Veracruz sin previsión urbano-regional

1 mayo 2015 | 11:29 hrs |

Presente y futuro. Hechos evidentes y daños contundentes.

En el presente, la administración pública estatal y municipal debilitándose, deficientes y empeorando; y en el futuro, con perspectivas poco halagadoras o de plano peor, porque simple y sencillamente la previsión no existe.

¿El que esté libre de “finanzas sanas”, que se tire su primer deuda?

Por citar uno de sus evidentes y cotidianos aspectos: ¿Cuál planeación urbano-regional estatal y municipal? ¿Por qué servicios públicos más caros y limitados y de dudosa calidad?
¿Cuál autoridad que regule y controle el crecimiento de asentamientos humanos, movilidad, seguridad, esparcimiento y edificación en general?

Ley de la selva, predominio del más influyente, con “agenda urbana propia y al gusto”. Gran mercado de negocios, favores y componendas, con “ventanilla única” hacia desorden y abuso. La feria de los “moches”. Remante y apropiación privada, de inmuebles y patrimonio público, para “FOTON” del recuerdo y el inundado de recursos públicos y carísimo “TUNEL SUMERGIDO”, que comunica al más allá.

A pesar de la existencia de importantes zonas metropolitanas, conurbaciones, corredores y ciudades. No hay políticas, programas y acciones gubernamentales de desarrollo urbano y regional actualizados, consistentes, viables y pertinentes.

En algunos casos, predomina el juego de “Juan pirulero”…o el de la pirinola: todos ponen, porque alguien toma todo.

RESPONSABLES PRESENTES Y FUTUROS.

La inalcanzable pretensión de lo mejor o menos malo, es fácil y hasta obligadamente desplazada por resignación y orientación a lo costoso, malo o peor, conformismo y aguante a padecer desorden, corrupción y agandaye.

Así, ni siquiera se pregunta sobre los responsables; si se cumplen normas y especificaciones; si se prevé lo previsible y se evita lo evitable; y, desde luego, si se garantizan libertades y derechos humanos, con los servicios públicos que permanentemente demanda la población.

No hay justificación y las preguntas son inevitables. ¿Quiénes y cómo se constituyen autoridades urbanas? ¿Bajo qué condiciones son responsables de lo que autorizan, promueven y controlan?
O qué, aparecen por su cuenta y a su antojo las nuevas colonias, los anunciados y respaldados fraccionamientos. Las monstruosas edificaciones y torres símbolo de abuso e imposición. Muchos de ellos sin servicios básicos.

EL PLAN ES QUE NO HAYA PLAN.

Por el momento, no abordare aspectos técnicos y legales que exige y caracteriza todo ordenamiento territorial, la remediación y sustentabilidad del desarrollo urbano-regional y su previsión a detalle, con participación social, seguimiento y control, planes y programas viables y evaluables.

Permítase por ahora sólo llamar la atención, sobre algunos temas que pueden ayudarnos a entender y atender, diversos aspectos de nuestras ciudades y sus entornos, para convertirlas en espacios habitables, esto es, con la suficiente cantidad y calidad de servicios públicos básicos. Para evitar se multiplique y agraven en ellas, limitaciones, sacrificios y conflictos.

Uno de los puntos centrales es la falta de previsión, de actualización y modernización de los instrumentos oficiales. No hay lagunas técnicas y jurídicas, hay mares y océanos.

Consecuencia de este deliberado vacio de ordenamiento se puede comprobar, la concentración de poder o de decisión en el voluntarismo y la discrecionalidad de unos cuantos servidores públicos que, como también es natural, se escudan y protegen en los funcionarios titulares de las áreas involucradas y, hasta en los mismos gobernantes estatales o municipales, que los nombran y protegen.

Oportuno y hasta obligado reconocer, que muchos, en su desempeño oficial hacen poco, no sirven para nada o de plano orientan y dedican, buena parte de su actividad, al uso y abuso de recursos públicos y de atribuciones oficiales para su beneficio propio o de grupo, incluso, y hasta para actividades ilegales.

Otro aspecto que también aumenta y se complica, es el de la falta de coordinación entre dependencias del mismo ámbito de gobierno. Más problemas, cuando la lista crece y no sólo no se coordinan, sino que tampoco se ponen de acuerdo en la actualización, vigencia y aplicación de la normatividad correspondiente, llegando incluso a padecerse disposiciones oficiales contradictorias o incompletas (¿para llegar a algún arreglo?), según la dependencia de que se trate.

Y peor, cuando resultan obligaciones o asuntos que involucran a los diversos tipos de gobierno, dentro de cada uno y entre ellos.

Esto es, no sólo enfrentamiento entre dependencias municipales, estatales y federales; sino también entre municipios colindantes, conurbados o en misma región o área metropolitana. Gobiernos municipales que acuerdan no acordar.

Por último hay que comentar, la notoria y creciente inconformidad social y expresión pública de protesta, por la falta de atención oportuna a múltiples y variados problemas urbanos, que simplemente prueban y comprueban que la falta de previsión, aunada a la mala o peor administración pública, y a la pésima o convenenciera atención oficial de estos asuntos (muchos urgentes e injustos), pretenden resolverse con la elevación o encarecimiento de los servicios públicos, y hasta con la falsa solución de la privatización. Resistencia y desobediencia civil apenas empiezan, sin previsión y adecuada atención crecerán y se complicarán.

La cuestión urbano-regional exige de una responsable capacidad de organización, administración y efectividad política, sobre todo para incluir la importante y determinante participación ciudadana y social.

SERVIDORES QUE SIRVAN, NO QUE SE SIRVAN.

En fin, como en todos los asuntos del buen gobierno se buscan y requieren, funcionarios, líderes y servidores públicos con responsabilidad social y capacidad verdadera, demostradas en hechos no en discursos y autopromociones.

Dispuestos a lograr objetivos y metas, entregar buenos resultados y rendir cuentas puntualmente, como base de su desempeño y continuidad, no en el reciclaje de la complicidad y la impunidad.
A estas alturas, con nuevas tecnologías y formas de comunicación es ampliamente conocido, y en algunos casos hasta escandaloso, que demasiados servidores públicos (electos, elegidos o nombrados), no se caracterizan por honestidad y capacidad, sino por estar dispuestos a rapacidad y voracidad, “no tienen llenadera”.

Grave no exigir y apoyar eficiencia y efectividad, sino mediocridad y perversidad. Cuando se busca discrecionalidad y voluntarismo, obediencia encubridora y lealtad criminal; y se impone opacidad a transparencia, complicidad a productividad, simulación a veracidad.