Ramón Flores de Los Ángeles Press

8 diciembre 2019 | 11:33 hrs | José Sobrevilla | José Sobrevilla


En esta historia de quienes estamos (o están) detrás de las preguntas de las mañaneras, nos detuvimos a platicar con Ramón Flores, quien es conocido por sus cuestionamientos incisivos y directos, pero documentados, y a quien el Presidente continuamente le otorga la palabra. Antes quiero recordarles que estas entrevistas se hacen porque, cuando los analistas o comentaristas hablan de ellos, caen fácilmente en el falso dato porque muchos de los “desmañanados” somos –o son– gente poco o nada conocidas, porque las únicas dos o tres personas de “la vieja guardia” que asisten, llegan con el desdén de que periodismo es solo ‘lo que ellos conocieron’, y no ‘lo que ahora existe’ (tema de mayor análisis) y están endiosados con la imagen presidencial.

Directo, el corresponsal de Los Ángeles Press empieza dándonos su nombre completo: “soy Ramón Ernesto Flores Gutiérrez y nací en el ‘Heroico’ Ayuntamiento de Río Blanco, Veracruz; tierra de Los mártires de 1907. El papá de mi madre, mi abuelo, falleció en ese movimiento y considero que de allí viene mi sangre revolucionaria”.

-¿Cómo inicias en el periodismo?

– Fue después de haber tenido una carrera corta en las Fuerzas Armadas, ‘no me da pena decirlo’ –cada quien hace su servicio militar dentro o fuera–, pero realmente me apasioné del periodismo cuando descubrí que con él, uno “tiene el poder de cambiar la mentalidad de los mexicanos, del mundo, de todo, únicamente escribiendo la verdad”.

Salí del Ejército y pagué mi carrera en la Carlos Septién García y, al terminar de ahí, me voy a Veracruz a hacer mis pininos escribiendo de esto y aquello. Después entré a Sin Censura con Vicente Serrano; tampoco me apena decir que empecé desde abajo, siendo el IVM (mandadero en el lenguaje coloquial) de los que ya tenían tiempo ahí, y como muchos han iniciado.

– ¿Has trabajado en periódicos formales?

– Como El Universal, Reforma, Milenio, etcétera, no. Pero sí en muchos llamados “pasquineros”. Que para mí está mal dicho porque varios sí son periódicos que informan, y lo hacen bien, pero si no eres un periódico oficial u conocido no existes.

– ¿Cuánto tiempo estuviste con Vicente Serrano?

– Dos años. Con él hacía cosas como cargar cables, maletas, escribiente, secretario… pero al ganar el Presidente López Obrador, ya en enero, empecé a ver que deberíamos estar afuera de Palacio Nacional para darle voz al pueblo, y platico con Vicente para crear una cápsula –no como Jorge Garralda, porque estaba ya muy quemado–, sino darle voz a la gente sobre lo que quisieran expresar.

Lo hicimos pero nos pegó, porque las personas llegaban y se desahogaban diciendo que otros ‘se les habían quedado viendo feo’. O sea que, con este espacio bajábamos el enojo a la gente. Para muchos era bueno o malo el producto, sin embargo, con sus detalles, nos funcionaba para ese momento.

– ¿Cómo llegaste con Guadalupe Lizárraga de Los Ángeles Press?

– De ella sí te voy a hablar muy bonito; aunque no implica que vaya hablar mal de Vicente, ni mucho menos. Él, Vicente Serrano, es mi mentor y siempre lo voy a respetar por ello, pero a finales de febrero tuve algunas confrontaciones con su corresponsal Rafael Herrera y demás equipo, porque yo decía que “se tenían que hacer ciertas cosas” y “ellos que otras”; diferencias que siempre han existido en los equipos.

Estábamos transmitiendo desde afuera del Palacio Nacional, frente a la puerta principal de Palacio, la ocasión que Guadalupe Lizárraga llegó a la conferencia mañanera con las víctimas del “falso caso Wallace”. Al pasar por donde estábamos le dije: “¿Te gustaría participar en ‘La voz del Pueblo’ en Sin Censura con Vicente Serrano?”. Yo la conocía únicamente de nombre pero no en persona y, cuando me dice “Soy Guadalupe Lizárraga” quedé sorprendido. La había visto como en dos fotos, pero me impresionó que fuera tan sencilla e inteligente.

“Si me das la oportunidad lo hablamos” dijo ella. Vicente se encontraba en Chicago, en el estudio y, cuando le aviso que la tenía esperando para entrar al aire; él responde “No, no. Tienes que respetarla. Ella es una gran periodista y no puedes hacerla esperar. “¡Pásamela de inmediato!”. Platicaron y pasó lo que tenía que pasar: denunciaron y se fueron.

