¿Sirven las auditorías?

6 noviembre 2017 | 11:01 hrs | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Como que hartan a los ciudadanos los funcionarios que cobran en los organismos fiscalizadores, es decir los que practican las auditorías y las evaluaciones sobre lo gastado por las dependencias centrales, estatales, paraestatales y municipales, porque manejan grandes cifras de desviaciones, faltantes, sobreprecios, incumplimientos y claros hechos delictivos sin que suceda nada.

No hay un espacio de los aparatos de gobierno que esas contralorías no cubran, están como la humedad, por todos lados, dragoneando que llevarán a la cárcel a los funcionarios. A muchos tratan como delincuentes, sin saber una palabra de ellos o haber revisado todavía un documento. Pero invariablemente después de dar a conocer a los medios de comunicación los resultados,  el paso que sigue, se vuelve una pelotita de la que hay que deshacerse. Lo que había impactado  se empieza a diluir.

Desde Fox hasta la fecha lo que hacen los organismos que practican las auditorías no tiene resultados. Se corre la versión en el bajo mundo de los funcionarios corruptos que es mejor pedir perdón que permiso; y que hay que aguantar la presión y repartir dinero, hasta que se vea que si pueden llegar a torcerlos. La fama de los auditores es la de corruptores de los corruptos. Entre ellos con sorna dicen: “ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón”. El cinismo de ambos lados es proverbial.

De hecho los jefes de los auditores se manejan como impolutos, pero son extremadamente corruptos y despiadados. Sus huestes de chantajistas subordinados les temen en sobremanera. Así que cada semana que se anuncia un descubrimiento que afecta el dinero aportado al fisco de parte de los contribuyentes, es un avance para saber que están a punto de cobrar por fuera, en sus bolsillos, con el funcionario sinvergüenza, una fuerte cantidad para no empeorarle el panorama.

Por eso el anuncio de esta semana de los sobre pagos de PEMEX por más de mil millones de pesos a Odebrecht, la empresa brasileña que tiene una red de corruptos entre sus contactos, de los gobiernos de México y otras naciones, sonaría a un capítulo más de los desalientos con los que se castiga a una  ciudadanía dejada y apática, que le va y le viene con lo que hagan con sus dinero.

Pero en esta ocasión tal parece que el líder de los diputados federales panistas, Marko Cortés  está dispuesto a que se llegue al fondo de este asunto y se conozca todo el tinglado que hace posible birlarle a los mexicanos esas cantidades, como quien le quita la paleta a un niño indefenso. Porque para sobre escalar un contrato hay muchas complicidades y si son demasiadas, todo indica que fueron órdenes muy superiores que no podían soslayar.

Porque cualquiera que ha manejado el dinero ya presupuestado, en disponibilidad  y suministrado, sabe perfectamente que no hay modificaciones que no tengan una solventación muy precisa, técnica,  financiera, administrativa y políticamente documentada.

Es decir, no se necesita ser egresado del ITAM para obedecer la ley, que es exhaustiva y que no tiene vuelta de hoja. Y así como presentan el asunto de Odebrecht están en la jugada, las áreas jurídicas, financieras, administrativas, de construcción, de petroquímica y muchas más  de PEMEX y de la Secretaría de Energía, las Contralorías por supuesto, la Dirección General de la paraestatal, no solo la que era cuando se fraguó el quebranto, sino incluso la de hoy, que no denunció y no puede llamarse sorprendida.

Más de dos docenas de altos funcionarios que ganan más de cien mil pesos mensuales cada uno se deberían ir a la cárcel y devolver lo que permitieron “por órdenes superiores” atracar. Porque eso no se lo comieron varios, sino el jefe de todos ellos, porque es la única manera de escalar esa lanota de un golpe, los otros lo hacen pero pian-pianito, por eso tienen departamentos en Miami y no en Paris.

Ahora vamos a ver con que cuento salen. Y como en las auditorías a los estados, las de las empresas fantasmas y las desviaciones descaradas de dinero, seguro no van a avanzar, porque la orden debe ser que los manden muy lejos; para que les de tiempo paralelamente para irse subastando, y así poder llegarles al precio a los contadorcitos inútiles,  que no son sino los intermediarios para que los asuntos se sepulten y se vayan al archivo muerto, donde es el cementerio de los reclamos del dinero de los contribuyentes.

*Esta es opinión personal del columnista