¿Se prepara una regresión?

18 diciembre 2017 | 9:06 hrs | | Jorge Miguel Ramírez Pérez

Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

 

Hay sucesos que parecen aislados pero cuando se interpretan como pasos previos que planificaron hechos consumados, caemos en cuenta que los enfoques conspiracionistas algo tienen de sustento.

Uno de esos pasajes de la historia reciente fue cuando se derogó en la Constitución el requisito que para ser presidente era necesario que los dos padres fueran mexicanos; la reforma se llevó a cabo en la turbulencia de la muerte de Colosio y la elección de Zedillo, que muchos piensan ganó Diego Fernández en 1994. De hecho se publicó la modificación en el Diario Oficial del primero de julio de ese año ¡solamente dos días antes de la votación presidencial!

Pero la reforma entró en vigor hasta el último día del milenio: el 31 de diciembre de 1999. Se argumentó entonces, que no debía causar un beneficio para que alguien en particular lo aprovechara, sino para aplicarse una vez transcurriera ese sexenio.

Resultó absurdo que se planteara con tanta antelación esa reforma, a menos que hubiera existido en esa coyuntura complicada, como algunos suponen, un compromiso con las fuerzas políticas reales incluyendo a los opositores, en ese momento con enorme fuerza para que quedara allanado para alguien el camino a la presidencia. Hubo quien creyó que Carlos Hank, hijo de un alemán, había logrado el sueño de toda su vida, pero el enriquecido maestro rural, ya padecía cáncer y murió en el 2001.

Cuando Fox fue electo, los perspicaces entendieron la razón de la reforma y la vieron como una dedicatoria avanzada que premiaba su disciplina al sistema, el que le negó el triunfo inobjetable en la elección de Guanajuato en 1991; porque impugnó el resultado con movilizaciones, pero cedió, y el gobierno impuso a otro panista cercano a los Bush, Carlos Medina, en vez de Ramón Aguirre, que fue forzado a renunciar. Por eso se vio la maniobra, cuando llegó a presidencia como resultado de una conspiración.

Haya sido como haya sido, a los desconfiados parece que se les debe dar la razón cuando sencillamente a estas alturas se combinan dos realidades : por un lado la ley de seguridad interior y por otro, el artículo 1916 del Código Civil Federal que señala sanciones: “a cualquiera que comunique , a través de un medio tradicional o electrónico, a una o más personas la imputación que se hace de otra persona física o moral, de un hecho cierto o falso, determinado o indeterminado, que pueda causar le deshonra , descrédito, perjuicio o exponerlo al desprecio de alguien”.

Los dos instrumentos tienen elementos para parecerse a un gato encerrado; y no es necesario guiarse por el refrán:”piensa mal y acertarás”. Pensando bien, no mal, es como uno entiende al gobierno, que se hace institucional, con un sistema de derechos y obligaciones que evita que el mundo sea un caos prediluviano.

Entonces descartando las teorías de la buena fe como garantes de la convivencia humana, es que entendemos que el problema del poder, con mucho es el problema del abuso del poder. Y es que suenan las alarmas a dos disposiciones que elevan el criterio subjetivo, por encima de los derechos objetivos de la colectividad.

En una, serpenteando los detalles de la Ley de Seguridad Interior, te topas con beligerancias potenciales. Les dan a las fuerzas armadas facultades nunca antes logradas, ya sea para sostener un abuso mayor o para que el ejecutivo que salga de la próxima elección, pueda ver como moros con tranchete a sus enemigos y les decrete persecución o investigación militar. Y no exagero, porque los democratizadores de España confiaban en los militares, hasta que en el proceso de transición les salió Tejero disparando en el techo de las Cortes; no digamos la confianza a Pinochet de parte de Allende o la de Madero a Huerta, porque con el cofre abierto hasta el santo peca. No puede ser que se pongan de pechito, nada mas porque sí, a menos como dije haya gato encerrado.

Lo mismo es para amedrentar en las redes a la crítica en general, la ley que invita a convertirse en injuriados o despreciados a todos los que son delicados de la epidermis, que claramente se ve no son los niños agredidos en la computadora, sino los políticos y líderes que encuentran una clara protección para que lo opaco de sus acciones, quede en eso.

Hágame el favor nos quitan la libertad de expresar la ira de los ciudadanos, las mentiras de los que se dicen paladines de la colectividad y son lobos con piel de oveja; no sea que el señor lobo de Gubia se sienta mal y despreciado como en el poema de Rubén Darío, haga del desquite su razón que lo convierte en intocable.

Es el mundo perfecto que se imaginan los dictadores en su propia utopía donde todos menos ellos, se quedan callados.

¿Pues que preparan? ¿Una maniobra desde las instituciones? o ¿un desquite?, porque hasta raro parece. El Morena que decía impugnar, a la mera hora no dio su opinión. Porque como ya se imaginan en el poder, los dos instrumentos, resultan como caídos del cielo, o más bien como negociados anticipadamente para hacer cosas que necesitan de la coerción y de la ley del silencio. O son coincidencias como la salida del Elba Esther y la alianza del PRI con el Panal.