¡QUÉ LECHE!

4 septiembre 2016 | 10:35 hrs | Columna

Por Mario Noriega Villanueva

Cuando las perspectivas con un gobernador joven, preparado –tiene grado de doctor, aunque parece que resultó ser patito–, eran enormes y había razón por la popularidad que alcanzó al registrar la mejor votación de la historia de Veracruz, cuando fue elegido por los ciudadanos que creyeron en él, Javier  Duarte de Ochoa, termina –si es que lo dejan llegar a noviembre, con un total descrédito, acusado de corrupción –saqueo de los recursos de los veracruzanos–, con una carencia total y absoluta de credibilidad y por supuesto, confianza.

Además, olvidado, rechazado, repudiado por el pueblo al que deja en la miseria, prácticamente quebrado, con altísimos índices de corrupción, impunidad e inseguridad, tres aspectos fundamentales y que merced a sus altos índices jamás registrados, colocaron a Veracruz en el primer lugar en violencia y más cuando ya son 19 los periodistas masacrados durante su sexenio, sin que nunca haya atinado a hacer el mínimo esfuerzo por frenar un tanto este estado de postración o definitivamente se haya hecho como el tío lolo o de plano, abiertamente dejó que la inseguridad creciera a índices alarmantes como los que actualmente se registran.

Se fueron acumulando los puntos negativos en su contra, hasta ganarse “con toda justicia”, el galardón como “el peor gobernador de toda la nación”, que no es cualquier cosa, solo que con un tache enorme e intensísimo color púrpura por toda la sangre derramada por muchos veracruzanos que en condiciones trágicas emprendieron el viaje de ida sin retorno, sin siquiera ruborizarse y hasta con un importanadismo que tiene crispados a los veracruzanos, quienes ya le dieron una severa lección el pasado 5 de junio, haciendo posible una alternancia que parecía imposible, pero que a partir del primero de diciembre, se concreta oficialmente.

Es tan negro, pesado el ambiente en contra del gobernador más joven de la historia de Veracruz, que ya no tiene espacio en los medios para que difundan las acciones que ejecuta –al mente–, para intentar hacer ver a los veracruzanos  un estado en el que la “prosperidad” es lo que nunca se alcanzó pero que existe, solo para Javier Duarte, quien ya se ganó a pulso, con el juicio contundente de los jarochos, el título del peor gobernador, al que inclusive el presidente de la República, lo rechaza y minimiza en actos políticos de toda la clase política más importante, ante la sonrisa socarrona de otros de sus colegas.

No quisiera uno escribir sobre el particular, pero tampoco se pueden  contener los reclamos de un pueblo agraviado, vilipendiado, ofendido al máximo y sobre todo, saqueado por una gavilla de facinerosos –al menos hasta que demuestren lo contrario, si no comandados por Duarte, cuando menos, se mantuvo indiferente a lo que sus colaboradores hacían. Y como dicen que “tanto peca el que mata la vaca, como quien le detiene la pata”, pues la ley, la justicia, tendrá que llegar hasta quien se considere, es el directamente responsable de toda esta corrupción, impunidad e inseguridad, en la que está sumergido el estado con un gobernador joven al que no le sirvió de nada su doctorado y le valió queso servir a los veracruzanos. No se puede permanecer callado ante tanta maldad, perversión, corrupción o como se quiera llamarle. O ¿usted sí?

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