Sucesión Presidencial: el Perfil de la Anticorrupción

15 agosto 2016 | 11:30 hrs | Por : Jorge Miguel Ramírez Pérez

Los análisis domésticos publican repetidamente el nombre de tres políticos en el horizonte de las elecciones del 20018, dicen que Osorio Chong, Margarita Zavala y Andrés López Obrador son los protagonistas, porque las encuestas, por cierto de baja credibilidad, señalan a los tres personajes como conocidos por la población interrogada  y con ese argumento, se tejen las historias que fuerzan a vender  a la popularidad,  como el factor de más peso para un eventual triunfo.

Pero la fabricación de ese retrato hablado que el escritor Luis Spota  describe en la serie la “Costumbre del Poder” está apenas en proceso, aunque los asesores de los políticos “populares” quieren contribuir a su diseño y buscan afanosamente  que se sepa que sus jefes, pueden acomodarse a los acertijos tradicionales, como el ser dignos de confianza externa e interna de los poderosos;  o ser capaces de callar o encubrir el pasado o asegurar que no van a rectificar rumbos, por equivocados que estén; y hasta el de asumir deudas sin profundizar mucho y el acostumbrado rito, de prometer por debajo de la mesa, ceder en el futuro los intereses del estado, a los grupos amorfos que asechan y chantajean hoy.

Pero más allá de imaginar esos perfiles tradicionales que se promueven por los comentaristas a modo, existen otros, los perfiles reales y coyunturales que van a marcar una línea de la política ineludible y que tienen como objetivo reclutar voluntades de poder para que esos planteamientos sean privilegiados. Tal es el caso de una definición reciente, que se convierte en concepto rector del proceso, en la medida que tiene lógica, es necesaria y proviene de un centro de poder real que gravita en esta sucesión. La declaración de la embajadora Roberta Jacobson al ponderar que la corrupción, debe ser combatida ya.

Las palabras de la funcionaria extranjera poco se ha reproducido de parte de los comentaristas destacados y tampoco han surgido declaraciones específicas de los tres mencionados en las encuestas, que avalen o convaliden la prioridad de romper históricamente con la corrupción como sería el motivo de la misma.

Por el contrario López Obrador casi de inmediato salió al paso para defender a los corruptos en abierto. Se afirmó como el perfil más anclado en el pasado, al aseverar que el perdonaría a toda la mafia del poder, en un discurso retador a lo dicho por la embajadora, e insólito,  porque implora que le den su confianza, quienes, el mismo  nos ha hecho suponer, que son ladrones y criminales.

Para AMLO, perdonar a los prevaricadores no es problema, porque para él no existen las leyes, ya lo dijo con toda emoción, alguna memorable ocasión : “al diablo las instituciones”. El líder del Morena, ratifica que ese es su credo político y que es invariable. Para él, la única voluntad política válida es la suya y aparte de su personal punto de vista, no existen procesos de justicia, porque la justicia es lo que él determine y si determina perdonar a la mafia del poder, es un asunto que compete a él y a nadie más.  Así de primitivo se entiende el discurso de la amnistía pejiana.

López obrador como se ve, es obsceno.

Su alianza con el gobernador veracruzano y con su antecesor, en los comicios de junio fue la muestra palpable de que el Peje tiene palabra, como publicó la semana pasada, el periodista Edgar Hernández, cuando el gobernador de Veracruz, en una junta con sus diputados, les confirmó que Morena cumplía con su palabra y no sólo eso, sino la evidencia que se desprende del episodio, de que AMLO sabe colaborar políticamente con lo más granado de la corrupción y la traición. Y si se alió con una de las mafias estatales  del poder, es solo una estrategia para demostrar en vivo y a todo color, de que  puede ser magnánimo, con la mismísima mafia mayor del poder nacional.

En un artículo reciente, publicado en “Sin Embargo”, Ortiz Pinchetti  mentor de AMLO, hace malabares para seguir defendiendo a sus aliados veracruzanos, minimizando los daños que la corrupción ha hecho de manera irreversiblemente en el Estado. De hecho el domingo, el propio AMLO acudió a una reunión citada por él, en Veracruz, para seguir atacando al gobernador electo Yunes, en una estrategia en la que lo equipara con Duarte, su lógico patrocinador, para hacer de la simulación una arma de confusión para el consumo de los que no saben que ha pasado en Veracruz en los últimos doce años.

Miguel Ángel Yunes de entrada lo descalificó y en una cuenta breve, le demostró su falsedad en su declaración 3 de 3 , en la que su salario, nunca hubiera sido suficiente para pagar las entradas en el juego de las estrellas beisboleras, que el Peje presumió  en San Diego.

Pero el tabasqueño no es el único que le hace escozor el discurso anticorrupción;  también Margarita Zavala llama la atención, porque prefiere madrugar a sus competidores, mostrando nexos con la probable presidenta de EUA, Hillary Clinton. Desde la cúpula, la esposa de Calderón pretende atajar cualquier cuestionamiento y compromiso contra los corruptos. Recurre a propalar su cercanía con el poder estadounidense, maximizando que la Clinton la distinga, lo que se entiende en un contexto en el que cualquier indicio que mejore la posición de la demócrata,  con el voto latino es bienvenido. Encamina el mismo proyecto hasta al magnate Slim, que tendría dos prospectos en la mira de la silla, a AMLO y a Margarita.

El Caso de Miguel Osorio Chong, es lógico, no puede hacer comentarios de anticorrupción cuando su jefe es de lo más vapuleado en el tema,  por cierto insistentemente vapuleado por The Guardian , periódico del que no es ajena la “Open Society” de George Soros, que tiene una agenda internacional contra la corrupción gubernamental, como la que instauró en Guatemala a manera de laboratorio.

El Secretario de Gobernación necesariamente estará ausente para criticar a políticos corruptos u ofrecer detener el mal; máxime que una nueva ofensiva del PRI este fin de semana, no sólo se apresta a defender a los políticos corruptos que hace unas cuantas semanas fustigaba -por cierto antes del acuerdo del día 22 en el que dijimos, era simulatorio de Peña con Obama- sino que el Doctor Ochoa, como le dice el boletín, amenaza a la oposición, mencionando que se le acabó el “recreo” del daño que ha causado por las verdades de la corrupción priísta.

En resumen tenemos que los candidatos conocidos o populares no le entran al tema necesario de la anticorrupción y todo indica que son candidatos o precandidatos más bien, de lo contrario, de la defensa o del silencio, (de la omertá) para seguir en la tradición de que siga siendo el erario público, el factor, también “más popular” de las élites políticas para su ascenso social y económico, bajo pactos de impunidad transexenales.