Un gabinete debe integrase por personajes experimentados y respetuosos de las leyes

9 noviembre 2016 | 19:01 hrs |

Diálogos con “El Negro” Cruz*

Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo. Éxodo 18:20-22

El más grande dilema de un gobernante que inicia su administración, es decidir de quienes se hará acompañar para llevar a cabo su misión, en esta decisión primigenia se radicará el éxito o fracaso de la administración.

Esa fue, justamente, la instrucción que recibió el patriarca Moisés de Yahvé: “elige varones de virtud que aborrezcan la avaricia”.

Por desgracia, a últimos tiempos la composición de los equipos de trabajo de un gobernante está definida por las llamadas “cuotas y cuates”, es decir, por los compromisos asumidos con los distintos grupos de poder y por los típicos “compadrazgos”, que hacen llevar a posiciones inimaginables, a los amigos que jugaban futbol o billar con el flamante mandón.

¿Qué es lo que se dedica a hacer una mujer o un hombre que se encuentran de pronto ubicados en una alta jerarquía de poder y que no tienen la suficiente preparación profesional y de vida para llevarla a cabo?

Por lo general, no hacen nada bien, debido a que enseguida se rodean de aduladores que les hacen alejase de la realidad, posteriormente viene la frase mortífera: hemos descubierto que con la partida tal se puede hacer un negocito “limpio”, nadie se va a dar cuenta. Ahí los empezamos a perder.

Sin embargo, el problema de no allegarse a los colaboradores más preparados se agudiza cuando el presunto nuevo gobernante no cuenta con la experiencia necesaria, es decir: no sabe y encima de todo integra como asesores a otros novatos, peor imposible.

Pero ahí no para todo, no sólo no se buscan personas que no estén dominadas por la avaricia, por el contrario, se requiere a los más rapaces y sin el menor rastro de escrúpulos, aquellos que estén dispuestos a entrarle “a todo” sin cortapisas, las triquiñuelas se convierten en el mayor mérito curricular.

La falta de prudencia, inteligencia y sabiduría a dominado a la mayoría de los nuevos militantes de la clase política, por su falta de talento y experiencia, suelen romper, como chivos en cristalería, los equilibrios que permiten el funcionamiento social, prácticamente depredan todo lo que está a su paso, pierden el piso y sí en algún momento escuchaban consejos, el “éxito” de la inmediatez los hace muy soberbios…las consecuencias siempre llegan, tarde pero llegan.

Considero indispensable que los nuevos valores que buscan destacar en la administración pública, sean sometidos a intensas etapas de preparación en las cuales se pueda hacer alguna suerte de comprobación de su compromiso social. Sería injusto generalizar y no reconocer que un gran porcentaje de los jóvenes cuentan con una elevada vocación de servicio, el problema radica en que sigue predominando en la mente de los jefes aquella frase que dice: “¿qué horas son? Las que usted guste señor presidente”. Por esto último se guían para elegir.

Mientras los gobernantes no asuman que el poder es temporal y por lo tanto no puede manejarse en sentido patrimonialista, seguirán optando por empleados sin mayor mérito y experiencia, que sirvan a sus intereses aviesos y no a los de la ciudadanía que representan.

Caramba, el general Cárdenas llegó a la presidencia con poco menos de cuarenta años, no obstante, eso no le impidió ser uno de los mejores mandatarios de la historia…claro, se hizo aconsejar de hombres de sapiencia como Jesús Silva Herzog, Ignacio García Téllez, Manuel Ávila Camacho y Narciso Bassols, entre otros, eso marca diferencia, la historia lo demuestra.

¿Se imaginan que don Lázaro se hubiera rodeado de “reinis” y “guachomas”?

*Vivencias de Rafael “El Negro” Cruz, editadas por Javier Roldán