Un día desde las mañaneras

2 junio 2019 | 10:44 hrs | José Sobrevilla | Columnistas

Por José Sobrevilla

Este año, en enero, la Real Academia Española, RAE, modificó su definición de periodista a petición hecha en 2015 por el reportero español Ramón Salaverría. Esto porque hoy todo ciudadano puede publicar informaciones y algunas alcanzar gran impacto público, pero eso no los convierte en periodistas; como tampoco cualquiera que pueda curar una herida, se le puede considerar médico. Por ello, desde ahora, “el periodismo es una actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico”.

Viene al caso porque en las mal llamadas “Conferencias de prensa” mañaneras que diariamente da el presidente López Obrador en Palacio Nacional, son pocos los periodistas “de viejo cuño” y muchos –generalmente jóvenes– los que publican en Youtube y otros canales digitales; y porque además “a discreción” ingresan activistas, organizaciones sociales, ambientalistas, de seguridad, etcétera, que nada tienen que ver con la profesión. Por otra parte, el otorgamiento de la palabra es tan a “lo que diga mi dedito” que el titular del Ejecutivo ha desarrollado un enorme colmillo para capotear las respuestas: desviándolas, cubriéndolas de historia, responsabilizando a anteriores administraciones, o de plano estigmatizando como “emisarios de los conservadores”, “prensa fifí”, o “Mafia del periodismo”.

En diciembre no era difícil ingresar a “las mañaneras”; pero hoy las reglas se han endurecido y piden entre otras cosas, 1) Carta de la Dirección General, 2) Breve historia del medio, 3) Certificación de audiencia y/o circulación, 4) Exposición de motivos, 5) Semblanza curricular de las personas fundadoras del medio, 6) Semblanza curricular de quien esté a cargo de la Dirección General, 7) Semblanza curricular de la persona que desea acreditarse y, 8) Identificación oficial vigente; y sin embargo, pese a ello ingresan otras personas que no representan medios.

El desprecio al periodista o a quien ingrese “formalmente acreditado” es evidente. Para alcanzar los asientos delanteros se tiene que llegar muy temprano: hay quienes lo hacen desde 4:30 am. Formarse en una fila a la intemperie, respirando el olor del drenaje, del humo, soportar el ruido de las enormes plantas de la Comisión Federal de Electricidad. Si alguien quisiera sumar más muertos a los 13 comunicadores asesinados que lleva el gobierno de López Obrador, lo haría con enorme facilidad, porque todos estamos expuestos, formaditos, en una calle donde para un motociclista sería fácil escapar.

No han sido pocos los reporteros que han ido a exponer sus temores porque en sus lugares de origen los han amenazado, ya sea por políticos, autoridades policiacas o por el mismo narcotráfico, aunque muchas veces se conjugan. La fría respuesta de López Obrador siempre ha sido “que Alejandro Encinas, titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos atienda tu asunto” o que se turne al “Mecanismo de protección”, cuando todos en el medio sabemos de su inutilidad.

Que diferente fuera que, cuando el periodista Héctor Valdés Hernández denunció en una mañanera el acoso del gobierno de Quintana Roo contra su persona, o cuando el hijo del reportero asesinado (2018) en Nuevo Laredo, Tamaulipas, Carlos Domínguez Rodríguez, le reclamara que Morena esté postulando como candidata a la hermana del ex alcalde, Carlos Cantú Rosas, a quien señaló como el responsable de la muerte de su padre; que los llevará a su oficina y personalmente atendiera estos casos que en sí son muy graves; pero no, quienes ejercen la prensa como profesión no son dignos en la Cuarta Transformación de ningún trato digno.

Además, de la exposición al frío, la lluvia y la propia contaminación; una vez adentro la austeridad tiene a los asistentes sin acceso a agua, o café que, otorgarlos, podrían empobrecer más al gobierno. Tampoco permiten introducir nada de esto.

Ello pese a que estas “conferencias” le han ahorrado al gobierno un enorme gasto en publicidad, al grado que muchas empresas periodísticas han hecho despidos masivos de profesionales (y no) de la comunicación, y el mismo gobierno ha adelgazado o eliminado las salas de prensa que antes tenían las Secretarías.

En el lapso en que está uno formado, esperando la hora de la entrada (el reglamento señala las 6:20 am, pero siempre es 6:30, o 15 o 20 minutos antes de las 7 am) llegan muchas personas a pedir que se les ayude para hablar con el Presidente, o que publiquen o pregunten sobre cierto tema de su interés. Algunos de los interpelados los mandan a la Dirección General de Atención Ciudadana (DGAC) de la Oficina de la Presidencia, en donde sólo en los primeros meses de gobierno (del 1 de diciembre de 2018 al 31 de marzo de 2019) han recibido “29 mil 404 peticiones en las que solicitan desde empleo (6,485 registros) hasta seguridad (2,807), según reporta Susana Zavala (El Universal 31-05-2019).

Ramírez Cuevas Productions

Nadie ha podido probar que “las mañaneras” son previamente producidas por Jesús Ramírez Cuevas, el Coordinador General de Comunicación Social y Vocero del Gobierno de la República. Brozo, el personaje de Víctor Trujillo, prometió aportar las pruebas de ello, sin embargo hasta ahora no lo ha hecho. La promesa surgió después de que, en una mañanera Carlos Pozos (Revista Petróleo y Energía), rompe el protocolo y, al recibir por parte del Presidente la asignación de la palabra (tiene derecho dos preguntas), cedió la primera al ex alcalde de Lima, Perú, y YouTuber, Ricardo Belmont  que casualmente andaba en la capital del país y quería hablar con el Presidente.

En su procaz lenguaje, Brozo dijo que “todo era una producción y que el limeño usó la pregunta para besarle los huevos a López Obrador”; además que, como el objetivo de las mañaneras era “llegarle a la perrada, al pueblo, a la masa, y la masa es corriente y es ignorante y no exige porque no conoce, entonces le puedes vender cualquier mierda”. Así y desde entonces, Carlos Pozos ha sido acusado por los “reporteros” de ser comparsa y de haber “vendido” la pregunta. Sobre este tema se han escrito muchas columnas y realizado varios programas como el de Julio Hernández López (Julio Astillero, La Jornada y Radio Centro) entre otros; sin embargo, hasta ahora nadie ha podido comprobar que todo es una producción.

Lo que sí es un hecho es que el arbitrario y poco democrático señalamiento de quién sí puede preguntar y quien no, hace que las mañaneras dejen mucho qué desear en cuanto seriedad periodística del evento. Por otra parte hay un enorme desgaste porque muchos de los que la cubren tienen que hacer enormes sacrificios para llegar a ellas. Tzeltzin Juárez (Puntos Suspensivos) pone el despertador a las tres de la mañana para trasladarse desde la salida a Cuernavaca y llegar a las 5:30 am. Este reportero, fue asaltado en el transporte público durante el traslado de Tlalnepantla hasta Palacio de Gobierno.

Periodistas como Misael Habana de los Santos, de Acapulco, Guerrero (amenazado de muerte por autoridades del puerto) no pudo posicionar su pregunta la ocasión que se presentó y así muchos que viajan desde provincia con la esperanza de ser señalados por el “dedo presidencial” para exponer sus preguntas.

Muchas cosas están cambiando con la Cuarta Transformación. En otras palabras, todo está de cabeza. Al cerrar este texto me entero que el Instituto Mexicano de la Radio, Imer, cerrará gran parte de sus programas hablados por falta de dinero, sobre todo en varias estaciones de am. En lugar de ellos pondrán música. Usted qué opina ¿Cuarta Transformación? o ¿Transformación de cuarta?