¿Qué nos ocurre?

28 enero 2015 | 11:56 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Los imperios del futuro serán los imperios de la mente.

Camelot.

¿QUÉ NOS OCURRE?

En torno de una mesa no de cantina, en el comedero bar de Guillermo Calderón, La Mina, que tiene bella vista frente a la Concordia, la iglesia y su pequeño parque que, en las noches de bruma, cuando la neblina baja al suelo, aquello se ve como Londres en tiempos de Jack el Destripador (1888), un tipo más malo que Carvallo el malo, unos contertulios hablábamos de México. De lo que hemos sido y de lo que quizá nunca seremos. Y poníamos ejemplos. Porqué los gobiernos del Primer Mundo tienen un comportamiento diferente al nuestro. Es por cultura, decía uno. Otro le achacaba a los genes. Uno más a la pillería y corrupción y la impunidad, que es el pan  nuestro de cada día, amén. Y brotaron los porqués. Veamos. Por qué hemos rebasado el límite de los buenos en las direcciones cinematográficas. Los Oscar ahora están en manos de los mexicanos y en los Mundiales no hemos pasado al maldito Quinto Juego. ¿Qué nos pasa allí? Eso no tiene la menor importancia, diría Arturo de Córdova. Es por los federativos, tipos mediocres que no ven más allá de sus narices, y que Decio de María y el inútil de Justino Compéan, pretenden con tantos extranjeros ser lo que no hemos podido ser.  Si un mexicano se perfila a la máxima presea cinematográfica, porqué la selección no ha podido, se preguntaban unos. Hemos tenido Premios Nobel y Cervantes y de Literatura y uno de la Paz, pero en el deporte de conjunto, estamos para llorar.

CALDERÓN Y MADURO

Uno, cuando se convierte en presidente, me imagino, emplea una política externa difícil. Pero cuando pasas a ser el jarrito chino (la leyenda dice que los expresidentes son tan valiosos como los jarritos chinos, pero no encuentras lugar donde ponerlos), es diferente. Felipe Calderón viajó a Venezuela. Se fue a meter, con otros expresidentes a la cueva de un estadista que, antes de ser chofer de Hugo Chávez, lavaba por ahí lo que se podía, me lo imagino hasta de franelero, sin insultar a los franeleros, me refiero al gran Nicolás Maduro. Un tipo que ha quebrado a su país en menos de un año. Donde escasea todo, y todo por el amor a Cuba y su barbón que no se quiere morir. Con su camisa azul de comandante en jefe de un pueblo que empobrece, pese a nadar en petróleo, Maduro dijo de los expresidentes: «El pueblo ha visto el rostro horroroso del fascismo». Ay sí tú. Calderón dijo que un insulto de este güey (eso es mío) era un honor. Y con Pastrana y Piñera, hablaron de que allí hay  presos políticos, y hambre. Felipe Calderón recordó que desde el inició de su gestión (2006-2012) hubo tensión con el gobierno de Hugo Chávez, comenzando con la expropiación de empresas nacionales como Maseca y Cemex. Tiene Maduro en la cárcel a un lidero opositor, Leopoldo López, dirigente del partido Voluntad Popular ¿y qué creen? Este macuarro no dejó entrar a la cárcel a los tres expresidentes. Qué raro.

LAS PELIGROSAS CARRETERAS

Ahora no son las de Capufe, aunque están incluidas. Hace tiempo un lector comentaba que las carreteras mexicanas están diseñadas y hechas para matarse. O para quedar inválidos de por vida. Solía decirles a sus hijos que, cuando vieran un letrero de curva peligrosa, frenara porque la estadística es que, los policías de Caminos Federales le ponen el letrero cuando ya han muerto más de 30 conductores o acompañantes. Ahora que el inútil Benito Neme (director de Capufe) y el otro inútil, Gerardo Ruiz Esparza, llegaron con Peña Nieto tumbando caña, algo intentan. Va el problema. Ayer leí en diario orizabeño de un accidente donde un joven falleció al instante. Sucede que al chocar contra la barra metálica, la barra sirve como cuchilla y termina matando al conductor o al copiloto. Este problema lo conoce SCT desde hace tiempo. Los gringos lo corrigieron hace mucho, con barras que se destrozan al golpeo, y no sirven de cuchilla. Ahora en el tramo renovado (una parte, la otra está como carretera o camino rural) de la autopista Capufe Córdoba a Veracruz, hay unas partes donde ya están quitando esta peligrosidad, ponen unos postes y con alambre metálico servirá para que los automovilistas no pierdan la vida. La escena es desgarradora, la barra metálica sirvió como punta de lanza, al chocar penetró por el asiento del copiloto y mató al joven, atravesándolo. Algo hay que hacer para preservar la vida, las carreteras mexicanas son peligrosísimas, con todo y que muchas son de autopistas, otra causa es que pocos respetan la velocidad permitida. Según cifras del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (Conapra), al año en México ocurren por lo menos 24 mil decesos relacionados con accidentes en autos, siendo las carreteras de la ciudad de México a Toluca, Querétaro y Puebla las que registran un alto índice de accidentes viales, debido a que son las más transitadas. Mientras, el número de discapacitados por esta causa asciende a 40 mil (la tercera parte de entre 15 y 29 años de edad), lo que representa un costo de 126 mil millones de pesos anuales al gobierno federal. Cuidémonos. Y bien por la SCT al cambiar esos fierros de la muerte.

MANOLO SÁNCHEZ

 Manolo Sánchez es un funcionario que servía en el Registro Público de la Propiedad de Orizaba, hasta hace no mucho. Con eficiencia y honradez. Atendiendo a los veracruzanos desde ese Palacio Municipal que ahora pondrán un elevador transparente. Solía ir con nosotros en el grupo de los Supermartes, donde orizabeños y cordobeses desayunamos y nos vamos (tesis foxista), cada 15 días. Una mañana Manolo entregó esa oficina. Los cambios en los gobiernos así suelen darse, intempestivos, abruptos, a veces sin razón. Un viejo funcionario decía que los escritorios públicos son prestados, por eso en las películas se ve que sacan sus cosas en cajas de cartón. Pues bien, escribió Manolo en el Facebook que fue invitado por el Consejo Directivo del Colegio de Notarios a trabajar con ellos, como su Administrador General, me imagino que en Xalapa, que también es pueblo y tiene un alcalde que le da duro a la chamba, el hijo del profesor Zúñiga, Américo. Qué bueno por Manolo. Seguro su señor padre, que recién falleció, está viéndolo con orgullo desde donde esté. Y los notarios ganaron con esa contratación. Felicidades.