Transporte

5 septiembre 2016 | 9:56 hrs |

Por Mario Noriega Villanueva

 

No es nada extraño, absolutamente nada extraño que los taxistas empiecen a inquietarse. Son apenas dos “gasolinazos”, de los que el Gobierno Federal, ofreció que habían acabado para siempre. En efecto en 2015, no los hubo, pero ahora, van ya un par de mandarriazos a la economía popular, contra las clases más débiles económicamente hablando y como siempre, los prestadores del servicio público –en estos momentos los taxistas, que son los que más se quejan–, ya fijaron su intención que no tardará en concretarse, de incrementar los precios del pasaje porque “ya no aguantamos. Nos pega muy fuerte cada alza a la gasolina”.

 

Si tienen toda la razón del mundo, sí golpea pero no nada más a ese sector, sino a todos los bienes y servicios. La canasta básica, ya está considerándose prácticamente como un lujo, porque todo aumenta, pero menos el salario mínimo que se pulveriza cada vez que son autorizados los aumentos a los combustibles. No solamente los taxistas resienten  ese fuetazo criminal. Quien verdaderamente lo resiente, es la familia mexicana, porque de repente ve que le tiene que dar más dinero a sus hijos para que vayan a la escuela, obviamente en transporte público.

 

Las madres se duelen ante la impotencia de poder revertir esta situación, al entrar a los mercados o ir a las tiendas a comprar que la leche, el frijol, la leche, el café, aceite; verdura porque fruta ni pensarlo porque está carísima, pero esa realidad nacional, no la ha querido aceptar ni mucho menos ver, el gobierno federal que con su economía macro, hace las cuentas del gran capitán y hay funcionarios que no son ni tantito sensibles y obedecen las órdenes que les dan ni siquiera de aquí, y las imponen sin pensar que miles, millones de sus compatriotas se verán en dificultades para procurar la alimentación de sus hijos y poco a poco la inanición irá haciéndolos presa hasta eliminarlos, algo que no les importa n lo absoluto a quienes autorizan y aplican estas medidas absurdas, nocivas, letales.

 

Si es cierto, los gasolinazos si impactan al transporte público en su modalidad de taxistas, como a los de autobuses, refresqueros, cerveceros, gaseros, etcétera, pero tampoco ellos son solidarios con la gente humilde que saben no tendrá paga pagar las tarifas que aplicarán aún sin la autorización correspondiente como siempre lo hacen y las autoridades correspondientes se hacen como el tío lolo, cuando la orden ni siquiera está en trámite.

 

Seguramente que el alza se dará y no tardará mucho, a lo mejor empiezan desde hoy o en unos días cuando mucho, con o sin autorización, porque si bien acaban de verse beneficiados con sus juegos de placas, pensarán que tienen derecho a hacer lo que les dé la gana, pues por esos pagaron las concesiones que les fueron entregadas por el gobierno estatal, el cual por su parte, complementa el guadañazo, subiendo las tarifas, pues para qué les liberan más juegos de placas sino para trabajarlas y no tenerlas de ocio, improductivas.

 

Lo que no se vale es que tenga que ser el pueblo, el que pague todos los errores e imbecilidades de otros. Cuando menos que les toque su parte o ¿no? Los afectados directos con todas estas alzas, con el tiempo terminan deglutiendo todo y tragándose su rabia, pero dispuestos a seguir vendiendo su voto en próximas elecciones y permitir al verdugo que continúe  cada vez más depredador de la economía..

 

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