Políticos: Enfermos mentales: Síndrome de Hybris

19 septiembre 2016 | 13:05 hrs |

Por: Tomás Mundo

“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder” Libertador Don José de San Martín (1778- 1850).

 

Resulta muy interesante analizar este tema, por muchas razones, una de ellas, porque quienes padecen esta enfermedad toman decisiones, en la mayoría de los casos equivocadas, y lo peor, que arrastran a un pueblo al desastre.

Qué características tiene esta enfermedad: El Síndrome de Hibris o Hybris,  es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en sí mismo muy exagerada, especialmente cuando se ostenta poder.

Reza el famoso proverbio: «Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.

David Owen, en su extraordinaria obra ha establecido una lista de síntomas típicos del síndrome de hybris, ese trastorno mental que se adquiere cuando el mandatario accede al cargo y que suele remitir una vez que abandona el poder.
“Hybris” era desde la antigüedad “desmesura psicológica”.

Los romanos aprendieron la lección y por eso se decía que los emperadores tenían a un lacayo permanentemente al lado recordándoles que eran simplemente hombres.

Todo irá bien para el personaje mientras disfrute de las exquisiteces del mando.
Llega un momento en que quienes gobiernan dejan de escuchar, se vuelven imprudentes y toman decisiones por su cuenta, sin consultar porque piensan que sus ideas son las correctas.

Cree totalmente en todo lo que hace y dice, y piensa “menos mal que estaba ahí para solucionar todos los problemas”.

El libro de Owen repasa las enfermedades de los principales jefes de Estado y de Gobierno en los últimos cien años (En el poder y en la enfermedad, Siruela). Pero lo podríamos aplicar a los gobernantes actuales mexicanos y veracruzanos, y así, usted saque sus propias conclusiones. Existe un listado de los males que caracterizan a esta enfermedad, y seguramente le traerán a la mente muchos de los gobernantes actuales y que están en la mira de la Auditoría Superior de Federación, y no debería decir más, porque sería un buen pretexto para plantear una teoría del caso y por ahí defender a esos pillos-enfermos que se robaron el dinero público.

Pero mejor volvamos a la obra de Owen. Este médico llegó a la conclusión de que la mitad de los presidentes estadounidenses entre 1776 y 1974 han padecido trastornos psiquiátricos. Los más comunes: depresión, ansiedad, trastorno bipolar y dependencia del alcohol. En uno de cada tres casos, estos problemas “fueron evidentes a lo largo del ejercicio de su mandato”.

Theodore Roosevelt (trastorno bipolar), Wilson y Hoover (trastorno depresivo grave), Nixon (abuso de alcohol).

Con toda evidencia, la mayoría de las enfermedades de los jefes de Estado y de Gobierno han sido subestimadas o, en el peor de los casos, ocultadas a la opinión pública. La explicación es esencialmente política: los mandatarios mantienen sus dolencias bajo secreto para no debilitar su poder y para no influir en la lucha de sucesión.

Son varios los mandatarios que han optado por ocultar su estado real de salud mientras estaban en el poder. François Miterrand es tal vez el caso más llamativo. Sufría cáncer de próstata, pero pronto su obsesión por esconder la enfermedad se transformó en paranoia.

Owen analiza la locura que provoca el poder. Este neurólogo escribe su libro después de seis años del estudio del cerebro de los líderes políticos y concluye: el poder intoxica tanto que termina afectando al juicio de los dirigentes.
En el próximo artículo hablaremos de los líderes que han padecido del Síndrome de Hibris.

En Veracruz vendría bien que analizáramos bajo la directiriz de la obra de Owen el comportamiento de algunos que detentan el poder.

Y usted determine el diagnóstico.