Corresponsal de Los Ángeles Press para  las mañaneras

Mientras tanto, pasábamos el tiempo ahí, frente a Palacio Nacional, reclutando gente para ‘La Voz del Pueblo’ pero, ya como por el 21 de marzo, desde que tuvimos el problema interno en Sin Censura, Guadalupe me localiza y me dice que necesitaba un corresponsal: responsable, que mantuviera la imagen de su periódico; una persona recta, honesta y “entrona”, o sea que no le saque cuando sean casos de corrupción, homicidios y otros temas. Me informó lo que podía ganar y hacer con ella; “no es tanto lo que puedas cobrar de sueldo, sino el conocimiento, y acepté la oferta. Firmamos contrato y cuando en abril ya que estaba en su equipo me dice “Vamos a ver cómo va a estar eso de las preguntas”.

Desde entonces las redactamos en forma conjunta, y no como nos pinta Milenio, Televisa y TVAzteca que siembran las preguntas; “si de algo me jacto es que soy de los pocos que me tienen un poquito de respeto –como medio independiente– porque siempre, en todos mis cuestionamientos, he marcado tema”.

En ese tiempo Vicente publica un video, a finales de marzo, en el que dice “no acepto chingaderas” por parte de una persona que se ha ido de su equipo; y por esa afirmación se me vino encima buena parte de su público. Entiendo hoy que lo dijo, no porque no haya sido profesional, sin embargo oportunidades como esta se presentan al momento y queda la disyuntiva; sopesas y sabes que se van a enojar dos tres meses y después volverán a hablarte. Y así fue; ahorita nos llevamos muy bien; incluso estoy consternado porque ayer (jueves 2 de octubre 2019) acaban de amenazar de muerte otra vez a Vicente Serrano. Somos amigos pues y somos gremio.

– Platícame, ¿Cómo fue lo de esa amenaza?

– No tengo mucha información pero en Twitter dijo que alguien le llamó para advertirle “Bájale de huevos o te va a cargar la chingada”… Pero es prácticamente lo mismo de las amenazas que yo he recibido. Hasta ahora llevo dos y, últimamente, tuve que cambiarme de departamento porque ‘la verdad no me iba a poner a averiguar si venían o no por mí’.

– ¿Por qué fueron las amenazas a tu persona?

– Desde que entré a trabajar con Guadalupe, empecé a hacer preguntas fuertes contra Isabel Miranda de Wallace. ‘Yo no le llamo “señora” porque siempre he dicho que una “señora” se gana ese título y ella no se lo ha ganado conmigo’. No es mi problema, tampoco la estamos atacando, ni diciendo que es “tema personal” porque en el periodismo nada es personal, todo es investigación. Si lo toma personal es otra cosa; pero para mí, solo es “Isabel Miranda Torres”. Me empapé y apasioné del tema porque soy entusiasta de la temática criminal; sin embargo, al platicarme Guadalupe del “falso caso Wallace”, al principio no lo podía creer.

Ella –Lízarraga– me había invitado a su equipo también para empezar a desarrollar un canal de YouTube, fortalecer el periódico y reforzar el portal, por lo que me tuve que introducir en las investigaciones que ella venía haciendo; pero cuando leí los expedientes de Wallace, los libros y todo, me di cuenta que eso fue el acabose del PAN, 2006-2012, porque eran una mafia que se dedicaba a fabricar culpables y cobrar recompensas; fue así que me comprometí con Guadalupe a trabajar exactamente en la defensa de los presuntos culpables del caso.

– ¿Cómo fue tu primer día a las mañaneras?

– La primera que me saludó fue la de MVS; a su lado –en la fila– estaba Lord Molécula, el señor Carlos Pozos, y me dio la impresión de que ‘competían siempre por el primer lugar’. Llegué y le pregunte a Pozos si era la fila para periodistas, me respondió que sí; pero también me preguntó el medio del que venía. A Lord Molécula ya lo había visto, pero no sabía que se llamaba “Carlos Pozos” y, por mi educación, no consideré prudente decirle “¡Hola Lord Molécula!” Nos presentamos y tuvimos química inmediatamente. Luego me presentó a Marco Olvera y Sandy Aguilera.

La palabra me la concedió el Presidente como a los dos o tres días. No recuerdo qué fue lo primero que pregunté, pero fue poco importante porque de lo que se trataba era de posesionar en la agenda el caso Wallace. Conforme entré a las mañaneras fui avanzando en las preguntas y me volví más audaz, hasta lograr que el Presidente nos dijera lo que queríamos escuchar: que “así como se le había planteado, el caso de Isabel Miranda de Wallace, estaba viciado de corrupción”.

