Sucesión, ¿más intocables y reciclables?

2 febrero 2016 | 13:11 hrs |

Por Rafael Arias Hernández

Menos de 304 días. A sólo 4 meses de elecciones. Aumentan fosas, desaparecidos, pobres, desempleados, hambrientos, desatendidos y reprimidos. Administración en quiebra y cuestionada. Deuda y más deuda, con  la novedad  de un fantasioso  “plan de desajuste” que no tiene pies, ni cabeza…ni tiempo.

Economía estatal, por los suelos, estancada o en recesión. Sin políticas efectivas de atención y  previsión.

 

¿SOMOS O NOS HACEMOS?
Que ocurra es lamentable, que se repita es imperdonable.

Por eso hay que insistir e insistir. Sobre todo ante indiferencia y desinterés social; y lo que es peor, ante la perseverancia e insistencia de promotores y beneficiarios de ineficiencia y delincuencia gubernamental.

Dejar hacer y dejar pasar no es la actividad más recomendable. Refugiarse en la pasividad, el desinterés, abstenerse no asumir responsabilidad no resuelve los problemas. Lo que así viene, no conviene. Permitir es admitir lo que suceda.

 

VERDES, MADUROS Y PODRIDOS.
Es imprescindible distinguir entre los políticos y los gobernantes. No todos son malos, los hay peores;  y también, aunque sean pocos, hay menos malos, regulares y hasta mejores.

No distinguir entre unos y otros, es un grave error y una gran irresponsabilidad, que contribuye a favorecer y  fortalecer a ineptos y corruptos, ineficientes y delincuentes en los gobiernos.

Hacer lo que se debe hacer no es fácil, ni rápido. Menos si a la mayoría no preocupa, ni se ocupa de atenderlos, enfrentarlos y resolverlos, o bien detenerlos, procesarlos y correrlos.

Desde siempre, es difícil identificar quién es quién, para hacer una valoración justa y separar buenos de malos, regulares de peores.

Es más, por costumbre, es más difícil porque no se sabe quiénes son unos, y quiénes otros. Esto, desde luego bien que lo saben mediocres e ineficientes, pero más los cómplices y delincuentes gubernamentales.

Imprescindible evaluación para la distinción. Hay que hacerlo objetiva y puntualmente, sobre todo a partir de los hechos.

Evaluación pública y permanente, básica e independiente, obtenida  como resultado de la apreciación, seguimiento, medición y valoración del desempeño, del esfuerzo y trabajo de todos y cada uno de los servidores públicos. Resultados y cumplimiento puntual de deberes y responsabilidades.

Identificar y distinguir con objetividad es vital, del más modesto nivel, hasta el de mayor representatividad. Precisa y útil para reconocer y alentar a los buenos y eficientes; o para diferenciar y detener a malos de peores, corregir y evitar daños y pérdidas.

Esta situación se complica, cuando corrupción y complicidad han creado continuidad en la impunidad, porque esto asegura permanencia y reproducción de intocables y reciclables en el gobierno.

Así que no podemos ignorar que permitir es admitir.

 

¿VOTO Y BOTE?
Obligación insistir y repetir. La propuesta es simple. Voto a los que vienen y se lo merezcan; y bote a los que se van y se lo hayan ganado por irresponsables, ineficientes o delincuentes.

En uno u otro sentido, hay que dar seguridad de que hay y habrá siempre, evaluación objetiva, a todos. Tanto a los que vienen como a los que se van, que unos y otros tendrán reconocimiento y estímulo si lo hacen bien; o si, por el contrario lo hacen peor y mal, hasta la conducta delincuencial, se les garantizará proceso y sanción, como resultado de su probada actuación o desempeño ineficiente y criminal.

En una sociedad democrática, unos y otros, se debe tener la certeza de que todo lo que hagan o dejen de hacer es observado y evaluado. Distinguir bien de mal, es vital.

Desde luego que hay que participar, pero hacerlo siempre y no sólo para votar, elegir y dejar que hagan lo que se les da la gana. Hay que participar en la formación de nuevos gobiernos; pero  también, en la evaluación rigurosa de los actuales servidores públicos y gobernantes.

Lo peor sería consentir o permitir, avalar o apoyar con desinterés o indiferencia, pasividad o abstencionismo,  a la ineficiencia y delincuencia instalada y apoderada de parte de los gobiernos.

 

PORQUE NO HACEMOS, SOMOS.
Así que, por desgracia la respuesta que bien sabemos, que generación tras generación hasta hoy se ha repetido, es que somos y nos hacemos.

Pero además, es oportuno recordar y señalar, insistir e insistir, que además hay muchos otros,  que es preciso no ignorar y considerar,  identificar y tomar en cuenta para enfrentarlos y combatirlos. Y son precisamente aquellos,  que contribuyen a que esta forma de ser se repita.

Tener siempre presente, que somos y nos hacemos, porque hay quienes se aprovechan  de ignorancia, desinterés y pasividad social, mismas que apoyan y fomentan.

En particular, que hay quienes tienen por costumbre abusar y beneficiarse de la credibilidad y confianza, ciudadana y social, así como de los recursos públicos y las atribuciones o presencia de las instituciones, para desde el gobierno o representaciones públicas, favorecer, fomentar y hasta participar en muchas formas de abuso y corrupción, como la obtención de beneficios y ganancias, utilidades y ventajas.

Comprobado está,  que somos y nos hacemos porque no hacemos nada. Permitir es admitir…Así que lo peor: somos, nos hacemos y nos hacen.

Lo importante es identificar y enfrentar, combatir y excluir, responsables y culpables, orígenes y causas, formas y medios de expansión de la dominación y enajenación, de explotación y aprovechamiento de mediocridad e ineptitud, ineficiencia y corrupción, complicidad e impunidad en los gobiernos.  Ni intocables ni reciclables.

 

*AcademicoIIESESUV@RafaelAriasH.Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasHdez