Peña Nieto y su rendición incondicional

9 agosto 2018 | 22:20 hrs | Javier Roldán Dávila

La insoslayable brevedad

No fue churro de Televisa, fue teatro guiñol, el primer titiritero Videgaray, remató Andrés

En la breve historia de las alternancias presidenciales, ninguno de los mandatarios salientes había cedido, tácitamente, el control político del país a su sucesor en forma total.

Sin embargo, Peña Nieto (ya no lo llamaremos presidente), ha sucumbido al grado de la ignominia, ante el flameante presidente electo Andrés Manuel López Obrador, veamos.

De acuerdo a la propaganda oficial, la asegún reforma educativa, es la joya de la corona del peñato, la herencia que aspiró a dejar al país. Pero, tal entuerto, será enviado a la basura por el nuevo régimen a lo que se suma, la liberación de Elba Esther Gordillo, derrota absoluta.

Por otro lado, los sesudos diagnósticos de los toluquitas, concluyeron hace seis años, que la Secretaría de Seguridad Pública debía desaparecer y sus funciones ser absorbidas por la SEGOB. Falló estrepitosamente la estrategia y no sólo eso, el propio Peña fue instruido para volver a crear la SSP antes de que termine su mandato, de pena ajena.

Uno de los diferendos que el mexiquita tuvo con las ONG´s, fue respecto de su intención de dejar nombrados dos fiscales carnales, el general y el anticorrupción, además de no poder, ahora tendrá que mandar las propuestas que el señor López le indique, sin comentarios.

Pánico total, porque el manido argumento de que Peñita es institucional no funciona, de haberlo sido, no hubiera sido cómplice en el saqueo de Veracruz. La urbanidad política puede tener dos orígenes: la vocación democrática o el miedo.

*Esta es opinión personal del columnista