Si yo fuera Videgaray

12 septiembre 2016 | 9:20 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

*De la Ilíada: Los dioses se acuerdan de quienes los obedecen.
Camelot.

Si yo fuera Videgaray (no lo soy) haría en parte lo que él hizo. Cuando vio la andanada de su error de septiembre, traer a ese loco estúpido llamado Donald Trump, se presentó ante su amigo, el presidente Peña Nieto, y lo convenció de que aceptara la renuncia. La andanada era terrible. No había comentarista serio, que no lo pusiera como lazo de cochino, a los dos, a él y al presidente, por esa entrevista fallida. Debió haberle dolido al presidente, no solo porque es un gran economista, anda con él desde el gobierno del Edomex y fue coordinador de su campaña y era, hasta ese funesto día, el más viable de los candidatos presidenciales. Una baraja se cayó ese día que en Los Pinos fue a decirle a su amigo, que era mejor que su renuncia. Luego, al llegar a su casa y decirle a su mujer que es uno de los desempleados más en este país, ponerse a relajar viendo la tele y algunas historias verídicas, como una que vi ayer en Roku, ‘Free State of Jones’, (Los hombres libres de Jones), un pasaje de la Guerra Civil de Estados Unidos, la gran Guerra de Secesión, con su figura principal, Matthew Mc Conaughey, que en la caratula mexicana la llamaron ‘El Valiente’.

Cuenta la historia del rebelde granjero sureño Newton Knight y su extraordinaria revuelta armada contra el Ejército Confederado durante la Guerra de Secesión americana. Un pasaje histórico verídico. Buena película, de dos horas de duración, cuando esos rebeldes no se dejaron doblegar en la tierra de Trump, del lado de los Confederados, los que perdieron la guerra.

MÁS DE LO MISMO
Además, si fuera Videgaray, pediría un espacio en cualquier medio impreso o electrónico, para escribir mis cuitas, relatar los quebrantos que han transcurrido en estos cuatro años, cuando la economía ahí va, pese a todo, porque esa caída del petróleo fue terrible y ha golpeado economías fuertes, ha golpeado conciencias y México, pese a todo, tiene grandes economistas. Videgaray fue reclutado por su amigo Peña cuando colaboraba con otro grande de las finanzas, Pedro Aspe Armella, le pidió se lo prestara ‘tantito’, y ahí se lo llevó a finanzas, luego lo metió un poco a la política cuando lo hizo diputado federal, porque necesitaba un aliado fuerte congresista. Esa oficina es la más difícil de todas. De allí, que recuerde, solo un candidato salió a presidente, José López Portillo, en tiempos que el PRI era partido casi único y su amigo Echeverría lo llevó de la mano y lo hizo presidente, aunque luego riñeran como dos escolares. Es notorio aquel desplegado que operó Francisco Galindo Ochoa, el llamado último dinosaurio, jefe de prensa del presidente, cuando Echeverría hizo una crítica a su amigo, que era apaleado por todos los medios, como ahora lo es Peña Nieto, le publicó un desplegado a plana completa, con solo este lema: “¿Tú también, Luis?”, en clara alusión a Brutus, cuando Julio César vio que le apuñalaba y le soltó eso de: ¿Tú también, Brutus?, aunque lo original fue: “(“Tu quoque, filius?”), que Marco Tulio Cicerón atribuyó a César: “¿Tú también, hijo mío?”.

El hijo, apuñalando al padre.

DON PANCHO GALINDO OCHOA
Pancho Galindo Ochoa fue el último dinosaurio de esa lista. Impecable y todopoderoso jefe de prensa de Diaz Ordaz y Jolopo, algún día de hace algunos ayeres le visité en su oficina de Paseo de la Reforma, junto a Othón González Ruiz, a quien el viejo quería y profesaba buena amistad. Llegamos allí, caminando por esa calle peatonal muy concurrida, Reforma, donde se ha visto pasar el todo México. Pancho fue un poderoso entre los poderosos. Temido. Admirado y repudiado. La relación de los Medios con el poder, fueron excelsos. Había que pasar por esa oficina y no solo persignarse. Cuadrarse, porque en aquel tiempo la oficina de prensa operaba mejor que la misma secretaría de Gobernación. Echeverría pedía leer todas las noches las cabezas de los periódicos del otro día. Llegué ante él. No encuentro entre mis archivos de columnas aquella entrevista, y lo que mi coco me da es que era una oficina austera, muy de Reforma, pero austera. Le saludamos, junto a él un busto del gran Benito Juárez. Platicamos por espacio de una hora, eso me dio pie a hacerle una columna, dedicada a ese hombre que tuvo en sus manos todo el poder presidencial, al operar y manejar a los medios, desde aquel ‘Te pago para que me pegues’, hasta lo que aparecía. Era gobernador de Veracruz Miguel Alemán Velasco, el cachorro de Televisa, y preguntó cómo iba su gobierno. Develó y reveló algunas cosas, pero toda su historia está escrita en muchísimas páginas, cito a Alejandro Ruiz Juárez: “Galindo tuvo una legión de amigos así como de algunos enemigos a quienes estorbó políticamente. Era un individuo metódico que se acostaba a las 8 de la noche pero a las 6 de la mañana dialogaba con sus amigos y partidarios. No era adicto a las bebidas embriagantes y durante 50 años desayunó de lunes a viernes, primero en el Hotel del Prado y luego en el restaurante Veranda del Hotel Sheraton. No concedía entrevistas de prensa ni permitía que sus invitados pagaran la cuenta. Con la pérdida de Los Pinos, Galindo vio disminuida su influencia con los gobernadores priístas, pero su habilidad continuó hasta su muerte”.

Visítenos: www.gilbertohaazdiez.com