Patrulla policiaca (accidente y muerte)

7 julio 2016 | 10:35 hrs |

Por Gilberto Haaz Diez

*De Gengis Kan: “Las aves que anidan y los perros bien alimentados, siempre regresan al lugar de sus amos”.
Camelot

 

La madrugada de hoy miércoles una patrulla policiaca municipal (PA-24) embistió un taxi y mató a una mujer que en él iba, Mariana Hernández Gutiérrez, acompañada de una amiga, Erika, que sobrevivió, pero terminó con lesiones. El chofer del taxi número 1986, Ernesto Herrera,  también salió lastimado. Sobre la orizabeña calle Circunvalación, por la escuela Guillaumín la patrulla iba a velocidad insospechada, durísimo. Los policías últimamente no sé si ven muchas películas de persecuciones, han tomado las calles orizabeñas como autopistas, o autódromos de velocidad. La patrulla, para variar, huyó del lugar rompiendo el protocolo, en vez que el policía y su acompañante le prestaran auxilio a Mariana, que bajó vomitando sangre, según narran testigos, huyeron como delincuentes que son. Lo peor que tiene esta ciudad son sus policías y los de tránsito no se quedan atrás. Ah, se dicen muy gallos para aplicar la ley, pero son delincuentes, una mayoría, no todos. Pero lo son. Al amanecer comenzaron las presiones, las policías quieren ahora echar la culpa al taxista y hay una manifestación de ellos en contra de la autoridad policiaca, los taxis se unen. Quieren que el taxista se incrimine, no solo para evadir la responsabilidad de hacer justicia, sino para evitar las indemnizaciones. Son la peor ralea. El jefe, Alfonso Centeno Pérez, aun no presenta a los responsables. Quieren que el taxista diga que peleaban por la cuenta y se distrajo y chocó embestido, y en el hospital Covadonga, donde están internados los dos sobrevivientes, Erika y el taxista Ernesto, las patrullas hacen rondines intimidando a ellos y a las familias. Algo más, el hospital apenas prestó los primeros auxilios, porque tampoco hay quien se haga responsable del pago de la cuenta, por las lesiones. La familia de la fallecida busca el apoyo de organismos de Derechos Humanos, y hay gente que intenta contactar al gobernador, para que desde Xalapa calme a estos macuarros jefes policiacos, que quieren evadir la ley, en lugar de hacerla cumplir aún sobre ellos mismos. Lamentable, que descanse en paz Mariana.

 

ESA DOLOROSA MUERTE
Y a Mariana, que descansa ahora en paz, y seguro está en un mundo mejor que el nuestro, sus amigos la recuerdan con este pensamiento de San Agustín:

 

LA MUERTE NO ES NADA, SAN AGUSTIN
“La muerte no es nada. Yo sólo me he ido a la habitación de al lado. Yo soy yo, tú eres tú. Lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo. Llámame por el nombre que me has llamado siempre, háblame como siempre lo has hecho. No lo hagas con un tono diferente, de manera solemne o triste. Sigue riéndote de lo que nos hacía reír juntos. Que se pronuncie mi nombre en casa como siempre lo ha sido, sin énfasis ninguno, sin rastro de sombra. La vida es lo que es lo que siempre ha sido. El hilo no está cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de tu mente, simplemente porque estoy fuera de tu vista? Te espero…No estoy lejos, justo del otro lado del camino…Ves, todo va bien. Volverás a encontrar mi corazón. Volverás a encontrar mi ternura acentuada. Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas”.

 

EL GENGIS KAN DE SLIM
Hace algún tiempo leí el libro del escritor Diego Enrique Osorno, era la biografía del millonario Carlos Slim, al que tuvo acceso el periodista. En la lectura llamó mi atención que Slim era fascinado por Gengis Kan, que el hombre de Forbes lo admiraba. El millonario Carlos Slim es un estratega financiero y de negocios con tácticas similares a las aplicadas por Gengis Kan, emperador mongol que logró conquistar desde Europa Oriental, hasta el Océano Pacífico, considera Diego Enrique Osorno, autor de la obra “Slim. Biografía política del mexicano más rico del mundo”. Uno se asombra porque, Gengis, por un lado era un bárbaro. No le importaba liquidar niños y mujeres. Su imperio crecía y, cuando alguien le preguntó para qué quería más territorio por conquistar, dijo como aquel alpinista cuando le dijeron que para qué escalar el Everest: “Porque ahí está”.

Gengis Kan (1162 – 1227) fue un príncipe mongol, guerrero y conquistador, que logró fundar el primer Imperio Mongol tras la unificación de las tribus nómadas de esta etnia convirtiéndolo en el imperio contiguo más extenso de la historia (del tamaño de África). Un imperio que nació de la nada. Slim le dijo a Osorno: Le fascina Gengis Kan. Me subrayó que el líder mongol fue quien más transformó el mundo en el segundo milenio, siendo “tecnológicamente más atrasado que sus conquistados”, porque “tenía estrategias de lucha muy ingeniosas”. Kan Tenía frases muy recurrentes, todas encaminadas a la guerra: “No basta con que yo triunfe, los demás deben fracasar”. Toco el tema porque ayer me metí un maratón en Netflix de la cinta Marco Polo, donde en la temporada II narra cómo se fortalece el imperio de Gengis Kan. Excelente, con la categoría de Netflix, mírenla, vale la pena, es una historia de mongoles adueñándose  del mundo, más que el imperio romano en su tiempos.

 

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