Va a ganar Anaya (Primera parte)

5 febrero 2018 | 11:06 hrs | | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

 

No se trata de hacerle al pitoniso o aventarse con un bandazo “a ver si pega”. No, eso no se vale. Hay que analizar, desagregar y combinar elementos. Claro que me refiero a los elementos que están en la mesa, a la vista; algunos otros se infieren, pero los que son secretos no se pueden considerar y es allí donde no se vale especular.

Hace seis años, la lógica indicaba que Calderón jugaría a favor del PAN, no en contra de su partido. No fue así, los datos de la llevada y traída Casablanca, y otros, que hubieran sido determinantes si Calderón no los hubiera ocultado, se conocían en Los Pinos desde entonces, porque son datos del 2008.

Incluso en el supuesto de que los hubiera usado para sus siglas, como se hace en todo el mundo; no había con quién usarlos, porque el clan Calderón ya se había encargado de minar al PAN. De entrada persiguiendo foxistas y metiendo de cabezas sucesivas, dos antipolíticos en todos los sentidos: Germán Martínez y César Nava.

Calderón no tuvo estabilidad en la política interior, desprestigió al PAN con un gabinete plagado de improvisados. Le dio una fuerza descomunal al Secretario de Seguridad, García Luna y tuvo varios secretarios de Gobernación que no duraron, dos de manera fatal. Operó queriendo meter a la fuerza, a íntimos con deficiente carrera política y con una muy pobre identificación con el PAN: Cordero y Félix Guerra.

El resultado fue una Josefina con popularidad, pero demasiado idealizada; una que no arrancó nunca y no contó con el apoyo del presidente Calderón, que desde entonces perdió a su partido. Se le vio solícito para que llegaran los atlacomulcas.

Hoy, las circunstancias son otras. El clan Calderón se fue del PAN, dejando a unos cuantos incondicionales que le hacen de quinta columna light. El hecho es que no tiraron a Anaya, con todo y la campaña de medios de un inexistente piso parejo, que era más bien: “quítate tu para que me ponga yo”. Los estorbos internos dañan mucho, si no que se lo pregunten a Meade; Anaya ya no los tiene.

Y no los tiene porque fuera de Margarita, todos, lo que es todos: Madero, Bravo Mena, Yunes, Moreno Valle, los Adame, Márquez, Rodríguez Pratts, Rufo, Creel, y el patriarca Diego Fernández, por mencionar algunos, están con Anaya, sumados; no de manera incondicional como exige Obrador o como es costumbre en el PRI. Están con él, porque les conviene, ven que trae ganas y puede con el paquete. Eso es hacer política.

Entonces hablamos de una persona, Anaya que conoce el lenguaje político y los objetivos de la política; porque en ese asunto, se participa racionalmente, no por fe en otro igual que uno; haciendo compromisos de fidelidad malsanos, de una adoración de tipo religioso, como con Obrador que hasta la mano le besan los adictos a su secta. Eso no es política, ese tipo de fenómenos, los clasificó Michael Burleigh como una religión política.

Y para muestra, un botón de que Anaya conoce del negocio y no es un improvisado, como los últimos cuatro que se han sentado en la silla de la política, sin conocer el tema; está la tregua entre Dante Delgado del Movimiento Ciudadano y el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes. Punto.

Creo además que Anaya entiende meridianamente, que no hay para atrás.

Sencillamente es de locos pensar que se puede regresar al México de López Mateos, el que los viejos oyeron cuando eran niños y que no constataron en su problemática. El desarrollo estabilizador lo desconocen porque no entienden, que fue un acuerdo de posguerra y de la guerra fría.

Eso se acabó. Fue en el siglo pasado. Todo ese rollo de la doctrina Estrada y de la economía del estado cuando nueve décimas era controladas por el gobierno, como anotó Pablo González Casanova, en su libro “La democracia en México” y lo mismo analizaban Vernon, Padget, Brandenburg o Ross; pero esos amigos escribieron sus análisis hace sesenta años; y hoy todo es distinto: PEMEX, CFE y el IMSS, que son del gobierno, tienen pasivos laborales que los califican como: organismos… ¡en quiebra!; que los impuestos de los contribuyentes, tienen que abonar a un pozo sin fondo. Esas son realidades.

Si, se necesitan cambios de fondo y contra la corrupción e impunidad; controlar de tajo el gasto corriente y de allí a las burocracias. No crear más, como quiere Obrador que no entiende de racionalidades. Todavía no se registra y ya está repartiendo huesos.}

*Esta es opinión personal del columnista.