Rumbo a la capital

4 octubre 2017 | 10:32 hrs | Gilberto Haaz Diez

De Ricardo Garibay: Lo que ve el que vive. Camelot

Pero no a servirle al patrón, que me mandó llamar, anteayer. Tomo la carretera de paga de Capufe, rumbo a la que un tiempo fue la ciudad de la nube gris y era un Distrito Federal, hoy cambiada a simplemente a Ciudad de México, a la que debían volver a llamar Tenochtitlán, y dejar el México al país, porque Francia no es París y Paris no es toda Francia. Trepo los pueblos pobres, de láminas de cartón y donde el frio suele pegar durísimo. Al pie todos los verdes y los campesinos revisan sus siembres y viendo a sus animales, las vacas que dan leche y las mulas que sirven para el transporte de carga de la leña, o lo que se les ocurra. México está de luto y los temblores crearon otro parteaguas en nuestra nación, los antes y después de las tragedias, donde de estos escombros renació una generación de jóvenes, los llamados Millennials (del Milenio o Milénica), que demostraron que no solo las laptop y los iphone y la alta tecnología son su fuerte, su fuerte fueron sus piernas, para andar en bicicletas llevando ayuda a donde se pidiera, y las manos, que en cadenas pasaban de mano en mano los escombros, con los pañuelos a la boca, para no oler el cemento, que luego da cáncer. La gran solidaridad nació en esta tragedia septembrina, tanto que ya hay voces que piden sean adultos a los 16 años y no a los 18, no solo para que puedan votar, para que puedan ser votados porque se va a necesitar una generación como la de ellos, la de estos jóvenes, para salir de nuestra mediocridad y terminar con la corrupción y la impunidad que lacera a nuestro México lindo y qué herido. Ellos podrían impulsar la transformación de este México.

LO QUE SE VE

Suelen verse tres volcanes, el del Pico de Orizaba y e Popo y el Ixtaccihuatl. Uno termina de subir la cumbre de Acultzingo, y el cielo se abre, como se le abrieron los mares a Moisés. (Y extendió Moisés su mano sobre la mar, y el Señor hizo que la mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y cambió el mar en tierra seca), y las nubes descansan a sus lados. Es octubre, el mes que decía Pedro  Infante que era el de las lunas más hermosas. Salimos de una tragedia y encaminamos a cerrar casi el año. Los vientos presagiaron muerte. No descansa el mundo, primero los temblores de México y el ciclo a Puerto Rico, que lo dejo destrozado, y ahora un locochón que no es ni islamita ni mexicano al grito del muro, para demostrarle a Trump que la gente mala se da en todo el mundo, en todos lados, donde uno menos los espera. Llego a la impresionante obra del libramiento en Puebla. Una de las mejores de Peña Nieto, que lució Moreno Valle como suya y le ha dado frutos para andar de mecapalero pensando ser candidato del PAN a la presidencia, pero arriba tiene a Anaya y a la señora de Calderón, la Margarita, que como Hillary pretende sentarse en la silla donde una vez se sentó su esposo, y habitar de nuevo las cabañas de Los Pinos. Bajo a un tentempié, hace frio, las altas montañas nos llevan a esta zona que siempre es fría, aun en verano. Encuentro un Vips al pie de la autopista, un desayuno frugal y a tomar de nuevo el camino, en espera de las once de la mañana, que es la hora cuando dejan entrar a todos los mortales que no vivimos allí, a menos que se tenga el consabido permiso de paga. El chófer Jorge y yo nos perdimos de momento, no tomamos el libramiento que es de paga pero al regreso prometo hacerlo y les cuento cómo se ve desde arriba.

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*Esta es opinión personal del columnista