Veracruz rojo

21 enero 2016 | 14:46 hrs |

Alguna ocasión se puso de moda este color, que se tuvo que soportar por casi 11 años, todo era rojo, escuelas, edificios, hospitales, canchas deportivos, edificios públicos, chamarras, carros, había una saturación que rayaba en el hartazgo de ver este color por todo el estado de Veracruz.

Podríamos o no estar de acuerdo en que todo se pintara de rojo, esa era una decisión muy personal.

Pero en lo que no podemos estar de acuerdo, creo, en que ahora ese color rojo solo sea de sangre, sangre de veracruzanos, veracruzanos trabajadores, veracruzanos honestos, que tratan de luchar el día a día para cambiar un poco el rumbo de sus vidas.

Y en lugar de encontrar un refugio, un entorno apropiado, unas políticas públicas para realizar sus mínimas aspiraciones de vida, una institución estatal aliada lo que encuentran es la muerte. Muchas de ellas violentan; y ese rojo de su sangre ha pintado a Veracruz a lo largo de todo las regiones, desde Pánuco hasta Las Choapas.

Diario vemos o leemos o sabemos de gente que han asesinado, que han desaparecido, y eso se ha vuelto cotidiano, cotidianeidad que de tanto ver no vemos.

Pero hoy cuando leemos de la desaparición de cinco jóvenes de allá de Tierra Blanca, y nos enteramos que fue la policía estatal quien los entregó al crimen organizado, la indignación contra las autoridades estatales crece, el color rojo se volvió más intenso.

Pero que pasa, nada; respuestas oficiales, las de siempre, siempre respuestas insensibles; insensibles hacia nosotros, población en general; y ya no digamos esa insensibilidad hacia los familiares de esos desparecidos, o de desaparecidas, recordemos el caso de la señora de Orizaba que exigía le informaran de su elemental derecho de petición, le informaran donde estaba su hija, la respuesta institucional: silencio y apatía.

Se puede vivir en paz, siendo millonario, odiado por un pueblo entero, culpable de muchos hogares vacíos porque sus familiares fueron desaparecidos porque protestaban por esas políticas públicas –si así se le puede llamar al estado de derecho y seguridad pública en el estado- erradas; porque el estado no da las condiciones necesarias para que los pobladores del estado puedan trabajar tranquilamente sin tener que pagar cuotas al crimen organizado?

Se puede vivir en paz, con la conciencia tranquila sabiendo que las pensiones de los jubilados están en los bolsillos de algunos funcionarios públicos, y algunos diputados? Mientras estos pensionados suplican los que por ley les toca

Se puede vivir en paz, sabiendo que los indígenas se mueren día a día por que el dinero para comprar medicinas y pagar doctores y construir clínicas en sus comunidades están en las manos de unos servidores públicos?

Esa es también parte de la sangre institucional que por esas políticas públicas sociales se ha regado en todo el estado, no solo las muertes violentas, estas también forman parte de la estadística.

Estos servidores públicos pueden disfrutar sus yates y aviones, ya no digamos sus cuentas bancarias; pueden disfrutar a su familia, a sus hijos, sabiendo que son culpables de tanta sangre derramada en Veracruz.

Veracruz hoy se ha teñido de rojo.

¿Qué mas falta?

¿Qué mas debemos esperar?

¿Hasta donde llegará nuestra pasividad?

¿Hasta donde somos cómplices los que sabemos de leyes de tolerar esta situación?

Porque no asesoramos a las víctimas y llevamos sus denuncias a nivel nacional, para exponer que el estado de derecho en Veracruz falló;  y si ahí no hay respuestas, las llevemos al plano internacional.

¿Podremos aguantar 137 días mas –el 6 de junio habrá un nuevo gobernador- de esta situación?

¿Cuánta sangre más falta por derramarse?

Yo si puedo abrazar a mi esposa y a mi hija, disfrutarlas y convivir con mi conciencia; pero no tengo yates ni aviones, tal vez por eso si puedo hacerlo, pero también porque no he sido culpable de derramar sangre.

En nosotros está si queremos erradicar, este 5 de junio el color rojo de Veracruz.