertidumbre es, en gran medida, la razón de que se crispen los ánimos. Esa incertidumbre es la que permite hoy manipular a comerciantes y constructores, a los maestros, a los policías, a los agentes de tránsito, a los pensionados o a los burócratas, a los que espantan con el petate del muerto: “Si no cobras antes del 30 de noviembre, dalo por perdido”.

Apenas la semana pasada el periodista Diego Petersen, radicado en Guadalajara, reflexionaba sobre la petición (o exigencia) de Miguel Ángel Yunes Linares al gobierno federal para que entre al rescate de Veracruz:

“No tengo nada en contra de los veracruzanos, pero cualquier otro ciudadano de Campeche, Sonora o Colima podría con toda razón citar a Fox y decir ‘¿Y yo por qué?’. Cualquier peso extra que la Federación asigne a Veracruz es en detrimento del resto de los estados del país. El dinero no es de Peña, ni de Meade, es de todos y cada uno de los mexicanos que pagamos impuestos y los diputados, de una manera justa o injusta, ese es otro tema, ya decidieron cómo repartirlo. Los responsables de la malversación son los propios veracruzanos, como los jaliscienses somos de lo que se roban en Jalisco, o los regiomontanos de los desfalcos de Medina. Ellos, los veracruzanos y nadie más eligieron a Duarte, eligieron a los diputados locales que no hicieron su chamba y a los diputados federales que no movieron un dedo a pesar de tener los informes de la Auditoría Superior”.

Lo que en estos momentos se discute es el peso específico de la Federación en los temas financieros de los Estados.

El jurista Salvador Valencia Carmona, en un estudio en torno al Federalismo Mexicano, advierte que uno de los problemas más serios se da en el ámbito hacendario “renglón en el que ha existido un notable desequilibrio en perjuicio de estados y municipios”.

Exrector de la Universidad Veracruzana y especialista en la materia, Valencia Carmona señala:

“Pese a los esfuerzos realizados las proporciones de la Federación, estados y municipios en el presupuesto nacional no han variado de manera sustancial, de ahí que esté permeando entre nosotros la necesidad de un serio replanteamiento desde la misma Constitución de las principales fuentes de ingresos que percibe el Estado mexicano, con el ánimo de hacer una redistribución de las facultades que actualmente tiene otorgadas el gobierno federal, para que los estados y los municipios participen de manera más efectiva en el presupuesto nacional, de tal modo que dependan de manera fundamental y prioritaria de sus propias fuentes de ingreso, y sólo complementariamente de las participaciones y aportaciones federales”.

La pregunta sigue siendo: ¿Debe ser la Federación corresponsable del comportamiento financiero de las entidades federativas?

Héctor Aguilar Camín tiene su propia lectura frente a esa disyuntiva:

“El caso de Veracruz es delirante y será probablemente el que empiece a marcar la pauta del techo, el no va más, del federalismo mexicano actual. Al menos eso anuncia la respuesta de Hacienda, y del propio Presidente. A los llamados de rescate del nuevo gobierno de aquel estado. Le responden: habrá ayuda, pero no habrá rescate. El secretario de Hacienda señala los caminos alternos: “Acceder a los mercados, reducir su gasto, fortalecer los ingresos propios, pedir un adelanto de las participaciones, buscar créditos de corto plazo o recurrir a la banca de desarrollo”. Yo leo en esta decisión el principio del fin del federalismo que conocemos, por la más ruda de las razones: no hay dinero para seguir la fiesta”.

A final de cuentas alguien tiene que pagar.

Veracruz no se puede quedar perdido en la indefinición.

No hay soluciones mágicas.

Todas implican sacrificio y todos tendremos que asumirlo.

 

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