¿Qué le pasa a Solalinde?

29 octubre 2014 | 18:28 hrs |

Últimamente me he preguntado: ¿Dónde quedó el sacerdote abnegado y disciplinado que en sus inicios convenció a propios y extraños en su labor a favor del prójimo? ¿Qué hizo cambiar al padre Alejandro Solalinde Guerra, hasta convertirlo hoy con todo respeto, en un individuo protagónico, fantasioso, obstinado e irreverente con todo lo que le representa autoridad? ¿Por qué nadie lo ha ubicado, –desde la Iglesia y desde el Gobierno–, en su actuación obsesiva de sobresalir, aún por sobre los de su misma vocación?

Respetamos su lucha inicial de apoyar a los pobres y en particular a los migrantes, que le permitió ganar simpatías porque se trataba de una acción humanitaria y solidaria hacia quienes buscan mejorar en otras latitudes; pero, ¿acaso el tiempo hizo a Solalinde, cambiar sus percepciones y hoy, está usando esa solidaridad para lograr notoriedad frente a sus superiores, tanto eclesiásticos como del gobierno?

De sus diferencias con las autoridades eclesiásticas, hay muchos datos, pero sólo menciono como muestra el conflicto de Solalinde a inicios del año 2012 con su superior religioso el obispo de Tehuantepec Óscar Armando Campos Contreras, el que según éste le había advertido que lo asignaría a una Parroquia y lo retiraría de su puesto como Coordinador del Albergue de migrantes: Hermanos en el Camino, espacio que él fundó, ubicado en Ixtepec, Oaxaca[1] ,

Hay que recordar que este tema le redituó a Solalinde, mucho en publicidad en su momento, tanto para su causa como para su persona y ello lo hizo famoso a nivel nacional e internacional. Igualmente hay que reconocer que por ese hecho, fue objeto de amenazas de la delincuencia, y por ello en el discurso empezó a culpar al gobierno en general, de todo lo que le sucedía, cuando a todas luces era de entenderse que se estaba inmiscuyendo en temas muy delicados en regiones del crimen organizado, que debían ser denunciados—no a la prensa—sino a las autoridades competentes. Y todo esa notoriedad la logró en poco tiempo, aprovechando el vacío de poder en ese rubro por parte de las autoridades mexicanas, que permitieron por décadas el paso de ilegales de Centro y Sudamérica por territorio nacional y el crecimiento de bandas delincuenciales en esas regiones del país.

Hasta ahí las cosas. Pero, donde empieza la duda, es cuando se observa de Solalinde, actitudes de altivez, a tal grado de desacatar a su superior el Obispo Campos, al rechazar el nombramiento de Párroco. Y por supuesto que lo hizo porque lo habría marginado a las actividades de rutina de un buen sacerdote y eso le haría perder el control de su Albergue aislándolo del tema de la defensa de los migrantes y de la publicidad que le ofrecía. Se le acababa el pretexto para golpear al gobierno. Por eso no lo aceptó y se rebeló. Retó al Obispo e hizo uso de la radio nacional, de la TV, de las redes, etc., dejando en mal a su superior, para que finalmente éste –ante la presión mediática-, cediera y lo dejara en ese lugar.

Respecto a su confrontación contra el Gobierno, no es ninguna novedad. Ha usado y abordado siempre los medios informativos para señalar, cuestionar y acusar libremente –con justificación o injustificadamente–, al gobierno en cualquier nivel, no sólo sobre el problema migratorio sino también en otros temas sensibles. Y uno de las últimas acusaciones, fue concretamente contra la PGR, por el lamentable caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, atreviéndose a decir que era un asunto político y asegurando que: “dicha desaparición forzada –hecha por elementos de un gobierno municipal en específico–, es por culpa del Estado mexicano”. Ello lo volvió a exhibir en su actitud obsesiva de buscar un culpable y sin bases acusar a un solo actor. Cuando que, hay tantos factores alrededor del caso, que si el gobierno fuera imprudente también, podría asumir supuestos como el que algunos ministros de la iglesia podrían estar confabulados con la delincuencia, en especial en los lugares más apartados. Cosa que se tomaría como una irresponsabilidad total.

Pero la prudencia no es una cualidad en él ¿Entonces estará Solalinde, a estas alturas ya afectado en sus facultades? Porque cada vez es más tendencioso y calculador, y ello puede deberse a tres cosas: A) un alto grado de inconformidad producto de una personalidad inadaptad o insatisfecha; B) una visión deformada de la realidad, ya sea por la edad, frustración o por la necesidad de notoriedad que lleva desde actitudes protagónicas y caprichosas hasta las irresponsables. C) o por una alianza con los grupos políticos radicales que han existido en esas regiones con los que se identifica. Cualquiera de estas razones, exhibe su egocentrismo, que se manifiesta en rebeldía y rechazo natural hacia lo que signifique autoridad, orden o disciplina.

Aclaro, no se trata de cuestionar su actuación moral y humanista como sacerdote–ni de él ni de nadie–, todos me merecen respeto; lo que no me “late”, es la manera de lograr las cosas a base de la presión, irreverencia e incluso de la desobediencia, abusando de su posición y usando supuestos –verdades a medias–, para acaparar la noticia. Esto último, es lo delicado, porque el expresar con tanta ligereza cosas tan delicadas, demuestra una gran irresponsabilidad, porque además se inmiscuye en asuntos políticos poniéndose como blanco intencionalmente, agravando los problemas, en lugar de ser parte de solución. Y ahí es donde se separa del cumplimiento de una misión específica como sacerdote al adoptar el papel de líder popular.

