Si me permiten hablar

19 agosto 2015 | 12:07 hrs |

En la vida uno escucha muchas cosas sabias que no valora, especialmente en la infancia y en la juventud, con el tiempo, a veces, uno las entiende y les da su justo valor; una de ellas es el refrán: “recordar es vivir…”. La mente es asombrosa como en fracción de segundos uno vuelve en el tiempo, meses, días y a veces muchos años, volvemos a vivir la misma emoción, exactamente como si estuviéramos en dicho momento, por ello el refrán afirma, “recordar es vivir…”.

Este año, primero Dios, nos volveremos a reunir el 28 del presente mes, en Xalapa, los egresados en 1972 de la facultad de medicina, Licenciado Miguel Alemán Valdez, en el bello puerto de Veracruz. Volveremos vivir cuando iniciamos nuestros estudios, a fines de año, o principios de año, pinche memoria que no ayuda, el caso que si tengo presente es que había fuertes vientos, frio; en la noche en la clase del Dr. Remes que nos impartía psicología, estábamos atentos a su clase cuando de repente se abría la puerta y volaban globos con agua que nos arrojaban los alumnos de los años superiores, rápido se cerraba la puerta pero, ya nos habían mojado a varios, la clase seguía, cuando terminaba nos estaban esperando para más agua y más bromas por el estilo, varios nos salíamos por las ventanas a las cuales les faltaban algunos vidrios, éramos jóvenes de 20 años, no nos importaba que estábamos en el primer piso, nos bajábamos por las tuberías del agua y en la obscuridad regresábamos al cuarto donde vivíamos.

Volveremos a vivir cuando a las 7 de la mañana en punto empezaba la clase de la temida anatomía humana con el maestro Antonio Remes, varios pasábamos de pie, pegados a la pared, pues éramos más alumnos que sillas, unos sentados y otros de pie pero, todos muy atentos a la clase.

Volveremos a oler el aroma de los cadáveres conservados en formol, con su piel reseca, dura, con músculos que ya otros alumnos habían estudiado, algunos cadáveres los volvían a meter en el preparado a base de formol pero, la mayoría eran dejados sobre mesas para las siguientes clases, recuerdo cuando Carlos, el inquieto muchacho que trabajaba junto con dos ancianos en el mortuorio y estaban pasando la solución a un cadáver que acababa de llegar, le disecaban la arteria femoral y a presión le pasaban la solución conservadora, bueno, pues el pendejo Carlos no “ligo” bien el catéter en la femoral y de repente se soltó el catéter o pequeña manguera y tiraba liquido como regadora de pasto, le cayó el líquido en la cara a uno de los ancianos que maldecía a Carlos hasta que apagaron el motor y el señor se lavaba la cara con desesperación, yo, como el chinito, nada más mirando sin decir ningún comentario.

Volveremos a estar todos estresados en los días de los periodos de exámenes, haciéndonos preguntas y estudiando en el día y parte de la noche. Volveremos a vivir como buscábamos una pensión donde dieran mejor comida, volveremos a jugar futbol, unos vivirán cuando jugaban en el payón y no iban a la clase de patología con el Dr. Ibarra, otros cuando iban a la hora de la botana a la cantina Río de la Plata.

Volveremos a estar todos juntos, como lo que fuimos, condiscípulos y amigos, todos iguales, nadie diferente, lo único que nos distinguía era quien daba mejor la clase, quien sacaba mejor calificación, hoy, cosas de la vida, algunos físicamente ya no viven entre nosotros pero, si nosotros lo queremos, ellos volverán a estar junto a nosotros, recordar es vivir, como cuando nos conocimos en 1972.