Por qué buscar extraterrestres es bueno para la sociedad (aunque no haya ninguno)

Afortunadamente, aunque jamás se descubra vida extraterrestre, no todo está perdido

2 septiembre 2017 | 11:51 hrs | El Pais

La búsqueda de vida en el universo es uno de los aspectos más fascinantes de la ciencia moderna. Dada la importancia científica de la joven disciplina de la astrobiología, se le dedican cuantiosos recursos que van desde los robots de exploración en la superficie de Marte a la observación de los planetas que orbitan alrededor de otras estrellas.

El “santo grial” de toda esta actividad es el descubrimiento efectivo de vida extraterrestre, descubrimiento que tendría profundas repercusiones científicas y filosóficas. Pero esa vida todavía no se ha encontrado, y por lo que sabemos, cabe la posibilidad de que ni siquiera exista. Afortunadamente, aunque jamás se descubra, no todo está perdido. Su mera búsqueda proporcionará valiosos beneficios a la sociedad.

¿Y eso, por qué?

En primer lugar, la astrobiología es multidisciplinaria por naturaleza. Para buscar extraterrestres hace falta saber, como mínimo, astronomía, biología, geología y ciencias planetarias. Los cursos de grado de Astrobiología tienen que abarcar elementos de todas esas disciplinas, y los investigadores de posgrado y posdoctorales también necesitan estar familiarizados con todas o la mayoría de ellas.

La astrobiología fomenta la reunificación de las ciencias

Al obligar a distintas ramas científicas a interactuar, la astrobiología fomenta una reunificación parcial de las ciencias. Así, está contribuyendo a que la ciencia del siglo XXI abandone la actual especialización extrema y vuelva a la perspectiva más interdisciplinaria predominante en el pasado.

Al producir científicos de mente abierta que conocen bien múltiples aspectos del mundo natural, el estudio de la astrobiología enriquece toda la empresa científica. Es de este intercambio de ideas del que cabe esperar descubrimientos futuros que contendrán el legado permanente de la astrobiología, aunque entre ellos no esté el de la vida extraterrestre.

También es importante reconocer que la astrobiología es un empeño con un final extraordinariamente abierto. Buscar vida en el universo nos lleva desde los entornos extremos de la Tierra hasta las llanuras y la subsuperficie de Marte, los satélites helados de los planetas gigantes y la casi infinita variedad de planetas que orbitan alrededor de otras estrellas. Y esta búsqueda continuará con independencia de que se descubra vida en esos medios o no. En esencia, la variedad de entornos totalmente nuevos abiertos a la investigación será ilimitada, y en consecuencia, constituirá una fuente potencialmente inagotable de estímulos científicos e intelectuales.

La perspectiva cósmica

Más allá de los beneficios estrictamente intelectuales de la astrobiología, hay una serie de beneficios sociales más amplios. Estos se derivan de la clase de perspectiva ‒a escala cósmica‒ que la disciplina, por su propia naturaleza, propicia.

Sencillamente, es imposible plantearse buscar vida en Marte o en un planeta en la órbita de una estrella lejana sin abandonar la restringida perspectiva que imagina la Tierra como el “centro” del universo y domina la vida social y política de la mayoría de la gente la mayor parte del tiempo. En la actualidad, nuestro planeta se enfrenta a desafíos mundiales a los que solo es posible responder mediante más cooperación internacional. Sin embargo, en todo el mundo, las ideologías nacionalistas y religiosas actúan para fragmentar la humanidad. En tiempos como estos, la expansión de una perspectiva cósmica unificadora puede tener una importancia enorme.

La expansión de una perspectiva cósmica unificadora puede tener una importancia enorme en nuestro presente

En los albores de la era espacial, Adlai Stevenson, entonces embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, dijo sobre el mundo: “Ante la sobrecogedora majestad del espacio exterior, no podemos volver a ser nunca más una pandilla de países en disputa”. Por desgracia, esta visión de las cosas todavía no ha penetrado profundamente en la conciencia de la gente. Por otra parte, el interés general por la búsqueda de vida fuera de la Tierra supone que la astrobiología puede funcionar como un potente vehículo pedagógico para la popularización de esas ideas.

De hecho, solamente enviando naves al espacio para que exploren el sistema solar, en gran medida con fines astrobiológicos, podemos obtener imágenes de nuestro propio planeta en su verdadero marco cósmico.

Además, la astrobiología nos proporciona una importante perspectiva evolutiva de los asuntos humanos. La disciplina requiere un sentido de la historia profunda, o Gran Historia. Por eso, muchas asignaturas de la carrera empiezan con un resumen de la historia del universo que parte del Big Bang y va pasando sucesivamente por el origen de los elementos químicos, la evolución de las estrellas, las galaxias y los sistemas planetarios, el origen de la vida, y la historia evolutiva desde las primeras células hasta los animales complejos como nosotros. Esta historia profunda nos ayuda a ubicar los asuntos humanos en la vastedad del tiempo, y por ello complementa la perspectiva cósmica que nos proporciona la exploración espacial.

Implicaciones políticas

Hay un famoso aforismo que se suele atribuir al naturalista prusiano Alexander von Humboldt, según el cual “la visión del mundo más peligrosa es la de aquellos que no han visto el mundo”. Seguramente Humboldt estaba pensando en el potencial de los viajes internacionales para abrir la mente, pero la familiaridad con las perspectivas cósmica y evolutiva que brinda la astrobiología, con el poderoso refuerzo de las actuales imágenes de la Tierra desde el espacio, probablemente pueda abrir también las mentes, de manera que el mundo se vuelva menos fragmentado y peligroso.

Creo que hay una importante implicación política inherente a esta perspectiva. Puesto que la humanidad es una especie inteligente y tecnológica que domina en el presente el único planeta habitado del universo, tiene la responsabilidad de crear instituciones sociales y políticas adecuadas para dirigir la situación en que nos encontramos.

Al concluir su monumental Breve historia del mundo en 1925, H. G. Wells hizo la famosa observación de que “la historia de la humanidad se está convirtiendo cada vez más en una carrera entre la educación y la catástrofe”. Esta reflexión parece particularmente pertinente para la situación geopolítica actual, en la que las decisiones en apariencia irracionales tomadas por gobiernos (y, de hecho, por poblaciones enteras) que por lo visto ignoran las perspectivas más amplias, pueden acabar por conducir a nuestro planeta a la catástrofe.