Solalinde, a diferencia de otros, goza hoy de ciertos privilegios; porque a raíz de las amenazas que dice padecer, goza de seguridad personal y en sus instalaciones. Medidas que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le pidió al gobierno mexicano se le concedieran, para protegerlo de los delincuentes que –según él-, lo persiguen permanentemente. Pero esa concesión, me parece, que la ha venido mal interpretando pues no cesa de retar a las autoridades y a esos grupos; y, si por casualidad le llegaran a lesionar en su integridad física, seguramente culpará al gobierno de lo que le suceda. Esto—aquí y en china–, es una acción premeditada, tendenciosa y calculada.

Sacerdote, rebelde, revolucionario, actor, individuo bipolar, etc., ¿Qué es Solalinde? Porque en el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa del Municipio de Iguala, Gro., se ha comportado de manera imprudente, irresponsable y con falta de sensibilidad. No ha medido sus palabras, ha lastimado a los padres y familiares de esos jóvenes. Hoy éstos lo han rechazado. Pretendió hace unos días impartir una misa en las instalaciones de escuela de sus hijos–que sin consultarles la programó–, pero ellos no lo aceptaron y prácticamente lo corrieron y con razón. Y los padres de familia lo hicieron, porque estaban muy molestos por sus comentarios– no probados–, de transmitir ante los medios, antes que a las autoridades, rumores en donde describía formas de ejecución y existencia de fosas que aún no habían sido localizadas y menos de haber confirmado la muerte de éstos. Por eso se tuvo que regresar con sus honores. Pero eso es el resultado de actuar sin medir las consecuencias y de faltar al respeto a los familiares que hoy están dolidos y desesperados, pues mantienen la esperanza y piden a Dios encontrar a sus hijos aún con vida.

Pero todo ello debe tener un límite. Así como el Estado, tiene por principio el respeto a la función de las Iglesias y les da libertad para desarrollar su función, así también la Iglesia debe cuidar que sus representantes no interfieran en la labor que le corresponde al Estado, a menos que como ciudadanos deseen aportar datos que puedan beneficiar las investigaciones.

Hace 115 años (1859) el Presidente Benito Juárez García, en su posición liberal, estableció como necesidad de orden social y político para el país en las últimas décadas del siglo XIX implantar las Leyes de Reforma, que definieron, el acotamiento–no de la función o misión–del Clero católico, sino del poder excesivo que imponía y que atentaba contra la privacidad y los derechos individuales de los mexicanos y, con esas limitantes, logró eliminar cualquier intento de manipulación de consciencias y voluntades y la intervención del El Clero, en los asuntos del Estado. Aspectos que ya poco suceden –con sus casos de excepción como el que hoy se menciona–, porque se ha pugnando porque esa estricta separación, se cumpla[2].

Ambas instituciones son necesarias y no son excluyentes, cada quien cumple –por separado—una función importante en la vida de los ciudadanos. Ambas ayudan a los individuos a su mejoramiento y sólo debe mediar entre estas, una verdadera relación de respeto y apoyo mutuo para que el individuo sea el principal beneficiado.

Pero regresando a Solinde, sin duda su sello está claro: es un religioso polémico, contestatario y controversial, en su inicio congruente y hoy imprudente e indisciplinado con propios y extraños. Y no va a cambiar, porque es parte de su forma de actuar y habrá quien le convenza su estilo. En lo particular a mí no.

Para los seguidores de la Iglesia, el respeto es un valor esencial. En lo particular creo, comulgo—no lo oculto–, y apoyo la labor de la misma especialmente sus llamados a la solidaridad hacia las personas en pobreza, en desgracia, etc., y admiro la labor de orientación de muchos sacerdotes—incluso tengo amistad con muchos de ellos–, que trabajan y se esmeran porque sus seguidores entiendan el valor de la fe, que transmiten el amor y respeto al prójimo en toda forma de convivencia, que cumplen fielmente con su misión evangelizadora y de acercamiento con los ciudadanos, incluso que oran por los que toman las decisiones para que su labor se refleje en soluciones a los problemas de la comunidad y se logre preservar con ello la paz y la armonía entre las personas. Todos esos ministros de la iglesia, siempre me han merecido respeto y reconocimiento.

Porque nadie tiene el derecho de buscar pretextos para manipular, distorsionar la realidad y abusar de la voluntad humana, sea quien sea: maestros, sacerdotes, policías, políticos, autoridades, etc. Nadie puede usar a la Iglesia, los partidos, la escuela, el gobierno, para atropellar a los que están en desventaja por su condición de social, económica, política o de salud. En suma, no se puede abusar del poder—desde el espacio que sea–, para manejar a las personas a su antojo, así sea por medios sutiles o bruscos, y menos influir en su pensamiento y consciencia llevándolas hacia un interés sectario, ideológico, religioso o político, sea individual grupal o institucional.

Quien lo haga, su actuación será siempre cuestionable, porque atentará contra los derechos y libertad humana.

Gracias y hasta la próxima.