-¿Han cumplido su objetivo las mañaneras?

Sí, porque le han quitado el protagonismo a los medios tradicionales. ¿Qué pasaba antes? Durante las giras, Peña Nieto iba en su avión adelante, y atrás volaba un jet o una avionetita con los reporteros de la fuente. Ahí llevaban chupe y fiesta, y ya cuando bajaban estaban medio ebrios. Les pasaban la versión estenográfica y eso era lo que publicaban; estoy hablando de Reforma, El Universal, Milenio y todos ellos.

Para hacer un trabajo profesional, por lo general, yo analizo por la tarde las mañaneras, pero lo hago confrontándola con los comentarios de YouTube. Por ejemplo, hoy cuando le pregunté sobre la niña que se encuentra en Sacramento y ese rollo, mucha gente se me vino encima porque dicen “cómo vienes a exponerle un problema al Presidente de una niña internada en Sacramento, California”.

En el desarrollo fui claro al recalcarle al Presidente que fue una familia masacrada en Empalme, Sonora, parecida a la de los LeBaron; pero únicamente que estas eran personas humildes, sin la doble nacionalidad, y que los últimos 60 mil pesos que les quedaban después de haber vendido como diez chivos, los invirtieron para meter de contrabando a su hija o nieta. Cuando su salud se complicó, el director del hospital de Guaymas hizo el trámite para llevarla a un hospital de Sacramento California. Era la única posibilidad de salvarla; sin embargo, su hermanito de siete años murió al día siguiente.

Cuando me hacen el comentario, en redes de que “es problema de Donald Trump” me doy cuenta que es reflejo del fanatismo lo que les impide analizar. Y es lo que te digo, la discriminación. “Si yo no puedo pronunciar la equis… pues el Presidente tampoco puede pronunciar dos tres palabras, y eso no lo hace ratero, o falto de credibilidad”. Cuando el Ejecutivo dice “Donald Trump” no lo pronuncia bien, pero yo como periodista no voy a destacarlo. A mí me vale si dice TRUMP, TROMP o lo que sea.

– ¿Has vivido algún caso de discriminación en las mañaneras?

– Hoy en la mañana, con la pregunta. Desde niño he padecido el problema de no poder pronunciar algunas palabras. He tomado clases con maestras y llega el momento en que sí lo logro, pero se me hace difícil. A lo mejor es una disciplina con el vocabulario.

Para mí, es mejor que te burles porque no puedo pronunciar la equis, a que me digas “no te queremos en este país porque te robaste 12 millones de dólares anuales como hizo Joaquín López-Dóriga”. Ya lo dijo hoy el Presidente, “de qué sirve que tengas un doctorado y seas un fregonazo en la carrera, si lo ratero no se quita”, y yo me siento orgulloso porque a lo mejor no puedo pronunciar la equis o como hace rato que hice la pregunta y dije que “la reclusa había sido víctima de un abuso “setzual” como destacan mis críticos, pero me considero una persona honesta.

De la familia masacrada en Empalme, Sonora, le comenté al Presidente que para mí era un caso de discriminación porque la niña sobreviviente, de ocho años, que trasladaron al hospital de Sacramento, a le habían amputado una pierna, pero que, “como son pobres, no tienen derecho a la justicia”. Respondió el primer mandatario que no; que “aquí –en su gobierno– no hay discriminación y no sé qué…”, pero lo que pasaba era que la atención de los medios, y el nombre de los LeBarón, estaba sobre ellos.

Cuando estaba poniendo en la palestra esa pregunta, sentados atrás de mí, estaban compañeros de Reforma, Imagen y otros dos medios quienes, al levantarme y exponer la pregunta escuché que cuchichearon: “Ay sí, como siempre, viene a hacer preguntas sembradas porque las trae escritas”, y era la reportera de Reforma. En lo que me contestaba el Presidente no pude, pero al terminar, volteo y les digo: “Si leo la pregunta y la traigo anotada es porque aquí traigo los datos, porcentajes y lo que tú quieras, pero no es porque alguien me la haya sembrado”.

He tenido problemas con Jannet la de Milenio, y con Irving el de TV Azteca, incluso ahorita le contesté a Irving diciéndole que “el que se lleva, se aguanta”, porque se estaba burlando porque yo no podía pronunciar algunas palabras, “Pero yo no estoy de chillón como tú –le contesté–, cuando se te fue encima la gente de las redes”. También me ha buleado y discriminado en mi trabajo, además de TV Azteca, gente de La Crónica.