PRI y su ‘Consejo de Ancianos’

EN VERACRUZ no se ven visos que arrojen luz en torno a la inmediata renovación del PRI Estatal

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14 marzo 2019 | 11:09 hrs | Carlos Jesús Rodríguez | Carlos Jesús Rodríguez
  • No hay para cuándo un dirigente
  • Viejos buenos y malos se anotan

Por Carlos Jesús Rodríguez

EN VERACRUZ no se ven visos que arrojen luz en torno a la inmediata renovación del PRI Estatal, aun cuando cuatro o cinco acelerados se reúnen con una Corriente Crítica que pareciera querer acaparar reflectores, erigiéndose en el afamado Consejo de Ancianos que en tiempos del imperio Azteca se le denominaba, también, “huehuelque” o los viejos de la aldea, siendo responsables de crear las miles de reglas que regían a aquel gobierno, aunque a menudo no eran muy fiables sus decisiones ya que algunas eran tomadas de forma repentina, pero se respetaban porque emanaban de los más experimentados. El Consejo de Ancianos mexica estaba formado por hombres y mujeres, a diferencia de la “Corriente Crítica del PRI Estatal” que parece, más bien, un club de Toby, donde solo impera la voz de los varones, aunque si se parecen en algo: en que el miembro más joven de ambas organizaciones tiene 75 años, la edad en la que el clero católico retira a sus ministros por el peso del tiempo. Y es que el Decreto Christus Dominus si bien no habla de la mencionada jubilación por vejez, sí de la renuncia de obispos y párrocos por el peso de la edad. De los propios términos del Decreto se deduce que se hace referencia a la incapacidad, más o menos amplia, para el ejercicio del ministerio, ya que se trata de aquellos casos en que los obispos o equiparados se hicieran menos aptos para el desempeño de su oficio, y los párrocos están impedidos para desempeñar debida y fructuosamente su cargo.

PERO EL gran Consejo de Ancianos del PRI Estatal ni se retira ni le interesa hacerlo, y ahí está un Carlos Brito Gómez que rozando casi los noventa años insiste en ser la voz cantante de los deciden quiénes estarán al frente de la dirección estatal, o incluso, otros más jóvenes que ya rebasaron los 75, y aun sueñan con ser diputados locales, federales, alcaldes y hasta senadores, más aun cuando el Movimiento de Regeneración Nacional ha dado espacios de dirección y gobierno a personajes de más de 80, como Porfirio Muñoz Ledo,  que ya frisa los 85 y se desempeña como presidente de la Mesa Directiva de la Cámara Baja, o Manuel Bartlett Díaz que anda en los 83 y funge como director de la Comisión Federal de Electricidad por solo mencionar algunos. Por ello en el PRI Estatal –que no en el nacional- los “críticos” se empeñan en ser los fieles de la balanza, y en ese tenor han obligado a desfilar en conferencias o debates de esa organización a suspirantes que cuando terminan el interrogatorio consentido, se sienten como iluminados, desdeñando a un Comité Ejecutivo Nacional que deberá ser nombrado primero para, posteriormente, seguir con los Estatales como parte de la línea del nuevo “Tlatoani” tricolor.

CUENTAN LOS historiadores que en la sociedad mexica la vejez comenzaba cuando un hombre alcanzaba los 52 años, es decir, cuando se cumplía un siglo: transcurridas 52 vueltas del ciclo de 365 días y 73 vueltas del calendario adivinatorio. La persona que alcanzaba tal edad era respetado por la comunidad y se le eximía de muchas de las obligaciones que hasta entonces debía cumplir: ya no pagaba tributos, sus consejos se consideraban sabios y podía consumir el sabroso pulque: la “bebida de los dioses”. Ser viejo no equivalía a la exclusión de la sociedad, por el contrario, los viejos seguían activos y en ellos recaía la tarea de concertar los matrimonios, las ceremonias religiosas, a más de interferir con sus consejos en los asuntos del trabajo, la familia y la guerra, pues se tenían muy en cuenta su experiencia y conocimientos acumulados en un siglo de existencia. Fray Bernardino de Sahagún nos refiere en su obra cumbre “Historia general de las cosas de la Nueva España” que: “el viejo es cano, tiene la carne dura, es antiguo de muchos días, es experto, ha experimentado muchas cosas; ganó muchas cosas por sus trabajos. El buen viejo tiene fama y honra, es persona de buenos consejos y castigos; cuenta las cosas antiguas y es persona de buen ejemplo”.

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PERO EL afamado misionero franciscano, autor de infinidad de obras en náhuatl y en castellano consideradas hoy los documentos más valiosos para la reconstrucción de la historia del México antiguo, también nos habla del mal viejo, y reseña: “El mal viejo finge mentiras, es mentiroso, borracho y ladrón; es caduco, fanfarrón, es tocho, miente y finge”, y uno se pregunta a qué concepto se apegarán los de la corriente crítica priista que, seguramente muchos de ellos no votaron por el PRI en las recientes elecciones ni impulsaron el voto a favor de ese instituto entre sus conocidos y familiares, pero hoy ante las circunstancias, como muchas personas, quieren recuperar al “tricolor” tras el portazo que recibieron en la nariz al intentar acomodarse en una Cuarta Transformación que una vez en el poder se hace la olvidadiza, incluso, con los amigos de AMLO a quienes ni Cuitláhuac ni sus funcionarios más cercanos reciben ahora.

NO ES secreto que los calpullis o barrios de la administración citadina mexica se gobernaban por medio de un Consejo de Ancianos integrado por viejos buenos, a los que se llamaba Huehues, o viejos que se relacionan con la sabiduría y experiencia de los años, por lo que se les concede injerencia dentro de la jurisdicción civil y criminal, y en otras decisiones que atañesen a sus barrios. Los calpulhuehuet o viejos del calpulli participaban en las ceremonias religiosas y se les consultaba en relación a los asuntos importantes que afectaban al barrio. Asimismo, cuando se nombraba a un nuevo tlatoani, jefe máximo de los indios, asistían los tecuhtlatoque, los soldados viejos y los ancianos no militares. Por su parte, los pochtecas, viejos comerciantes viajeros eran muy respetados y tenían muy grande autoridad. Los ancianos mexicas nunca dejaban de contar con la protección de la familia y su cuidado hasta la muerte.

PERO ESO era en la antigua Tenochtitlán, donde se llegaba a viejo con sabiduría, y respeto ganado a lo largo de la vida. Un viejo era reconocido por quienes aspiraban a gobernar. Ahora las cosas han cambiado, y el enorme apéndice de algunos mayores en la parte trasera del cuerpo, ahí donde termina la columna vertebral, los hace los menos a propósito para refundar al PRI con sabiduría y alejado de las viejas mañas que terminaron por llevarlo al despeñadero, y en donde seguramente, continuará si no se integran auténticos colegios para formar cuadros, alejados de tentaciones que solo les inducen a una frase: corrupción, corrupción y corrupción, esto es, usar a un partido para enriquecerse sin menoscabo de quienes en su momento les otorgan la confianza o ponen su esperanza en manos de un político falaz. A ver qué pasa. OPINA carjesus30@hotmail.com

 

Esta es opinión personal del columnista