Presidentes ilegítimos

15 junio 2017 | 17:41 hrs | Carlos Jesús Rodríguez

AUNQUE LA “Segunda vuelta” es algo urgente y necesario en un País que sigue justificando la ilegitimidad de sus gobernantes a partir del argumento de que “en la democracia un voto es suficiente para ganar”, aun cuando ninguno de los contendientes, al menos en las tres últimas elecciones presidenciales ha logrado el 45 por ciento, ya no de la Lista Nominal, sino de los sufragios emitidos, lo cierto es que pretender instaurarla mediante una reforma constitucional al vapor que, además, está fuera de tiempo, se antoja más un distractor del dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya ahora que Margarita Zavala ha decidido recorrer el País en un especie de presentación previa a la selección del abanderado de ese instituto a la Presidencia, y una manera de contener a Andrés Manuel López Obrador, ya que está consciente que en una lucha de tres o cuatro, en la segunda vuelta solo contenderían quienes hayan ocupado el primero y segundo sitio, en este caso, por las circunstancias que se viven: PAN y MoReNa o viceversa, y acaso el PRI, en ese afán de evitar que llegue el tabasqueño a la Presidencia, se incline, en una negociación previa de impunidad, a favor del “blanquiazul” o, incluso, si los ganadores fueran PRI y MoReNa los azules estarían dispuestos a respaldar a los “tricolores” con tal de atajar al Peje.

Y ES que una “segunda vuelta electoral” no es cuestión de hacer tamales (aunque la intensión fuera esa). De realizarse o aprobarse debe quedar insertado en la Constitución el número de sufragios que debería obtener un aspirante a la Presidencia en los comicios generales para proclamarse Presidente sin tener que someterse a otros comicios en los que tendría que disputar la mayoría con quien obtuvo el segundo sitio. En naciones avanzadas como Francia, la Constitución señala que serán proclamados presidente y vicepresidente los integrantes de la fórmula que obtenga más del 45 por ciento de los votos, independientemente de cuánto consiga el segundo. Pero, también señala que si el candidato más votado en primera vuelta alcanza el 40 por ciento y obtiene una diferencia de más de 10 puntos sobre su principal seguidor, se convertirá en Presidente ipso facto.

LA LISTA nominal del País está integrada por 85 millones 606 mil 522 ciudadanos, de los cuales 41 millones 135 mil 296 son hombres y 44 millones 471 mil 226 son mujeres, y si un candidato a la presidencia gana por solo 19 millones 226 mil 784 votos, estos representan apenas el 22. 45 por ciento del total de quienes integran el padrón, porcentaje que se eleva si se toma en cuenta como medición el número de participantes en una elección que en ocasiones es menor al 60 por ciento, como ha ocurrido en los más recientes comicios, esto es, en las tres últimas elecciones presidenciales del 2000. 2006 y 2012 que dio el “triunfo” a Peña Nieto, y que a decir verdad, no estaría representando ni siquiera a un tercio de la población.

PERO LOS números no mienten. En el 2000 la “Alianza por el Cambio” que llevó al triunfo a Vicente Fox Quesada ganó con 15 millones 989 mil 636 sufragios, esto es, el 42.52 por ciento de quienes participaron, pero si nos vamos a la misma lista nominal, Fox habría ganado con solo el 18.67 por ciento del padrón electoral, algo que en cualquier País que diga democrático es más que ridículo. En aquella ocasión, Francisco Labastida Ochoa con la alianza “Que el poder sirva a la Gente” encabezada por el PRI obtuvo 13 millones 579 mil 718 sufragios, esto es 36.11 por ciento de los votos depositados en esa elección pero 15.86 por ciento del padrón total. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, de la “Alianza por México” liderada por el PRD obtuvo 6 millones 256 mil 780 votos, o el 16.64 por ciento de los sufragios emitidos, pero el 7.30 por ciento de la lista nominal. Hablar del resto ni caso tiene. Por ejemplo, el Partido de la Sociedad Nacionalista que postuló a Gilberto Rincón Gallardo obtuvo 592 mil 381de una lista nominal de compuesta por 85 millones 606 mil 522 electores; el Partido Centro Democrático de Manuel Camacho Solís logró 206 mil 589 votos, y Porfirio Muñoz Ledo se quedó con156 mil 896.

POR ELLO, sin duda, para una segunda vuelta deberían descartarse partidos como estos últimos, ya que no tiene caso gastar tanto dinero en institutos o candidatos que ni siquiera dan risa, sino lástima. Pero analicemos la elección del 2006, cuando Felipe Calderón Hinojosa, con la alianza “Para que vivamos mejor” se coronó con 15 millones 284 sufragios, esto es, el 35.91 por ciento de los votantes, pero en realidad, el 17.85 por ciento del padrón electoral (ilegítimo por completo), mientras que Andrés Manuel López Obrador se quedó con 14 millones 756 mil 350 votos, o el 35.29 por ciento de los electores y 17.23 por ciento de la lista nominal. Roberto Madrazo Pintado, de la coalición “Mover a México” solo obtuvo 9 millones 301 mil 441 votos, el 22. 26 por ciento de los sufragios emitidos en esa elección y el 10.86 por ciento de los votantes que integran el padrón. El resto fue insignificante: Patricia Mercado del PSD bajo el logo “Palabra de mujer” obtuvo 1 millón 128 mil 850 votos, mientras que Roberto Campa Cifrián de Nueva Alianza 401 mil 804 sufragios.

LA MÁS reciente elección mejoró un poco, aunque no por ello se legitimó al ganador. Enrique Peña Nieto y su “Compromiso por México” ganó con 19 millones 226 mil 784 sufragios, esto es, el 38.21 por ciento de los participantes, pero el 22.45 por ciento del total del padrón electoral, mientras que Andrés Manuel López Obrador se quedó con 15 millones 896 mil 999 sufragios, o el 31.59 por ciento de quienes participaron en esos comicios, aunque solo el 18.56 por ciento de la lista nominal. El tercer sitio lo ocupó Josefina Vázquez Mota, abanderada por el PAN que logró 12 millones 786 mil 647 sufragios o 25.41 por ciento de los participantes pero 14.93 por ciento de la lista nominal, y Nueva Alianza con Gabriel Quadri de la Torre solo se quedó con 1 millón 150 mil 662 votos.

QUEDA CLARO, por lo tanto, que la segunda vuelta no solo es necesaria sino urgente, pero no se trata de improvisar o aprobar decretos a modo o con remitente, sino que se debe reformar la constitución con serenidad, participación social y análisis serios, convocando a expertos en la materia, y acaso experimentar con futuros candidatos a Gobernadores o Senadores e, incluso, alcaldes para que las cosas salgan bien, pues la premura de Ricardo Anaya no deja de ser una cortina de humo para anular a López Obrador o distraer la atención en torno a la gira de Margarita Zavala. Así las cosas. OPINA carjesus30@hotmail.com

*Esta es opinión personal del columnista