Un camino muy cuesta arriba

20 febrero 2017 | 21:11 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

La conferencia sobre la situación económica de México, incluyendo Veracruz e incluso también algunos comentarios útiles sobre Xalapa, del experto en economía Fausto Hernández Trillo, en el auditorio del Museo de Antropología, invitado por la fundación que encabeza el empresario Nicanor Moreira, fue realmente muy aleccionadora y precisa.

El investigador y profesor en el CIDE, con sencillez y datos; aunque expuso el mal manejo de la economía y sus consecuencias. Aportó un espíritu constructivo adelantando una expectativa menor, pero que sería un respiro de lo que el IEPS del gasolinazo, les dejaría a los estados en las participaciones, pero no mucho más.

Hernández Trillo no ocultó las variables determinantes, que son inevitables por estructurales y aún las coyunturales, porque forman parte de lo que Trump, internamente va a ajustar allá con sus modificaciones fiscales: al bajar los impuestos a las empresas dejará a las reformas de Videgaray en la inoperancia, vacuas; porque sencillamente las estadounidenses, mejor contribuirán en su lugar de origen. Esos y otros efectos también serán negativos para el país.

México en síntesis está estancado desde los años setentas. Otros lo han rebasado y nadie sabe porqué.

Diferenció esas condiciones objetivas y también las subjetivas cuando la gente autovalida negativamente un proceso como son los rumores alarmistas, que incrementan gran parte, de la escalada de la devaluación. Pero el mejor deseo de ver las cosas en un rumbo de franca mejoría no se vio. Aunque el experto coincidió que con lo que he venido afirmando en anteriores publicaciones, que el arreglo fiscal de la Federación con los órdenes estatales y municipales está agotado y urge otro.

Dijo el Doctor Hernández Trillo que hay un enfoque erróneo, de parte de los que hacen políticas públicas. Una dicotomía: dos méxicos, uno al que se le carga todo y otro al que se aplican otras reglas, unas blandas o de plano no se les aplica ninguna. Una visón racionalmente incongruente, para tener, digo yo, no él, un mexicano cautivo para efectos fiscales que mantengan el enorme gasto corriente, absurdo e inexplicable, disfrazado de servicios colaterales de los programas sociales y otro, mexicano, éste, cautivo electoralmente mediante 350 programas, eso sí dijo, desvinculados entre sí.

La cuesta de Veracruz con un crecimiento en los últimos trimestres del 2016 de menos del 4 %, es un dato desalentador y “casualmente” desde el 2006, se ha estado decreciendo, en todos los órdenes. Parecería que hubo un esfuerzo por sumir a Veracruz en el umbral de la quiebra, durante dos sexenios de persistente vicio por destruir, y lo lograron. Lo que hasta la fecha, no concientizan los propios habitantes, que en dos sexenios, convalidaron con su voto una forma extrema de corrupción.

Lo que viene necesita unidad para enfrentar los retos. Las rivalidades echando culpas porque no cuajan las jugadas, no ayudan; el esquema es un gobierno de coalición que debe permanecer unido porque es lo que conviene, para tratar de resolver un problema que le quiebra la cabeza al mas pintado.

Ante todo hay que entender que si se logra alguna resolución favorable, no se volverán a presentar las condiciones del pasado, en las que el derroche y las irregularidades de un patrimonialismo mental y enfermizo, volcaron a Veracruz en la ruina.

Y eso va para las campañas que por debajo del agua gastaban a manos llenas. Lo mismo ha de decirse del órgano electoral, para el que cualquier viso de negocio era aprovechado al máximo.

La crisis en todo el país, la que no se admite en los discursos oficiales, ya es inocultable. Y el gobierno central quiera o no, va a tener que abandonar aliados de utilería; y esos líderes, tendrán que olvidarse de recibir gratuitamente beneficios que hacen inacabable al México de la informalidad, el que recibe siempre y quiere más y más. Un estilo de vida nihilista que vulgarmente es el estilo de los vividores.

Y eso implica paradójicamente para Veracruz clarificar y materializar los intereses generales sobre los particulares. Por lo pronto cambiar la posición de desventaja ante los acreedores y sus calificadoras, porque eso nos cuesta a todos. Y ese punto debe ser el objetivo común del sistema político en operación. Parafraseando a Ratzel un lebesraum financiero, un espacio vital financiero que permita subir un escalón o dos, en una cuesta muy empinada, pero sobrevivir.

Las condiciones obligan a los funcionarios, diputados y partidos a entender el contexto con precisión y con los principios legítimos del estado mexicano, de su legalidad: que no paguen los justos por los verdaderos culpables. Y que la racionalidad sea un propósito general, porque no se negocian feudos sino se debe buscar el servicio profesional y actualizado, junto con las capacidades acreditadas.

Por eso el poder es un ejercicio de contención de los arrebatos y apela a sumarse ante las crisis, no únicamente a tratar de sacar partido de ellas.

En lo político se trata de abonar al interés de sacar del pozo profundo al estado y eso, es labor de conjunto, y no se puede echarle montón a un ciudadano, a un trabajador o a algún secretario, como si fueran los verdaderos responsable de los éxitos o fracasos; porque finalmente, si sale bien el rescate de Veracruz; todos se benefician y si no, todos tendrán en su haber negativos unos más que otros.

La política es una acción colectiva, que se perfecciona en la practica consistente, pero respetuosa de las libertades ciudadanas. Por eso es buena la comunicación permanente, porque sin la participación de la sociedad no se va a poder salir del barranco. Hay que aplicarse con todo el profesionalismo y la ética, ante una sociedad informada y crítica, pero que también entiende el escenario heredado.

*Esta es opinión personal del columnista