Oh esa muerte

8 julio 2016 | 13:27 hrs | | Gilberto Haaz Diez

Por Gilberto Haaz Diez

“Tendrás las estrellas como nadie las ha tenido. En una de esas estrellas estaré viviendo. En otra estaré riendo. Será entonces como si todas las estrellas estuvieran riendo cada que mires el cielo por la noche. Tú y solo tú tendrás estrellas que pueden reír”.  El principito.
Camelot

 

Hace un par de días, en ese trágico accidente que costó la vida a Mariana Ydalia Hernández Gutiérrez, joven de 32 años, en plenitud de su vida, un accidente que cimbró a la sociedad orizabeña y las redes sociales se manifestaron en apoyo solidario, ante este lamentable fallecimiento. Hubo confusión a nivel estatal, un funcionario había asegurado que eran dos las personas fallecidas en ese choque. Mentira. De Xalapa pedían información por los canales indicados. Una lesionada, Erika Castañeda Rojas, su compañera del taxi, está siendo atendida en el hospital Covadonga, y poco a poco se repone de ese doble dolor, el suyo físico y el haber perdido a su gran amiga, con quien venía viajando en el taxi de la muerte, esa madrugada cuando una patrulla con un conductor irresponsable, que manejaba de manera temeraria, con la alevosía, premeditación y la ventaja de saberse gente de la ley,  a velocidad de muerte las arrolló en ese taxi número 1986. Un acto que fue condenado por los cibernautas y por toda la sociedad, una muestra del cariño a Mariana fue ver la Funeraria llena de amigos y amigas, de dolientes familiares, de gente que la quería por el trato amable y de bondad que ella profesaba. El ataúd con los cuatro cirios y los rezos porque su alma descanse en paz, eran las plegarias y los responsos bien atendidos, que se oían en ese lugar donde la muerte suele encontrarse, en una noche triste de lluvia, como todas las tardes-noches orizabeñas de este doloroso mes de julio, un verano lluvioso, un julio de muerte. Sus amigas la recordaban, hablaban de sus días felices, que así la querían recordar como en vida lo fue, alegre, solidaria. En el transcurso del día siguiente tuve plática telefónica con una de sus amigas, lloraban por ella, sufrían el dolor de la madre, de los padres, de su familia, me acordé de aquellas letras de Benedetti: “Y aquí estamos ahora, tras tu muerte, homenajeando en este relato tu ausencia. Como tú, estamos aprendiendo que los sueños llevan muerte, como tú, que ya eres eterna, que te fuiste tras la sombra, a la izquierda del roble aquel en el jardín Botánico”. Mariana es sepultada hoy, regresa a la tierra de dónde venimos, polvo somos y en polvo nos convertiremos, cita bíblica, desgarrará el dolor a sus padres, a sus familias, a sus amigos, que son muchísimos y que le admiraban y querían por ser una mujer de gran calidad humana. El retornar a casa y no encontrarla, es muy doloroso. Su ausencia pesará. En cada una de los espacios de ese hogar, su recuerdo hará sentir el vacío. Llegarán los rezos de los 9 días, donde en el novenario el sacerdote oficiará Misa y las plegarias a los difuntos. Seguro que la van a extrañar.

 

ALEJANDRO DAVILA (FISCAL REGIONAL)
Muy temprano recibí llamada de una de sus amigas, es en estos momentos de dolor cuando la mente se abruma. La mamá buscaba recuperar sus cosas, sus objetos personales, su teléfono y lo que llevaba la noche que falleció, me pedían consejo, llamé a mi amigo el Fiscal Regional Zona Centro, sede en Córdoba, Maestro Alejandro Dávila Vera. Le pedí a nombre de la familia orientación, me dio los datos, lo que se necesitaba y sugirió ver a la fiscal de Distrito, licenciada Clarisa Tapia Uría, en Orizaba. En esas van, a sepultar a la hija y a cerrar ese doloroso capítulo de recuperar sus pertenencias. Que descanse en paz, Mariana.

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