Sucesión, voluntarismo y discrecionalidad

21 marzo 2016 | 14:33 hrs |

Por Rafael Arias Hernández

A menos de 254 días, el adiós para siempre. A 11 semanas de elecciones. Más deuda, ejecuciones, protestas e inconformidad. Más requerimientos de devoluciones y comprobaciones. Crece el clamor ¿Dónde están, los miles de millones de pesos desaparecidos?, por “manos limpias y frente en alto”.

Docena trágica de incalculables daños. Para bien y más para mal o peor, quienes gobiernan y el  partido que los postula, apoya y sostiene (PRI),  son los primeros obligados a asumir sus responsabilidades y culpabilidades.

Nada de evadir y minimizar las consecuencias del daño causado; o del logro alcanzado,  si lo hay. Mucho menos de echarle la culpa a otros, de ignorar lo que no se hizo y, sobre todo, de negar  lo mal o bien hecho.

Querían  confianza y representación públicas, ya las tuvieron.

No aprovecharon ni aprovechan oportunidades; malgastaron y malgastan, saquearon y saquean  los recursos públicos; y,  debilitaron y debilitan, arruinaron y arruinan dependencias e instituciones gubernamentales.

Exigir responsabilidades debe empezar por designados y electos, sin excepción.

 

IDENTIFICAR Y SEÑALAR, EVALUAR Y CALIFICAR

No confundir, ni confundirse. Hay responsables y culpables de la grave situación que se padece.

Desastroso y funesto no identificarlos, ni señalarlos. Se corre el riesgo de que el error de elección o designación se repita y empeore; o como casi es costumbre,  se perpetúe en más de lo mismo y los mismos. Grave la continuidad de  delincuencia e impunidad gubernamental. Simple adicción al verdugo.

La vida está llena de problemas. Decirlo no es nada nuevo, pero cuando estos crecen y se complican, entonces lo que queda no es vida, acaso sobrevivencia, impotencia y sacrificio.

Enfrentarlos y resolverlos es reto y razón de todos los días. Hacerlo en forma civilizada, en la concurrencia y respeto de derechos y libertades de todos,  no es nada fácil ni rápido. Otro tipo de dificultades,  también están presentes.

Se sabe desde siempre, que la mejor forma es respetar y fortalecer el Estado de Derecho. Imprescindible la convivencia y solución pacífica de problemas y conflictos individuales y  sociales, de coincidencias y diferencias de múltiples aspectos de la vida cotidiana.

Necesario  limitar, cancelar y alejarse de la barbarie, en todas sus formas destructivas y nocivas a la existencia y desarrollo humano. El comportamiento y la relación social, no debe orientarse ni privilegiarse a todo lo negativo y contraproducente de lo tribal, primitivo o salvaje, mucho menos a lo característico de la gavilla, horda, manada  o gavilla en donde voluntarismo y discrecionalidad, sobre todo del jefe en turno, y lo abyecto, servil y convenenciero del resto, dan lugar a excesos, abusos, pérdidas y sacrificios del conjunto y de quienes con ellos se relacionan o topan.

No más banda que manda, ni pandilla juvenil.

Para enfrentar y resolver problemas hay que cuidar y fortalecer a las instituciones públicas y, en particular, a las gubernamentales. Es urgente atenderlas.

En Veracruz poco o nada se ha hecho. Se puede comprobar, el alarmante grado de deterioro, debilitamiento, quiebra o destrucción a las que han llegado algunas, sobre todo por los excesos de voluntarismo y discrecionalidad, acompañados de opacidad, ineficiencia, uso y abuso de sus recursos y atribuciones.

La disposición, saqueo y desaparición de recursos institucionales es uno de los daños más frecuentes; la imposición en los cargos de incondicionales, serviles, ineficientes, ineptos, corruptos y hasta delincuentes, es otra.

Ya ni que decir de la simulación, opacidad, manipulación y falta de acceso a la información oficial, así como de la rara rendición de cuentas, corrupción de la cara e inútil fiscalización y ausencia de evaluación gubernamental.

La involución o destrucción institucional impide ya atender y resolver problemas, complicando aún más la situación.

 

RESCATE Y FORTALECIMIENTO.

Imposible ocultar lo evidente. Irresponsable ignorar el tamaño del daño causado y las perspectivas de que empeore. Sin instituciones no hay soluciones verdaderas y duraderas.

La revolución de nuestro tiempo consiste principalmente,  en apoyar y vigorizar  la lucha por  justicia y bienestar social; por sostener y apoyar  la democracia, fundamental en elección, instalación y operación de gobiernos responsables, comprometidos  a garantizar y  fortalecer libertades y derechos humanos;  sobre todo a crear y consolidar, modernizar y transformar las instituciones públicas, democratizando su existencia, uso  e influencia; y, en última y primer instancia, regresar al origen y razón de ser, gobernar al gobierno

La democracia representativa en México no representa lo que dice representar. No es democrática ni legitimadora de la existencia gubernamental. Pero sobre todo, no está terminada y mucho menos es perfecta, aunque se le defina y hasta defienda como dogma religioso  o imperativo social.

Lejos muy lejos de eficiencia, representación y operación aceptables. Si algo está claro es que exige mucha atención y permanente dedicación. Esfuerzo que nunca termina, labor siempre incompleta que hay que reanudar.

Al respecto Luis Rubio, cita a Douglas North, premio Nobel de economía, quien escribió que, “se requieren reglas formales (leyes) pero que estas son insuficientes: igual de importantes son las restricciones informales (normas de comportamiento, decencia, códigos de conducta) y, sobre todo, la efectividad de los mecanismos que las hacen cumplir. Cuando el gobierno es débil, parcial y disfuncional, su capacidad para cumplir su parte es mínima en tanto que la capacidad y la disposición de la sociedad de hacer la suya (oprobio público, expulsión de instituciones privadas, etc.) es limitada toda vez que no existe un espíritu comunitario”. (Reforma.131215)

¿Cuenta Veracruz con las instituciones adecuadas?

Se debe seguir  el juego al clamor tribal del exagerado culto y exaltación de inexistentes liderazgos.

Históricamente  demostrado, que es perjudicial y costoso  centrar las decisiones en una persona que,  por muy capaz, honesta y decidida que sea, humanamente no puede hacer todo el trabajo, ni asumir  con eficiencia todas las responsabilidades.

Probado y comprobado está, que privilegiar y favorecer el voluntarismo y la discrecionalidad,  es nefasto, costoso  y contraproducente.

Tan solo la simple y sencilla razón, de que al cambiar la persona al mando, todo corre el peligro de intentarse rehacer o desaparecer, incluso logros y avances que es costoso y difícil lograr.

 

*AcademicoIIESESUV@RafaelAriasH.Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasHdez