Polvo, viaje a través del paraíso de los recuerdos

Claudia Viviana Hoyos Gómez relata su historia. La niña que quería crecer para depilarse las cejas y que no sabía que la gente se moría

Foto: Ana Martina Ortiz León
13 junio 2017 | 23:08 hrs | Ana Martina Ortiz León

Xalapa, Ver.- Así como “vamos por el mundo viajando como una partícula que va por la vida pero siempre queriendo volver al mismo lugar” Los chicos del jardín “caminaron” desde Colombia hasta México para presentar en cuatro ciudades su obra Polvo.

Después de participar en Puebla dentro de las Jornadas Internacionales de Teatro Latinoamericano y gracias a la gestión de Laura Jayme de la Red Mexicana de Movilidad Artística, David Carmona, Viviana Hoyos y Daniel Carvajal pintaron con tiza blanca en el suelo de la entrada al foro “Guadalupe Balderas”, del Centro Recreativo Xalapeño, los diez números que hay que saltar en el avión para llegar a la meta, preludio que hace retroceder en el tiempo al espectador adulto sin aún conocer el contenido de su creación colectiva.

Hay poquito público pero suficiente para no cancelar la función, la lluvia quizá ahuyentó a muchas personas que ya no quisieron salir de casa en la tarde dominguera. A los artistas visitantes no les importa; la emoción es más grande. El espectáculo comienza sin las llamadas previas y tradicionales.

Lo que le gustaba comer, lo que hacía o cómo era físicamente de chiquito o de chiquita son algunos de los primeros recuerdos que enumeran los padres de los actores en un corto video. En el escenario tres sillas vacías con focos de diferentes tamaños los aguardan.

La proyección termina, los jóvenes se abrazan y para complementar su vestuario de playeras blancas y pantalones oscuros con triángulos blancos en los costados toman tres prendas más a las que sacuden el polvo: un suéter de dama, una camisola de rayitas y una sudadera negra. Los tres se ayudan a ponérselas.

Foto: Ana Martina Ortiz León
Foto: Ana Martina Ortiz León

Los parlamentos del principio atrapan la atención: “¿Por qué se mide la edad de forma progresiva si en realidad está disminuyendo?”, “¿Te acuerdas qué querías ser cuando fueras grande, cómo vas con eso?”

El actor que nació en 1985 prende el foco largo que hay en su silla. David Humberto Carmona Patiño es su nombre completo.

“Veinte años tratando de recordar, de ganarle tiempo al tiempo, de optimizar, pero con una sensación de que todo lo que hace se deshace, se pierde, se acaba, se olvida, de que su vida pueda resumirse en unos pocos segundos, David quiere ganarle tiempo al tiempo”, cuenta Viviana.

“Hermano lobo”, “Mono lagartija”, “Pildorita”, “El ciego”, “Aleluya”, “El niño de las mil voces” y últimamente “Carballito” son los apelativos con que familiares y amigos le decían a quien antiguamente era Jonathan Acevedo, hoy Daniel Alejandro Carvajal Acevedo.

“Él vive como en una cinta entrecortada y no quiere que las cosas se le escapen por eso las guarda, las colecciona, las ordena y las clasifica. Sin ser consciente inclina la cabeza, flexiona las rodillas y camina como si el mundo estuviera cuesta abajo. Todo en su mundo se reduce a su habitación, donde dice tenerlo todo para vivir. A nosotros nos da pesar de él porque es cortico de la vista, se come dos paquetes grandes de chiclitos a la semana, se masca ansiosamente los pellitos de los dedos. Daniel vive para el teatro y el teatro vive para él”, es lo que David narra de él.

Claudia Viviana Hoyos Gómez relata su historia. La niña que quería crecer para depilarse las cejas y que no sabía que la gente se moría. “A mí todo me llegó lento. Lenta para comer, lenta para bañarme, lenta para vestirme. Cuando yo jugaba a las muñecas mis amiguitas ya estaban consiguiendo novio y yo sólo entendía de guayabas y de cuentos de hadas y raspones. Los años escolares pasaron lento, pero mis padres estaban ahí. Eso sí siempre tuve muy buena memoria”.

Los amores, los desamores, formar una familia, tener hijos, la soltería, el reloj biológico, los amigos que no son amigos, la economía cafetalera, las vacaciones, los novios, la playa, los cumpleaños, los sueños no cumplidos, los proyectos atrasados, los estudios, las películas que “ya se las vieron”, las canciones y los juegos infantiles. Todos los pasajes que han construido y construyen las biografías de los actores, pero que el espectador de cualquier parte del mundo también –en algún momento– ha vivido.

