Una nueva era

Un cambio de sistema en el gobierno que se coloca del lado de los mártires

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3 diciembre 2018 | 9:18 hrs | Ángel Álvaro Peña | Ángel Álvaro Peña

Por Ángel Álvaro Peña

Más de 100 años los ricos fueron primero en las decisiones de los gobernantes mexicanos. Ahora que los pobres son primero las voces de protesta de quienes se autodenominan desposeídos se hacen escuchar en todos los medios.

Acostumbrados a tener las decisiones de gobierno que le convenían a la clase poderosa ahora, los que han sido beneficiados ilegalmente protestan ante un cambio de sistema en el gobierno y se colocan del lado de los mártires.

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Los discursos políticos no son para calmar los ánimos de nadie ni para quitarle el dolor de cabeza a los impacientes. Tampoco se trata de exigir un esquema a la medida de las necesidades de un grupo de mexicanos que no representa ni a una mayoría gremial.

Si la certeza no la dan las mayorías en una democracia qué certeza quieren algunos empresarios conocer. Están acostumbrados a encontrar la mesa servida, el camino allanado; sin embargo, nunca fueron capaces de voltear a ver a los demás. Los salarios eran una medida de dinero que manejaban a su antojo y regulaban de acuerdo a la ganancia y no a la capacidad de consumo de los trabajadores. Todo, claro, con la anuencia de los funcionarios públicos que preferían ser amigos de los empresarios que de los trabajadores.

El líder de empresarios, Claudio X. González, ahora convertido en una especie de líder opositor ante las posibilidades de perder lo que no le pertenece, señala que el discurso del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, motiva a la zozobra y la incertidumbre.

Claudio X. González afirmó que el primer mensaje de Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, generó incertidumbre y no abona a la disminución del ambiente polarización que se vive en el país.

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El presidente de Mexicanos Unidos Contra la Corrupción señaló: “el mensaje de toma de posesión de AMLO en lugar de suavizar el tono, buscar conciliación y unidad, endurece y radicaliza su línea anti-liberal. Con ello genera más dudas, incertidumbre y zozobra. El mensaje de un estatista, no de un estadista”.

Las muestras no sólo de confianza sino de afecto a Andrés Manuel López Obrador no habían ocurrido desde hace muchos años. Posiblemente desde que Lázaro Cárdenas convocó a los mexicanos a apoyar la expropiación del petróleo, cuando se veía a miles de mexicanos hacer fila para donar la alcancía o un animal comestible a la cuenta del gobierno para liquidar a los que explotaban nuestro subsuelo y se llevaban toda la riqueza del país.

Ahora, una vez que el régimen anterior subastó el petróleo cuya expropiación apoyaron mayoritariamente los mexicanos, llega López Obrador a convocar a los mexicanos a la paz y la concordia y rescatar lo que nos pertenece en son de paz, con la tranquilidad que emana en alguien que tiene la razón y cuenta con el pueblo a su lado.

Carlos Slim, en cambio, fue muy claro respecto al discurso de López Obrador. Afirmó que no considera que se trate de una agresión hacia los empresarios. Aseguró que, aunque se habló de neoliberalismo, sin ninguna duda, el presidente López Obrador se refería a que se tienen que acabar los frenos para el desarrollo, pues eso beneficiará al país.

El ofrecimiento de familias de cuidarlo y protegerlo desde la salida su casa en Tlalpan hasta el palacio legislativo para que no le sucediera nada malo, de los cientos de personas que esperaban su aparición a las puertas del edificio donde vive, es una muestra emotiva de quienes ofrecen su vida a cambio de la seguridad de su presidente. Un presidente electo sin mañas ni acarreos, sin fraude y sin manipulación.

A pesar de este tipo de demostraciones populares, al señor González le parece que hay incertidumbre en el país. A nadie puede importarle la buena salud de la Bolsa Mexicana de Valores con más de la mitad de los mexicanos en la pobreza. A nadie de los mexicanos de a pie le interesa que en esa subasta de acciones las empresas pierdan o ganen puntos, finalmente ese es el juego del mercado bursátil. Lo que interesa es que esas empresas que nunca o pocas veces han pagado impuestos, empiecen a pagarlos. Porque las ganancias del mercado especulativo no pagan impuestos cuando ganan, y cuando pierden tienen a los voceros de los medios, que es una señal de que al país le va a ir mal económicamente hablando.

La Bolsa Mexicana de Valores es un negocio paralelo a las ventas y el consumo directo de muchas de esas empresas, cuyas pérdidas o ganancias no afectan la economía de los mexicanos, como aseguraran hace un par de semanas los catastrofistas. Lo que sí afecta a la economía de los mexicanos es que muchas de esas empresas no paguen impuestos.

