#SiMeMatan es porque pueden hacerlo

Ya no hay seguridad ni certeza a d√≥nde salgan nuestros hijos. Sabemos que salen de casa, no sabemos si regresar√°n…

Foto: web.
16 septiembre 2017 | 11:28 hrs | Gilberto Haaz Diez

Todo el pa√≠s amaneci√≥ enlutado. El proditorio, alevoso y bestial crimen de Mara Fernanda Castilla Miranda, jovencita, estudiante becada en la Universidad de Puebla, integrante de su Mesa Directiva. Jalape√Īa, una joven que como muchas se atrevi√≥ a salir a divertirse con amigos a un bar, cuando jam√°s pens√≥ que una bestia que conduc√≠a un auto de los llamados seguros, de los que las mujeres piensan que abordarlo solas nada les pasar√°, como los Uber, terminar√≠a drog√°ndola y mat√°ndola. Este animal no solo la viol√≥, sino que termin√≥ por matarla, robando unas s√°banas en un motel para irla a tirar a una barranca por el rumbo de la autopista Puebla-Orizaba. El crimen sacudi√≥ todas las conciencias. Sacudi√≥ a la Naci√≥n. Todos aquellos que tenemos hijas o nietas, y quienes no las tienen, entendemos la bestialidad de d√≥nde se vive, no entendemos porqu√© terminan por matarlas despu√©s de hacer sus fechor√≠as. Las redes sociales y los noticieros televisivos para eso sirven, el caso sacudi√≥ a M√©xico hace una semana, cuando Ciro G√≥mez Leyva empez√≥ a difundir la desaparici√≥n. La madre, jalape√Īa, educadora profesora, Gabriela Miranda L√≥pez, que imploraba una cita que no se dio con el despreocupado y valemadrista gobernador de Puebla, Antonio Gali, un panista, un tonto que s√≥lo sali√≥ a la escena para dar el p√©same y anunciar su muerte. Se activaron las redes sociales que ped√≠an por su aparici√≥n. ‚ÄúNo voy a parar hasta encontrarla‚ÄĚ, gritaba la madre, seg√ļn El Universal. Desgraciadamente la encontr√≥, muerta. Doli√≥. En este M√©xico, donde los actos criminales ya poco nos sorprenden y asombran, este caso catalogado como un feminicidio mas, logr√≥ herir los sentimientos mexicanos, en momentos que la Patria se nos deshace entre las manos, aunque las autoridades lo nieguen. Ya no hay seguridad ni certeza a d√≥nde salgan nuestros hijos. Sabemos que salen de casa, no sabemos si regresar√°n, como fue el caso de Mara. Una noche sali√≥ a divertirse y no regres√≥. O s√≠, regres√≥ envuelta en una s√°bana y muerta tirada en un barranco, a despoblado. Hace unos d√≠as se activ√≥ un Hasthag donde las mujeres participan y escrib√≠an sus sentires. Mara fue una de ellas. Aqu√≠ cuatro ejemplos de ellos:

#SiMeMatan es porque nací mujer en un país donde ser mujer significa tener miedo.
#SiMeMatan porque tengo amigos y salí con ellos, yo me lo busqué.
#SiMeMatan que digan que es mi culpa por andar a estas horas en la calle sola.
#SiMeMatan es por ser ‚Äúmocha‚ÄĚ, por no quedarme callada, por enfrentar a mis agresores y defender mis valores.
La de Mara, premonitoriamente fue:
#Si me matan es porque me gustaba salir de noche.

Solemos en este pa√≠s victimizar a las v√≠ctimas. Mara pasa a ser un n√ļmero m√°s en ese pante√≥n de los feminicidios, en este M√©xico lindo y qu√© herido, donde muchas veces la vida no vale nada, comienza siempre llorando y as√≠, llorando se acaba. El agresor est√° en la c√°rcel. Le esperan a√Īos tras las rejas, siempre y cuando un corrupto juez no lo libere en un tiempo corto. Rogamos que cuando entre a la c√°rcel, los mismos de adentro, en un acto de justicia terrenal, le apliquen la ley b√≠blica: ojo por ojo, diente por diente. Y nos quiten encima a un criminal m√°s, que pueblan nuestras c√°rceles. Una bestia. Un chacal. Descanse en paz Mara. Las l√°grimas de su madre, son l√°grimas tambi√©n de todos nosotros. Esas campanas doblan a duelo por los que aqu√≠ quedamos. Nadie est√° preparado para perder una hija o un hijo, menos en estas condiciones. Y que Dios proteja a todas las jovencitas de este pa√≠s, sumido en la criminalidad.