Foto: Ana Martina Ortiz León
Foto: Ana Martina Ortiz León

Algunas frases suenan conocidas para la audiencia, porque las ha pronunciado, las ha escuchado, se las han dicho o las han repetido a otros y otras:

“Yo siempre que encontraba la respuesta, la vida me cambiaba la pregunta”.

“A mí todo este mundo de los intelectuales, de los inteligentísimos, estructuradísimos de éxito y etcétera me repugnan”.

“Miren yo tal vez no voy a ser actor ni director ni teatrista, mucho menos famoso, lo que yo quiero es dejar un testimonio a mí, de mí mismo y luego a dos o tres personas que se hagan conocidas y que se diviertan con las historias que yo cuento, aunque sean familiares no importa, pero trabajar, pero hacer teatro aunque eso esté mal hecho, aunque lo que yo haga no sirva de nada ni para nada”.

“El temblor que sintió mi cuerpo y mi voz cuando a los cinco por primera vez pisé un escenario y esa sensación se quedó atrapada en mí para siempre. Entendí que lo más poderoso que tiene el tiempo es que siempre cambia; luego, cada cierto tiempo tengo que vaciar, desempolvar, ordenar los recuerdos por formas, colores y tamaños”.

Las conversaciones, las acciones siguen su curso hasta que los tres actores terminan sentados en la misma silla. “Acabamos, acabamos, acabamos, acabamos”, pronuncian con laconismo. Las luces se apagan, abandonan el escenario. En la pantalla aparece escrita en letras azules la oración: “A nuestros padres… y a todos los que hicieron posible esta gira”. Vuelven a salir y agradecen a su escaso público.

¿Cómo surge Polvo?

Polvo conjunta las biografías de David, Viviana y Daniel, tres actores de la compañía Los chicos del jardín, asentada en Manizales Caldas, Colombia.

Se estrenó en 2016, pero desde una década atrás David Carmona, director de la puesta en escena, ya la había esbozado en su mente.

“Siempre quise hacer una obra de teatro en la que pudiéramos hablar y partir de nuestras vidas que son muy cotidianas en un país latinoamericano como Colombia, basándonos más en los recuerdos de nuestra infancia que en los hechos de violencia o los conflictos que han marcado a nuestro país. Nosotros le prestamos al espectador nuestras biografías para que recuerde y viaje su propia historia, eso es realmente lo importante, nuestra obra simplemente es un pretexto”.

Foto: Ana Martina Ortiz León
Foto: Ana Martina Ortiz León

Hacerles creer el cuento a Viviana y Daniel fue otro aspecto importante en la materialización de Polvo, porque David ya lo había intentado con dos grupos más. “Creyeron en mí y en cinco meses sacamos la obra ensayando todos los días fuertemente. Siempre estamos en transformación, en reflexión y en cambio de cosas que permitan volver este proyecto más grande”.

“En nuestra obra el tiempo siempre está de manera transversal y en cada espacio al que vamos hacemos una contextualización, porque hemos tenido la oportunidad de presentar la obra en climas calientes y en climas fríos, además de que los teatros son diferentes, donde también las luces varían. Todo eso hay que ponerlo a jugar en pro de la obra, porque lo que más nos interesa es el hecho creativo”.

La recreación de este viaje “a través del paraíso de los recuerdos, donde nadie puede ser expulsado” –como lo considera Viviana– requirió una investigación acerca de quiénes son y eran ellos mismos.

“Cómo éramos de niños, cuáles son nuestras aficiones, cuáles son nuestras cosas muy particulares, por lo que así llegamos a las entrevistas de los papás, las cuales filmamos para de ahí sacar material y nos gustaron tanto que decidimos involucrarlas en el trabajo escénico. Fue muy gracioso porque encontramos cosas que no sabíamos o no recordábamos de nosotros mismos. Nuestros padres siempre nos han apoyado y allá en Colombia se han visto todas las funciones de Polvo”, platica Daniel.

Polvo es, ante y sobre todo, un tema universal en que caben y conviven los juegos de la infancia con las preocupaciones y las obligaciones de la vida adulta. “Nuestras vidas están puestas en escena de una forma poética buscando siempre la identificación con el espectador”, finaliza Viviana.

En Xalapa Polvo llegó a la representación número 36. En los próximos días viajará a las ciudades de Mérida y de Cancún, porque David, Viviana y Daniel desean –además de que su mensaje llegue a miles de personas– que la gente “vea otras miradas y cómo trabajan el teatro en otros lugares. Es un plan para toda la familia porque sirve para cualquier edad”.