Roberto Herrscher enumera peligros y antídotos en el periodismo

Roberto Herrscher culminó su plática mostrando la fotografía de él y sus compañeros en el taller que impartió el periodista polaco Ryszard Kapuscinsky

Foto: Ana Martina Ortiz León
12 junio 2017 | 18:00 hrs | Ana Martina Ortiz León

Xalapa, Ver.- El amor que el argentino Roberto Herscher siente por la profesión periodística se palpa cuando habla de los siete mayores peligros que acechan al periodismo latinoamericano y los siete antídotos para combatirlos.

La formación de nuevas generaciones; el arte de escuchar que debe practicar el periodista, quien está para hacer preguntas y no dar respuestas; y los proyectos que actualmente realiza en el área de análisis de opinión para el New York Times en español sazonaron la plática que disertó en el Centro Recreativo Xalapeño en la tarde lluviosa de este sábado 10 de junio.

Cuando él estudiaba periodismo, recordó antes de abordar los temas centrales, sus profesores le decían “como si eso fuera bueno, que los periodistas teníamos un océano de extensión y un centímetro de profundidad” en alusión al hecho de que hablaban de todo en el soporte mediático en el que se habían especializado.

“Yo creo que es lo contrario en un mundo cada vez más difícil y complejo, por lo que para mí el paso ahora es no especializarnos en un medio sino dominar todos. Hoy uno debe saber escribir, hablar, editar y tomar fotos; pero si nos hemos extendido en el dominio de herramientas digitales cada vez nuevas y crecientes también debemos centrarnos en un tema o en una serie de temas, porque nos van a buscar no para encontrar a alguien que sea barato y haga de todo sino que queremos que nos busquen cuando sientan que alguien sepa hacerlo bien y cobre bien”.

Con los ejemplos de la lista de periodistas asesinados en México en los primeros cinco meses de 2017 y los 37 segundos del video que registra la agresión a un periodista en un evento público de la ex candidata Marine Le Pen a la presidencia de Francia, Herrscher señaló que los dos primeros mayores peligros para los periodistas son el asesinato que para siempre silencia las voces críticas y la indiferencia de los colegas –peor que el miedo y la autocensura– pues ante los ataques a reporteros muchas veces sus compañeros continúan trabajando en lugar de dejar de cubrir el acto y apoyar a la víctima.

“Ante estos hechos, asesinatos y agresiones a periodistas, se tiene que movilizar la sociedad, tiene que actuar el gobierno, tienen que actuar los tres poderes del Estado, pero también tenemos que actuar decididamente nosotros, terminando ahí la competencia entre los medios y los periodistas”.

El tercer riesgo que indicó fue la nula importancia que la sociedad brinda a los periodistas, pues antes que verlos como aliados y necesarios ésta primero debe dejar de considerarlos serviles e intrascendentes.

Lo cual también se relaciona con el cuarto riesgo: que la gente tenga razón, pues hay muchos medios que trabajan al servicio del silencio al contar estupideces y a “cubrir” en vez de “descubrir” al poder. Muestras de ello, aunque el periodista no las mencionó, se encuentran en noticias como los quince años de Rubí, el tatuaje en la frente a un ladrón o el outfit de una famosa conductora de televisión.

El carácter gratuito con el que iniciaron las páginas web ha sido uno de los principales responsables de lo que él llama “La miseria del mejor oficio del mundo” y que en la actualidad los periodistas no puedan vivir de este ejercicio que cada vez más está en manos de los ricos y los interesados.

“Nos han pasado a nosotros una crisis que no es la crisis de nosotros sino que es la crisis de la economía de los medios. El mundo digital en que vivimos sumergidos empezó con una idea de que las páginas web eran un acompañamiento que para los viejos dueños y directores de medios no sabían para qué servían pero que debían tener como todos las tenían. De esta forma extraña y única en la historia de los medios las páginas web nacieron gratis y ahora es muy difícil cobrar, pues se supone que el primer diario dirigido por una mujer nació en Londres en 1702 y ya lo cobraban en cinco chelines”.

La falta de publicidad de las compañías que tradicionalmente promocionaban productos y servicios en planas y páginas de periódicos y revistas, así como anuncios en la radio y la televisión, que ahora llega a la gente a través de las redes sociales o en las páginas web de las mismas, son otros factores que se traducen en los cada vez peores sueldos de los periodistas y en la reducción de tarifas por las colaboraciones.

A ello se agregan los cientos de jóvenes periodistas que cada año egresan de las numerosas escuelas y facultades que imparten esta carrera, quienes desesperados por tener un portafolio trabajan gratis; incluso, señaló, ya desapareció el mínimo pago magro de mil euros que los medios españoles daban a los que cursaban posgrados durante la realización de sus prácticas profesionales. Elementos que conjuntó en el quinto mayor peligro.

Para contrarrestar el sexto peligro recomendó a los periodistas presentes no malbaratar su nombre ni créditos con la escritura de artículos que comprometan su independencia y no les permitan hacer su trabajo como corresponda. El séptimo y último peligro que enumeró fue la pérdida de ganas y de conciencia del por qué un periodista hace esta labor.

Como antídotos, que ocuparon la parte final de su exposición, indicó que ante el miedo y la autocensura los periodistas deben actuar contra los lobos autoritarios con unión y coraje para señalar el valor y la cobardía; que la verdad e independencia de nuestros medios sean faros de luz y agentes de cambio; que no se haga un periodismo patriótico sino veraz; que los gremios periodísticos de cada país se unan para exigir condiciones y pagos justos por su trabajo; que se pueda vivir dignamente de la vocación y que se sirva a la sociedad con orgullo a través de un periodismo que cuenta.

Roberto Herrscher culminó su plática mostrando la fotografía de él y sus compañeros en el taller que impartió el periodista polaco Ryszard Kapuscinsky la primera semana de marzo de 2001 en un rincón de la Universidad Iberoamericana y convocado por la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

“Yo y mis compañeros teníamos la impresión de que Kapuscinsky no nos decía algo, pero algo nos debió haber dicho porque salimos a hacer mil cosas”. Algunos nombres de estos compañeros son: Marcela Turati, Juanita León, Jaime Abello, Boris Muñoz y Laura Weffer, quienes hoy son periodistas destacados en sus países de origen, dirigen posgrados de periodismo o han ganado premios importantes por sus investigaciones periodísticas.