Un pueblo sin memoria está condenado a repetir sus errores

26 septiembre 2016 | 12:16 hrs |

Por: Emilio Gonzalez Gomez 

A punto de concluir el sexenio próspero quizá convendría revisar de manera rápida el destino de otros ex gobernadores, porque el 2011-2016 ya es otra historia. Incluso, con una sucesión anticipada, donde José Yunes Zorrilla puntea en las encuestas y preferencias electorales, mientras el PAN promueve a Fernando Yunes Márquez, dos caballos que están jugando en el mismo carril.

Fidel Herrera terminó el mandato constitucional y desde entonces, ninguna otra oportunidad política ha aparecido en su vida. En el imaginario colectivo, sin embargo, existe la sensación y la percepción de que está pendiente de “Los niños de la fidelidad” que ahora defienden a Javier Duarte de Ochoa a capa y espada.

Miguel Alemán Velasco dejó de ser gobernador y regresó a sus orígenes empresariales. El gran competidor en México y en algunas partes del mundo con su empresa aérea. Interjet, lejos del mundanal ruido de la política. De vez en cuando visita el Puerto de Veracruz o Xalapa para saludar a sus amigos, pero sin meterse en “camisa de once varas”.

Patricio Chirinos Calero ha sido, quizá, el más institucional de todos. Por aquí terminó el mandato se recluyó a la vida privada. Por ningún lado público se asoma y tampoco para nada. Como si de plano hubiera volado al cielo. Su esposa Sonia Sánchez apoyo la campaña de Héctor Yunes, y volvió a la Ciudad de México.

Dante Delgado Rannauro sigue en la política. Con su partido, el Movimiento Ciudadano, ligado a Andrés Manuel López Obrador, en espera del futuro de Morena. También despachó como senador de la república.

Fernando Gutiérrez Barrios dejó la gubernatura a los dos años para convertirse en secretario de Gobernación. Luego, coordinó la transición presidencial. Y después fue investido como senador. Y falleció en el desempeño del cargo senatorial.

Agustín Acosta Lagunes también se redujo a la vida privada. Bueno, digamos que a la vida académica, discreta, como director del Museo de Antropología. Pero más bien, entregado casi de tiempo completo a sus ranchos.

Rafael Hernández Ochoa optó por la misma decisión. Lejos de la vida pública. Ningún cargo político más volvió a ocupar. Su vida giraba alrededor de su familia y sus ranchos, hasta morir, parecen, en un accidente automovilístico.

Rafael Murillo Vidal terminó la gubernatura y se acomodó como director del Archivo General de la Nación. Un cargo público de bajo perfil, sin involucrarse en la vida pública ni menos, mucho menos, en las tareas de Veracruz. El deber cumplido y el retiro.

Y Fernando López Arias, luego de su carrera política como senador de la república y procurador de Justicia de la nación, la gubernatura, y después, al retiro. Sin grupos políticos de por medio. Y si los formó, solo heredó una generación de jóvenes creados a su cobijo, y por tanto, considerado como uno de los mejores mandatarios en la vida local por haber dado oportunidad a un montón de universitarios, a quienes formó en el Estado de Derecho, él mismo, un legalista.

Se ignora si en cada caso cada gobernador fue construyendo su destino, preparándose para después de. Quizá a muchos de ellos la política los fue llevando. Acaso decidieron retirarse luego de cumplir con la más alta distinción de un ciudadano, como es gobernar y servir a su pueblo, apegado, simple y llanamente, a la Constitución General de la República y a la Constitución local.

Pero si en la política es importante el ejercicio del poder durante 6 años como jefe del Poder Ejecutivo Estatal, más, mucho más trascendente es la vida posterior.

Y más, cuando al poder se llega en una edad joven para aprovechar la coyuntura histórica, el fuego y la pasión y la energía de un hombre en la plenitud de la vida.

UN TLATOANI EN SU FEUDO

De los anteriores ex gobernadores solo dos estuvieron en facultad de heredar el cargo a un amigo, a un cuate, a un contemporáneo, a alguien del mismo equipo.

El primero, Fernando López Arias con Rafael Murillo Vidal, ambos senadores de la república, ambos provenientes del mismo equipo político, ambos amigos fuera de dudas y reservas, suspicacias y perspicacias, hombres cabales.

Y el segundo, Fidel Herrera con el señor J.D., cuando el presidente de la república era panista, y por tanto, cada gobernador priista de la nación se convirtió en un tlatoani en su feudo, un señor de horca y cuchillo en su reino, en su imperio, en su emporio y en su feudo.

ENTRAR A LA HISTORIA, LA GLORIA Y LA INMORTALIDAD

Hay políticos que, lógico, dueños del día y de la noche, sueñan con entrar a la historia. Antes y después de mí. El parte aguas. El Mesías.

Otros políticos, además de soñar con entrar, y entrar bien a la historia, sueñan con ingresar a la gloria.

Y otros más, los más ambiciosos, buscan ingresar a la inmortalidad.

Por ejemplo, políticos que trascendieron más allá de los límites geográficos de Veracruz y entraron, a la historia y la gloria, figuran, entre otros, Adolfo Ruiz Cortines (1944-48), Miguel Alemán Valdés (1936-1939), Heriberto Jara Corona (1924-27), Juan de la Luz Enríquez (1884-92) e Ignacio de la Llave y Segura Zevallos (1861-1862).

No obstante, entraron a la historia, la gloria y la inmortalidad, Antonio López de Santa Anna (1829-1830) y Guadalupe Victoria (1824-1825).

El resto, claro, lograron cuando menos que algunas calles y avenidas de Veracruz y uno que otro asentamiento humano irregular lleven sus nombres, pero caminaron por el palacio principal la Atenas Veracruzana sin pena ni gloria.

JAVIER DUARTE DEJÓ ESCUELA

Y finalmente, Javier Duarte dejó una escuela de junior prósperos que al amparo del poder amasaron fortunas que ya otros se encargaron de publicarlas, residencias, cuentas bancarias, lujos y más lujos con dinero del pueblo.

PUEBLO SIN MEMORIA ESTÁ CONDENADO A REPETIR SUS ERRORES

Si existe una frase histórica ligada al pasado, sea reciente o no, de una nación o estado, es la que reza “Un pueblo sin memoria está condenado a repetir sus errores”. Hoy vivimos tiempos de convulsión social, donde miles de personas salen a las calles a exigir al gobierno que cumpla su labor, pero ya no hay tiempo, pronto se van y no regresarán, pero lo que se llevaron.

“Los hombres y pueblos sin memoria, de nada sirven. Un pueblo que conoce su historia, reconoce sus errores y evitará volver a cometerlos, aunque a veces sufre amnesia y vuelve a tropezar con la misma piedra.