Su padre la violó por 13 años, la apostaba con amigos en el dominó y las cartas

Asegura que no retirará los cargos en contra de su papá, para que pague con cárcel todo el daño que le hizo

6 marzo 2018 | 11:34 hrs | La Policiaca

Acuña, Coahuila.- Cuando Felipe entró en su cuarto se metió a su cama y la tomó por la fuerza, Ángela era apenas una niña, tenía 14 años y ahí empezó a vivir un infierno que duró 13 años porque su agresor es su padre biológico y también es su verdugo.

Cada vez que le daba la gana a su padre, que es ganadero y carbonero, volvía, la violaba, le pegaba y cuando jugaba y bebía la apostaba en las cartas o en el dominó con sus amigos, quienes hicieron de ella lo que quisieron. La condenó a vivir muerta en vida.

De nada servía que se resistiera, que atrancara la puerta de su habitación, de todos modos él la aventaba, la abría y la obligaba a pagar con su cuerpo lo que él perdía en el juego, en lugar de liquidar con dinero. Todo sucedió en pleno monte, durante más de una década, y no hubo quién la auxiliara.

“Se emborrachaba, pero la primera vez, ni siquiera estaba tomado, lo hizo porque quiso”, revela la joven quien fue un capricho para el ranchero rico, dueño de ganado y grandes extensiones de tierra en el norte de Coahuila. Felipe, como amo y señor, usó todo su poder, con exceso de rudeza y amenazas, le robó su inocencia, la sometió a su voluntad y la mancilló cuantas veces quiso.

Sostuvo relaciones incestuosas con su segunda hija y su esposa se mantuvo callada por miedo a que le hiciera algo a ella o a alguno de sus cinco hijos.

A Ángela se le borró la sonrisa, se le rompieron sus sueños de ser enfermera, porque sólo estudió primaria, perdió la fe y la esperanza porque toda su familia sabía lo que le pasaba, su madre, sus hermanos, sus tíos, pero nadie hizo nada por ayudarla. Ni siquiera tenía vecinos o amigos, en muchos kilómetros a la redonda, para pedirles apoyo, y es que su casa, la del rancho, está ahí en el monte, en medio de la nada.

Considera que todos le tenían miedo y quizá hasta pavor al sujeto, por eso ninguno se atrevió a desafiarlo y fingían que no pasaba nada; “veían como normal lo que era anormal, que su padre tuviera a la segunda de sus hijas como su mujer”, sólo la usó. Relata que al principio esperaba a que estuvieran solos para aprovecharse de ella; sin embargo, después se descaró al grado que no le importaba nada y la abusaba ahí en su cuarto, mientras la familia estaba comiendo o cenando.

Todos trabajaban en la labor, en la siembra de maíz y frijol “de sol a sol”, empezaban a las siete de la mañana y terminaban a las siete de la tarde, también cuidaban las chivas, borregas, gallinas y demás animales que crían en el rancho.

En el hospital

La chica, quien cumplió 27 años, revela la cadena de amarguras que sufrió durante tanto tiempo y fue descubierta de casualidad hace poco porque tenía un dolor muy fuerte debajo del vientre y fue al hospital donde el médico le recetó unas pastillas (analgésicos), pero no se le quitó.

Regresó dos o tres días después y la canalizó a la trabajadora social porque presentaba signos de maltrato, fue así como ella reveló que su padre la violaba desde que tenía 14 años y que la había apostado como premio en un juego de cartas con sus amigos y junto con el que ganó la golpearon para someterla.

Comentó que Lupita, su madre, le daba té y remedios para que no quedara embarazada y le pedía que se aguantara.

Ángela acude a una iglesia Cristiana y le dijo a la pastora lo que le pasaba, fue así como la ayudó y reportó el caso a la directora del Centro de Justicia y Empoderamiento de las Mujeres, Ludivina Gómez Zamarrón, quien intervino y ante quien rompió el silencio.

Gómez Zamarrón informó que se le prestó asesoría jurídica y la mujer presentó la demanda en contra de su padre por el delito de violación reiterada, con calificativa de prepotente y demás que le resulten y contra el otro sujeto, Roberto, ambos fueron detenidos y serán procesados: “La violencia familiar es un delito que en Coahuila se persigue de oficio”, destaca.

Ángela comenta que se quedó callada “porque mi papá siempre me amenazó con abusar de mi hermanita chiquita y aguanté todo con tal de protegerla”. Platica que está estudiando la secundaria en el Centro de Justicia y Empoderamiento de las Mujeres, que matemáticas es la materia que más le gusta y saca buenas calificaciones, de 8, 9 y también de 10. Que va a estudiar enfermería y le gustaría orientar a las mujeres para que no les pase lo mismo.

No volvió a su casa, ahora vive en casa de la pastora y forma parte del grupo que presta apoyo social a personas de la tercera edad.

Durante la entrevista sonrió, por primera vez, desde que llegó, quizá esperanzada e ilusionada porque sabe que le espera un mejor destino.

Asegura que no retirará los cargos en contra de su papá, para que pague con cárcel todo el daño que le hizo, el abuso, maltrato, el robarle su infancia, su vida y sus ilusiones.

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