Somalia: Inseguridad y presión hacia refugiados

Miles soportan terribles condiciones en superpobladas ciudades o campos para personas desplazadas de Somalia

22 diciembre 2017 | 18:00 hrs | Amnistía internacional | Redacción

Miles de personas refugiadas somalíes a las que se presiona para que abandonen el campo de Dadaab, en Kenia, se enfrentan ahora a la sequía, el hambre y desplazamiento otra vez en Somalia, ha manifestado Amnistía Internacional hoy.

Los retornos de Dadaab a Somalia se han acelerado de manera masiva desde que el gobierno keniano anunció que iba a cerrar el campo en mayo de 2016.

En el informe Not Time to Go Home, un equipo de investigación de Amnistía Internacional detalla entrevistas realizadas a personas que han retornado y soportan terribles condiciones en superpobladas ciudades o campos para personas desplazadas de Somalia.

Muchas personas retornadas contaban que se habían marchado de Dadaab debido a los menguantes servicios y las raciones cada vez más pequeñas de alimentos que recibían o al temor, avivado por las autoridades kenianas, de verse obligadas a regresar sin ninguna ayuda.

“Es su afán por hacer regresar a las personas refugiadas, el gobierno keniano ha exagerado la mejora de la situación en materia de seguridad en Somalia, pero la triste realidad es que en muchas partes de país abundan todavía la violencia y la pobreza”, ha afirmado Charmain Mohamed, directora de Amnistía Internacional para los derechos de las personas refugiadas y migrantes.

“Las personas refugiadas que habían huido de la sequía, el conflicto y el hambre en Somalia fueron coaccionadas para que regresaran en medio de una grave crisis humanitaria, y muchas se encuentran ahora de nuevo en la misma situación desesperada de la que huyeron y sin poder aún regresar a sus hogares.

“Hasta que no haya una mejora significativa de las condiciones humanitarias, el gobierno keniano debe centrarse en seguir brindando protección a las personas refugiadas somalíes. De lo contrario, se arriesgará a pisotear las normas internacionales, que establecen que sólo se puede hacer regresar a las personas refugiadas si su seguridad y dignidad están garantizadas.”

El inmenso campo de Dadaab, en el este de Kenia, acoge en la actualidad a cerca de 240.000 personas. En mayo de 2016, el gobierno keniano anunció que iba a cerrarlo por motivos de seguridad nacional y porque no recibía apoyo suficiente de la comunidad internacional.

El anunció desencadenó una aceleración enorme de los retornos a Somalia, que se prolongó incluso tras decidir el Tribunal Superior de Kenia en febrero de 2017 que el cierre del campo era ilegal.

En noviembre de 2016, Amnistía Internacional documentó que las autoridades del gobierno estaban amenazando a las personas refugiadas y diciéndoles que se marcharan, por lo que se puso seriamente en duda que los retornos fueran voluntarios.

La crisis humanitaria
Somalia lleva decenios asolada por los conflictos, y entre enero de 2016 y octubre de 2017 hubo alrededor de 4.585 víctimas civiles.

El grupo armado Al Shabaab tiene el control de una parte considerable del país y lleva a cabo ataques indiscriminados que sólo el año pasado mataron o hirieron a centenares de civiles.

En medio de esta inseguridad, la situación en Somalia continúa deteriorándose. El país sufre en la actualidad una devastadora sequía, y la amenaza de hambruna es persistente. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU, más de la mitad de la población necesita asistencia humanitaria.

Esta combinación de factores ha dado lugar a una crisis enorme de desplazamiento interno. A fecha de noviembre de 2017, había 2.1 millones de personas internamente desplazadas en Somalia, muchas de ellas en zonas urbanas donde la superpoblación genera una enorme presión sobre los recursos.

Asimismo, la falta de agua potable ha provocado en Somalia un brote de cólera que se ha cobrado al menos 1.155 vidas entre enero y julio de 2017.

En este contexto, es evidente que Somalia no está lista para recibir los retornos en gran escala que se vienen produciendo aceleradamente desde 2016.