Rumbo a una Democracia Eficaz

20 junio 2016 | 16:37 hrs |

La democracia como palabra tiene su origen en Grecia: el gobierno del pueblo. Es lo que generalmente sabemos todos y no mucho m√°s, porque desde la primaria nos lo ense√Īaron. Solamente que no nos dijeron que los griegos defin√≠an al pueblo, al demos como una etnia que proven√≠a de un solo padre Eleno, de ah√≠ el nombre de la naci√≥n hasta hoy: H√©lade .

Para ser hijo de Eleno, los ciudadanos deb√≠an ser reconocidos como aut√©nticos integrantes de esa progenie; cosa que para el grueso de los habitantes de las ciudadesestado griegas, no era tan sencillo, m√°s bien era imposible; no obstante siempre sumaban mucho m√°s los numerosos esclavos y avecindados que los que monopolizaban la cepa hel√©nica en ese esquema de democracia primitiva. Por dem√°s est√° decirlo, eran los privilegiados de la sangre los que seleccionaba a sus gobernantes exclusivamente del n√ļcleo de las familias reconocidas tradicionalmente.

De tal forma que esa idea parcializada de la democracia griega trasmitida tradicionalmente fue la que lleg√≥ aqu√≠, inculcada por los dominadores espa√Īoles, refractarios a ese referente pol√≠tico. El te√≥rico de la democracia Crawford Brough MacPherson lo explica, como una idea incipiente no calificada de verdadera democracia, pero que de todas maneras se impregn√≥ como ideal de perfeccionismo en el peyorativamente llamado tercer mundo. Y de esa manera, deriv√≥ en la mente de muchos mexicanos la democracia como una suerte de estilo de gobierno superior pero inalcanzable en la pr√°ctica, que fue deviniendo en sin√≥nimo de incertidumbre para los empleados p√ļblicos sin legitimidad vocacional de servicio; por lo que los burocratizados l√≠deres, la reservaron a lo discursivo, literario e indefinido y se tom√≥ la decisi√≥n impl√≠cita de relegarla para ‚Äútiempos mejores‚ÄĚ, obviamente perdidos en el horizonte de los compromisos.

La tradici√≥n de ese concepto de democracia que pervivi√≥ es de origen decimon√≥nico, era todo y a la vez nada, a ciencia cierta no se sab√≠a si era un fin o un medio; una especie de para√≠so perdido de justicia. Por ello no tuvieron empacho los constituyentes de 1917 en apuntar en el art√≠culo 3¬ļ, que habr√≠a que entender a la democracia como ‚Äúuna forma de vida‚ÄĚ sin aportar los datos para materializarla ; su inclusi√≥n en la Carta Magna no deja de ser fortuita, una cosmovisi√≥n del estado sin instructivo; en todo caso una filosof√≠a sin desarrollo argumentativo, esot√©rica y dif√≠cil de alcanzar, tanto que el colectivo nacional, aislado en el mundo de las ideas democratizadoras desde el siglo antepasado, lleg√≥ a la conclusi√≥n de que la democracia era algo excelso, que m√°s valdr√≠a no creer en ello. En ese fr√°gil principio democratizador fue Francisco Madero el defensor ins√≥lito, el profeta cercado, que por lo menos trat√≥ de aplicar la democracia a la vida mexicana en su sentido procedimental, con el yerro pol√≠tico de no intentar el desmantelamiento de los soportes milicianos del viejo r√©gimen. Su patri√≥tica osad√≠a le cost√≥ la vida.

El otro momento en el que la democracia hizo su aparición fue en la elección de Vicente Fox, que resultó en dos gobiernos nacionales, con eje distinto a la consabida maniobra de la nomenclatura imperante. En esa tesitura el proceso de cambio parafraseando a Josep Colomer, se manifestó en una transición lenta, incompleta, ineficaz y dolorosa para los mexicanos. El hombre de las botas sucumbió a las fuerzas subnacionales de los gobernadores y a las corporativistas de los sindicatos. El frenón al proyecto fue brutal y dio paso a que en los dos sexenios, de erráticas decisiones sobre lo que habría que hacer con los reductos del autoritarismo ya mencionados, la regresión arribara sin planteamientos y sin esfuerzo, como inevitable consecuencia.

Con tan exiguos antecedentes, fue as√≠ que los aut√≥cratas aldeanos se propusieron exterminar a la democracia y le asignaron a una que inventaron el papel de topo operativo simulador y a la verdadera democracia la relegaron aplic√°ndole un car√°cter proscrito y suprimible; extinguiendo a las oposiciones, cooptando a su dirigentes mediante excepcionales canonj√≠as y hurtos del erario; levantando falsas opciones con enga√Īos pueriles, inflando con dinero p√ļblico a l√≠deres de grup√ļsculos y de una colonia, al grado de darles connotaciones estatales; muchas maniobras se pusieron en marcha porque para ellos la democracia verdadera pod√≠a ser potencialmente explosiva y coadyuvante de su defenestraci√≥n pol√≠tica.

La f√°bula de esa democracia suplantada como forma de maniobra veracruzana hasta fue transferida con recursos estatales frescos y propagand√≠sticos a Quinta Roo, Chiapas y Jalisco. Incluso planearon la transformaci√≥n del PRI con una alianza en primer lugar con el impresentable PVEM, para que en el mediano plazo sustituyera al tricolor y recientemente una migraci√≥n de intereses hacia Morena, como forma de escapar a un exilio sin retorno del escenario p√ļblico.

