Shimon Peres y los cánones

2 octubre 2016 | 19:00 hrs |

 Por “El Negro” Cruz

Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael,[a] porque Jehová ha oído tu aflicción.  Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. Génesis 16:11-12

La pasada semana murió Shimon Peres, un político excepcional, sin duda. Nacido en Polonia (en territorio actualmente bielorruso), en 1923, Peres es una de los padres fundadores del Estado israelí, además, nieto de un rabino y de familia muerta por los nazis en el Holocausto, lo cual es mucho decir.

Judío de origen Askenazi, o sea, de Europa Central (la definición de judíos Askenazis, Sefaradíes o Mizrajíes,   es mucho amplía, pero es motivo de otra reflexión), el ex primer Ministro israelí, fue uno de los principales promotores de la paz con los palestinos, lo que lo llevó a ser galardonado con el Premio Nobel del rubro en 1994.

Pero veamos.

El motivo de este artículo, está en enfatizar cómo un personaje tan distinguido de la comunidad judía, no fue apegado al canon de las Sagradas Escrituras.

En este sentido, inició esta colaboración citando Génesis 16:11-12, considero que la lectura se explica por si sola y así la comprenden los gobernantes israelíes del sector  más ortodoxo, duro, los llamados “halcones”.

Para este grupo radical no debe haber ningún tipo de tregua con los adversarios históricos del pueblo elegido, por lo tanto, son opositores tenaces a cualquier acuerdo de paz con los países árabes, en particular con Egipto y Siria, responsables de desatar la Guerra del Yom Kipur, que se libró en octubre, justamente, de 1973, a lo largo de seis días, aprovechando la celebración del día más sagrado del judaísmo.

Por razones que sobra subrayar, este ataque de la coalición árabe, de la cual al final del día Israel saldría victorioso con el apoyo incondicional de sus aliados estadounidenses y británicos, es un fuertísimo agravio para esa nación: pretendieron vulnerarlos en un momento de intima contrición.

Así pues, el evento que permite fundamentar mi planteamiento tiene que ver con la ejecución de Isaac Rabin en noviembre de 1995.

Junto con Peres y el líder palestino Yasser Arafat, Rabin había recibido el premio Nobel de la Paz por los acuerdos de Oslo, muy bien operados por Bill Clinton, esto propició que un joven extremista llamado Yigal Amir, asesinara a balazos al entonces Primer Ministro, en la Plaza de los Reyes en Tel Aviv. La justificación era oponerse a la paz a cambio de la entrega de territorios.

Decía don Isaac  en ese su último discurso:

«Fui hombre de armas durante 27 años. Mientras no había oportunidad para la paz, se desarrollaron múltiples guerras. Hoy, estoy convencido de la oportunidad que tenemos de realizar la paz, gran oportunidad. La paz lleva intrínseca dolores y dificultades para poder ser conseguida. Pero no hay camino sin esos dolores».

¿Cómo un país tan poderoso en términos militares (y elegido de Nuestro Señor), puede dejar en la indefensión a su dirigente?

No juzgo, pongo a sus disposición el texto bíblico y un breve repaso de los hechos históricos, que cada quien saque sus conclusiones.

Vivencias de Rafael “El Negro” Cruz, editadas por Javier Roldán