Ese es el México que le preocupa Claudio X. González, el de los ricos, para quienes trabajaron los políticos mexicanos del pasado por más de un siglo. De ahí que diga que la zozobra se apodera de los mexicanos ante los 100 puntos de gobierno anunciados por el presidente de la República.

La intención es sólo desgastar para debilitar y colocar un grupo de presión para sabotear el actual gobierno, no quieren un contrapeso, intentarán desestabilizar el actual gobierno por los medios que sea posible para desaparecer este gobierno que tanto les estorba.

Asegura González que el discurso carece de representación, cuando en realidad el día de la toma de posesión como nuevo mandatario del país, las encuestas más conservadoras lo colocan con un 86.9 de aceptación. Es decir que si las votaciones hubieran sido el 1 de diciembre la victoria hubiera sido más espectacular y la derrota de los otros partidos más contundente.

Las encuestas más precisas e imparciales sobre la popularidad de López Obrador señalan que 71.5 por ciento de los encuestados respondió haber visto o escuchado el discurso pronunciado por López Obrador. De esa cifra, el 38.1% de los encuestados, tiene una opinión muy buena del discurso, seguida por el 48.8% buena, seguido por 7% que lo consideran malo y solo un 1.8% muy malo.

Entre ese 1.8 por ciento está la opinión, nada autorizada y muy tendenciosa de Claudio X. González, cuyo padre Claudio X. González Laporte es uno de los empresarios más influyentes de México. Preside el Consejo de Administración de Kimberly Clark de México y el Consejo Mexicano de Negocios.

En este grupo confluyen varias empresas que no pagan impuestos a pesar de sus altas ganancias como es el caso de Bimbo. Resultaba tan sucio el contubernio entre empresarios y funcionarios públicos, que en marzo del año pasado el sistema de Administración Tributaria, conocido como SAT, se amparó para no dar a conocer la información sobre las empresas a las que se ha perdonado el pago de impuestos desde 2007, es decir, que se mantendrá en la opacidad al que debe ser conocido por todos los mexicanos debido a que el SAT interpuso un amparo para evitar que esa información salga a la luz pública.

Esta es la certeza que quieren personajes como Claudio X. González para tener disposiciones de gobierno a la medida.

Pero no es el único detractor que enseña el cobre. Hay quienes ven un obstáculo hasta la edad de López obrador, personajes que desde luego no conocen la historia ni del país ni de mundo, porque grandes hombres y mujeres en el devenir de los pueblos, incluyendo el nuestro, han realizado grandes hazañas políticas y hasta militares a mayor edad que la que ahora tiene López Obrador.

El caso es que toman cualquier pretexto para intentar desprestigiar un gobierno que apenas comienza y ven en su estructura el derrumbamiento de beneficios de los que han gozado desde hace más de un siglo.

Algunos de los selectos mexicanos deben fijarse, o debieron poner más atención a la inteligencia de los presidentes y no a la edad de quienes llegan a gobernar.

El apoyo masivo del pueblo mostrado el día 1 de diciembre, ya lo hubiera querido el PRI en sus mejores tiempos. Sobre todo, porque el tricolor nunca supo quién estaba en realidad de su lado ante la presencia de tanto acarreado en sus actos masivos. Ante el desconocimiento de la cantidad de personas con las que en realidad contaba ese partido la perspectiva de las votaciones del 1 de julio se les fueron de las manos.

Antes eran primero los ricos ahora son primero los pobres, tanto derecho tienen unos como otros de tener un país mejor, pero, sobre todo, sin diferencias sociales y económicas tan profundas que, de tan abismales, ofenden e indignan. PEGA Y CORRE. – Lo que tiempo se llevó en la administración anterior en Veracruz es digno de consignarse, porque muestra la calidad inhumana de los funcionarios que la conformaron. Un ejemplo claro e indignante de este tipo de servidores públicos sin conocimiento de su cargo y carentes de sensibilidad es el ex titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Jaime Téllez Marié, quien dijo en su comparecencia ante el Congreso estatal que el incremento en feminicidios en la entidad se debía a que “cada día más mujeres se ponen en riesgo con las actividades que realizan”. Ahora está desempleado, y no por discriminar a las mujeres sino porque ya se le acabó la chamba. Cómo es posible que gente como esta estuviera en un puesto clave de la administración de Yunes Linares… Esta columna se publica los lunes, miércoles y viernes.

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Esta es opinión personal del columnista