La elecci√≥n del 5 de junio demostr√≥ que Veracruz no era una √≠nsula impermeable a la justicia, como dec√≠an los prevaricadores. La exigencia de justicia ha sido un factor determinante para producir una transici√≥n, porque como argumenta tambi√©n Colomer, es desde la base donde se producen los factores del cambio y es con su soporte que se construye un nuevo sistema de gobierno eficaz a partir de que el procedimiento, por el que se aplica la regla de la mayor√≠a sin afectar los derechos de la minor√≠a, que sentencia Norberto Bobbio como definici√≥n m√≠nima de democracia, es el medio que surte el efecto de gobernabilidad con consenso social, sin forzar las realidades voluntarias de los ciudadanos. Despu√©s de 87 a√Īos de ayuno de participaci√≥n efectiva; el pueblo fue por los suyo y derrumb√≥ con su Candidato, el valladar ominoso de la antidemocracia impuesta.

El corolario es muy gratificante y presupone desafíos específicos ya. Primeramente tendrán que recoger los triunfadores todos, el reto de esta segunda ola democratizadora, que inicia el proceso desde lo subnacional con siete gubernaturas opositoras triunfantes, su fin debe ser alcanzar las metas inconclusas de la transición para logar la eficacia de la democracia como sistema. Esta segunda oportunidad no la deben perder, como la extraviaron los de la primera ola democratizador: Fox y Calderón 3 porque no entendieron la obligatoriedad de derruir los bastiones de la corrupción regresiva o les falto valor y carecían de experiencia en el mando.

Segundo, creo que los triunfadores deben seguir afinando la punter√≠a para reforzar un discurso que enmarque un gobierno democr√°tico eficaz , con una l√≠nea de acciones congruentes que afiancen la cultura democr√°tica: poder blando del siglo XXI. Por lo pronto todo indica que Miguel √Āngel Yunes va en ese camino. Ya con la constancia de gobernador electo sin que hubiera una presi√≥n para anunciarlo, dijo en el OPLE, dos cosas cualitativamente importantes; asever√≥ que no dar√≠a dinero del gobierno fuera de la ley para los partidos; es decir no incurrir√° en el vicio de corromper opositores; y adem√°s dijo que no tendr√° ingerencia en las autoridades electorales, ante unos l√≠vidos consejeros que fueron propuestos por lo m√°s corrupto del r√©gimen que fenece. Otra declaraci√≥n ayer, en Poza Rica, ratific√≥ servir a los municipios sin distingo de or√≠genes partidistas, lo dijo de frente; y no pareci√≥ que fuera por consideraciones de falsa prudencia sino con el tono y contenido de la convicci√≥n. El campo del cambio eficaz con la ley y el consenso ciudadano es in√©dito en Veracruz.

Tercero desenmascarar las falsas versiones de que el poder central negoci√≥ el triunfo de los candidatos triunfadores, entre ellos Veracruz, porque no es cierto. Si el presidente Pe√Īa se apresta con tino a coadyuvar por una transici√≥n eficaz, despu√©s del desastre de doce a√Īos, es porque √©l seguir√° siendo presidente y requiere de la participaci√≥n activa de los gobernadores que le acompa√Īar√°n estos pr√≥ximos dos a√Īos; me parece que le urge ver hacia delante y no enfangarse con desaseos malolientes. Hasta ahora no hay ning√ļn elemento que de pauta a pensar al Presidente de M√©xico, como un mapache que haya arreglado algo a espaldas de la ley, incluso de su partido y menos que haya sido el promotor de un Morena, que fue inflado en los √ļltimos d√≠as; esa √ļltima acusaci√≥n, proviene de los que lo hicieron e intentaron sin √©xito defraudar.

Todos esos rumores algunos con osad√≠a publicados, son una especie que busca menoscabar el triunfo del ganador y sugerir que los votos son innecesarios porque hay fracasos y √©xitos pactados de antemano, por encima de la ley. En 1989 triunf√≥ en Baja California, Ernesto Ruffo porque los bajacalifornianos votaron por √©l, no porque Salinas le haya armado la victoria; lo que hizo Salinas fue sencillamente lo correcto, y no pod√≠a hacer otra cosa, porque los hechos eran contundentes y se sumaban adem√°s las inutilidades e inmoralidades de la candidata pri√≠sta y sus asesores, entre ellos el m√°s conspicuo: Fidel Herrera, m√°s los corruptos e ineficaces personajes del gobierno de Xicotencatl Leyva. Salinas reconoci√≥ a Ruffo fue una acci√≥n necesaria y gano puntos en su deteriorada imagen, lastimada por su d√©bil desempe√Īo en la elecci√≥n en 1988, el responsable del fracaso por cierto tambi√©n fue Fidel Herrera, porque √©l era el jefe electoral. Por √ļltimo no hay que olvidar que los perdedores en contiendas de buena lid no son nuevos en las derrotas, H√©ctor Yunes tambi√©n fue el coordinador del √ļltimo fracaso del PRI por la gubernatura de Baja California. As√≠ que ni a quien echarle la culpa, menos a su jefe‚Ķ de que perdieron, perdieron y de que se van se van.